Carta del Editor / Enero 2010 PDF Imprimir E-mail
La iniciativa de Reforma Política propuesta por el Presidente Felipe Calderón fue rápidamente entendida en los círculos políticos, legislativos y académicos como una intentona para distraer de los asuntos realmente importantes del país, es decir, los renglones económico y social.

Entregado al Senado de la República para su discusión, el hoy conocido como Decálogo Calderonista es una propuesta calificada por intelectuales como “malintencionada” y “desesperada” de un actor político que experimenta el descrédito de sus representados.
 
En el Foro realizado por PSN para analizar la proposición calderonista, uno de los puntos que generó mayor polémica y dividió opiniones de los más enterados fue el de la Reelección. Hay quienes creen que ello obligaría a los representantes populares a redoblar su trabajo con la comunidad y que se incrementaría la democracia; otros sin embargo, opinan que el Primer Mandatario busca fortalecer el feudalismo político y caciquil.
 
El referéndum, el plebiscito y la revocación de mandato fueron los elementos de participación ciudadana ignorados por el Jefe del Ejecutivo, coincidieron los invitados provenientes de los partidos de todos colores quienes en su oportunidad aseguraron que los puntos deben ser analizados sin prisas por el Poder Legislativo. Se llegó a la conclusión no sólo que la propuesta es tardía, sino improcedente e incompleta.
 
Si los objetivos del señor Presidente son “fortalecer el vínculo entre la ciudadanía y el sistema político e instituir mecanismos que permitan consolidar nuestras instituciones”, los que saben aseguran que el Decálogo no conforma un todo coherente aunque discutible; no resuelve el problema de encontrar un mecanismo institucional para fomentar el pluralismo, el federalismo y la separación de poderes, sino todo lo contrario.
 
Algo bueno nos deja la propuesta presidencial: el análisis que se efectuó en nuestras instalaciones, el cual nos dio cuenta de la gama de opiniones fundamentadas y diversas de nuestro círculo empresarial, político e intelectual. Este sí fue un ejercicio verdaderamente democrático y respetuoso. Para muestra un botón: sí hay clase política de altura. En nuestra casa hubo espacio para todas las voces.
Cuando se quiere, se puede.
 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
J. Ignacio Carlos Huerta
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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