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Por: María Elena Estrello / SIP El fenómeno mediático de Rafael Ponfilio Acosta Ángeles, Juanito, inició en junio del año precedente debido al fallo del Tribunal del Poder Judicial de la Federación, en el que se impuso a Silvia Oliva, en lugar de la candidata por el PRD a la jefatura delegacional de Iztapalapa, Clara Brugada. A Oliva, cercana a la corriente perredista denominada Los Chuchos, también se le colgaron milagritos que la acercaban a Los Pinos. Se afirmaba que en esos círculos pretendían hacerse de la delegación con mayor número de pobladores (por ende, de votos y presupuesto) del Distrito Federal. Los azules pretendían allegarse del control de la demarcación y ahora sí que rebasar por la derecha al gobierno de Marcelo Ebrard Casaubón, es decir, se preparaban para ganar la ciudad en 2012. Tal era el plan. Así las cosas, en un mitin efectuado en una de las 400 colonias de Iztapalapa, Andrés Manuel López Obrador llamó –a escasas dos semanas de los comicios de julio- a votar por Juanito, candidato a Jefe Delegacional por el PT. Luego, de resultar vencedor, éste renunciaría para ceder su lugar a “su compañera” Clara Brugada del PRD. Al menos a eso se comprometió públicamente Rafael Acosta. Hasta ahí, la criticada estrategia alterna para hacer frente a “las burlas de la derecha”, como afirmaba López Obrador.
Nace y muere una estrella De Juanito se dijo de todo: que tenía 30 años de realizar trabajo comunitario en su localidad; que se dedicaba al comercio ambulante en dos puestos de su propiedad; que se conformaba con cobrar la primera quincena como jefe delegacional (algo así como 40 mil pesos), en fin, comentarios que le ganaron simpatías (y odios) en el imaginario colectivo. Como sea, Rafael Acosta se hizo acompañar durante el resto de su campaña por integrantes de los medios de comunicación para quienes solicitó recursos a su partido “e invitarles de vez en cuando un refresco y una torta”. El marketing político diseñado –hoy lo sabemos- por el hijo mayor de Juanito muy pronto rindió frutos: se convirtió en personaje al que se le ama o se le odia, así, sin matices. Brindaba entrevistas pero su operador pedía –exigía- portadas. Fue así como cobijado sospechosamente por las dos televisoras más poderosas del país el fenómeno creció y creció como la espuma. A Juanito y equipo de logística se le hospedó en un hotel capitalino con abundantes alimentos y bebidas incluidas a cuenta del PT. Hasta que Juanito -a la postre ganador de la contienda electoral en Iztapalapa-, faltó a su palabra. Andrés Manuel le retiró el habla, el PRD sencillamente se desentendió de él y el PT ya no pagó las cuentas. Pero el de Iztapalapa resultó más vivo que muchos y se hizo de asesores panistas. A una de ellas, la “nombró” Subdelegada Jurídica y de Gobierno luego de irrumpir por la puerta trasera en las instalaciones delegacionales, a unas horas de vencer su licencia por 59 días, durante la cual Clara Brugada fungió como encargada del despacho de la demarcación. El galimatías político concluyó cuando Marcelo Ebrard finalmente nombra como Jefa Delegacional a la multimencionada Clara Brugada y René Arce, Ruth Zavaleta y Víctor Círigo abandonan las filas del partido del sol azteca. Iztapalapa no será más el “reino de las despensas”, clama Brugada en una de sus primeras entrevistas ya envestida como Delegada: “…la prioridad será la gente”. Menos mal. ¿Juanito? Salió como llegó: por la puerta de atrás y con el escándalo de una carta de nacimiento falsa donde se emparentaba con el revolucionario Felipe Ángeles.
Puro teatro: “¡Ay Juanito, no te rajes!” El autor Isidro Cisneros afirma que “…los partidos políticos son una proyección representativa de la sociedad y estructura organizacional orientada a la búsqueda y mantenimiento del poder. Son instituciones necesarias para la democracia y constituyen el principal nexo entre el Estado y los ciudadanos”. Sin embargo, enfatiza: “Los partidos deben renovarse para responder a los desafíos que imponen el ejercicio de gobierno y las transformaciones sociales”. Cisneros admite que la izquierda atraviesa por una grave crisis de identidad. Para Francisco Valdés Ugalde, el camino para América Latina es aquél que disminuya la brecha entre la desigualdad pero sin suprimir las libertades y emprenderlo implica un esfuerzo de conciliación entre reforma para el buen desempeño económico social, y renovación conceptual de la democracia. Estudiosos como Roger Bartra, Diego Valadés, Héctor Díaz Polanco, Benjamín Temkin Yedwab, Fausto Zapata y Rodrigo Salazar Elena tienen aleccionadores puntos de vista sobre la situación actual de la izquierda mexicana y latinoamericana que pueden ofrecernos un panorama más amplio de esta corriente política que como las demás, no está en su mejor momento. Como en todas las corrientes políticas, por fortuna en la izquierda existen personas valiosas. Juanito puede continuar participando en la comedia de Alberto “El Caballo” Rojas: “Ay Juanito, no te rajes”. De ahí no pasa.
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