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Por: Héctor Castellanos Reforma fiscal, yaTal parece que los mexicanos no sabemos, no queremos o no podemos ponernos de acuerdo. Los intereses personales o de grupo se anteponen a los intereses superiores del país. Los problemas se acumulan y por otro lado, el Estado Mexicano no ha sido capaz de formar y capacitar una ciudadanía solidaria y eficaz que coadyuve a la construcción de un Estado de Derecho el cual a su vez forme, vigile y sancione todas nuestras acciones e interacciones en el ámbito de lo social, que nos garantice una convivencia que nos permita desarrollar un país próspero, fuerte y justo para bien de todos los mexicanos. La realidad apunta en sentido contrario. Esta situación se acentúa en el ámbito del Poder Legislativo receptor del mandato del pueblo, y sin embargo, todos hemos sido testigos de la inconformidad de la ciudadanía por la conducta asumidas por las dos cámaras al conocer el contenido del Paquete Fiscal entregado por la Federación para el ejercicio de 2010. No es incrementando los impuestos como el Estado capta más recursos. Si se incrementa el ISR al 30 por ciento se promoverán menos ingresos, y desaparecerán más fuentes de trabajo por el incremento en los costos de operación y consecuentemente con el riesgo de desaparecer por no ser competitivos, tanto en el mercado interno, como en el foráneo provocando mas evasión fiscal y estimulando la corrupción. En cambio, si bajamos por ejemplo el ISR hasta 20 o 25 por ciento para todos los causantes sin excepción; esta reducción sería un estímulo para inversionistas y comerciantes, pues al activar el mercado se generarían más empleos. No estamos descubriendo el hilo negro: los países que han logrado un alto desarrollo económico en el mundo han puesto en práctica estas acciones.. Actualmente no pagan impuestos más de 50 por ciento de los potenciales causantes. Las causas o razones no las analizaremos por ahora. En cuanto al IVA, se propone una taza de 15 por ciento, sin excepción. Esto haría que la recaudación se incrementara notablemente. Este impuesto es justo porque es un impuesto al consumo: el que más consume, más paga. Además, es sencillo controlarlo y cobrarlo. Es necesario hacer un análisis sobre los demás impuestos pues considero que sacaríamos mayor provecho con ellos y sobre todo, quitarles ese efecto recaudatorio para tapar agujeros fiscales ocasionados por falta de previsión y buen oficio administrativo, así como otras causas gravemente cuestionables.. Se eliminarían privilegios, prebendas, regímenes de excepción y un largo etcétera. Para lograr esto, es necesario trasparentar el uso de los recursos públicos, su origen y en qué se gastan, que las operaciones sean verificables a través de auditorías internas y externas. Por otro lado, para hacer más eficiente la administración pública, es necesario cambiar el régimen de gobierno, pues a mi juicio el modelo actual está agotado. El presidencialismo ya desapareció y el titular del Poder Ejecutivo Federal se ha convertido casi en figura decorativa, pues carece de la fuerza necesaria para llevar adelante sus programas.. El poder real radica hoy en el Poder Legislativo y en los nuevos señores feudales del siglo XXl: los gobernadores que manejan los recursos federales y locales sin transparencia y control, aún los recursos etiquetados. La administración del gasto social y la rendición de cuentas requieren de un marco normativo que también regule y evite el dispendio de recursos públicos así como el manejo clientelar y discrecional en todos los niveles de gobierno. La reforma fiscal a fondo es un imperativo, no aguanta mayor demora: señores diputados y senadores, dejen la grilla y con espíritu patriótico ¡pónganse a trabajar!
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