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Por: Arturo Geraldo Presidentes deshonestosMucha gente se pregunta, por qué México no puede tener presidentes de la República honestos, patriotas, que canalicen todos sus esfuerzos en mejorar las condiciones de vida de los mexicanos como lo hicieron José María Morelos, Vicente Guerrero, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, cuyos nombres están escritos con letra imborrable en las páginas de nuestra historia... Ya desde los años cuarenta, cuando llegó al poder Manuel Ávila Camacho le dio un cambio radical a la política seguida por el General Cárdenas del Río, llevando a la nación por los oscuros senderos de una burocracia entreguista, avariciosa, cuyo único propósito fue enriquecerse en forma insultante a costilla de las clases trabajadoras quienes han tenido que soportar estoicamente todas las injusticias de gobiernos insensibles, huérfanos de sentido social... En un sistema capitalista difícilmente se puede aspirar a tener buenos gobernantes, porque todo está supeditado al poder del dinero, no importa matar de hambre a miles de seres humanos con tal de incrementar enormes fortunas; esa es la mentalidad que tienen esos señores y nadie los puede hacer cambiar de actitud, porque con dinero lo compran todo: honras, dignidades, lealtades, sumisiones, como lo vemos con los mercenarios de la televisión... Maniobran a su antojo para imponer gobernantes incondicionales, como Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón que llegan a la Presidencia únicamente para recibir instrucciones de los grandes potentados, por eso toman decisiones tan descabelladas como desaparecer de un plumazo empresas como Luz y Fuerza del Centro dejando en la calle a más de 50 mil familias sin mayor remordimiento, atenidos a que cuentan con las fuerzas armadas para sofocar cualquier manifestación de protesta que se salga de los cauces que ellos consideran normales.. Pero estamos seguros que sí hay hombres cabales en México que pudieran gobernar honestamente la República, de hecho, los conocemos. Lo que pasa es que el sistema está tan bien estructurado que no permite que surjan líderes naturales dispuestos a defender los intereses populares porque inmediatamente los apabullan utilizando medios de comunicación y la fuerza enajenante que representa el clero político siempre dispuesto para servir a los caudales y cuando de plano se acercan demasiado al triunfo, se inventan nuevas reglas para cerrarles el paso, como el mal intencionado decálogo que propone Felipe Calderón…
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