La disolución de la República / Enero 2010 PDF Imprimir E-mail

Por: Marco Antonio Blásquez

La disolución de la República

El presidente Felipe Calderón presentó a la opinión pública las reformas políticas que según él requiere el país en vías a los 200 años de independencia y 100 de revolución.

Muchas expresiones, adjetivos o conceptos se pudieran emplear para darle un trato comedido a la propuesta presidencial. Pero en estricto rigor a la razón demos concluir que la propuesta calderonista es perversa, revulsiva y busca descaradamente sujetar al Poder Legislativo, a los designios del presidente de la República y hasta de la Suprema Corte de Justicia. En pocas palabras, el réquiem a la República y en su lugar la implantación de una ¨monarquía partidista¨.

En su propuesta, el presidente Calderón tuvo buen cuidado en desoir las demanadas populares en el sentido de crear las figuras del pleibiscito y revocación de mandato, y le dio especial interés a los relacionado con sostener hasta 12 años en el poder a legisladores y municipes, recortar 100 diputados, pero de ellos 60 uninominales por solamente 40 plurinominales, entre otras mequetreferías.

El decálogo es sumamente tóxico para quienes seguimos creyendo que vivimos en una República, pues para empezar la mayoría no le concede legitimidad a Calderón, muchos menos autoridad como para proponer reformas absolutamente contrarias a nuestro espíritu como nación y sociedad.
Resulta que bajo esta fórmula, los bellacos que se dedican a la política y sus partidos podrán eternizarse en el poder, sin que en cambio exista una ley o una herramienta social que los remueva.

Por otra parte, existen tres puntos en la propuesta, 8, 9 y 10 que representan una especie de ¨golpe de estado constitucional¨, siendo que el presidente pide atribuciones al Poder Judicial para presentar iniciativas de ley, faculta al Ejecutivo para hacer efectivas iniciativas no aprobadas por cuestiones de tiempo y disenso partidista… y lo peor, la capacidad de observar , recomponer y/o reconstruir los proyectos aprobados por el Congreso, inclusive el Presupuestos de Egresos.

Habiendo entendido esto último y sus implicaciones en la co-relación de Poderes, no quedaría más que recomendarle a Calderón que en lugar de recortar 100 diputados, mejor desaparezca a los 500, pues con esas atribuciones al Ejecutivo más las que pretende conferirle al Judicial (que se rige por estricta designación y nunca democráticamente, y ahora sabemos con absoluta obediencia al presidente), de un plumazo convierte al Congreso en una triste ventanilla de recepción de trámites.

Es imposible que el PRI y el PRD –pero sobre todo el PRI--, aprueben a pie juntillas y tal cual este decálogo en el que Calderón no hace más que mostrar el tamaño de sus fauces. Pero es un hecho que lo elemental de las reformas ya está consensuado, lo que es: tendremos reelección hasta por 2, máximo tres términos, desaparecerán 100 curules, 32 escaños; a los ciudadanos nos conferirán el triste derecho de presentar iniciativas que nunca aprobarán y candidaturas independenties que nunca triunfarán; y tendremos segunda vuelta presidencial. Pero el verdadero debate, la pregunta que desde que aquí le formulamos a los priístas y a los perredistas es: ¿Permitirán que nuestra Constitución se emplee para desaparecer el Poder Legislativo? ¿Han decidido ser parte de la jauría de malandrines que pretende asestar la última puñalada a nuestra República?

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
Páginas Web Tijuana