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Por: Iliana Álvarez / SIP El graffiti o arte callejero como sus autores le suelen llamar, es un fenómeno que se puede observar en gran parte de la ciudad de Tijuana especialmente en paredes, carros, puertas, espectaculares, etcétera, donde son plasmados desde dibujos, letras hasta figuras abstractas que incluyen color y perspectiva. La mayoría esconden un mensaje o una historia. Es un metalenguaje, es decir un lenguaje “urderground”. En la actualidad, algunas de estas obras son objeto de exposiciones en museos, mientras que otras simplemente, son destruidas.
¿Por qué graffitear? Debido a que el graffiti se encuentra a la vista de todos, causa diversas reacciones; la mayoría de la ciudadanía lo interpreta como vandalismo, o basura visual. A pesar que la autoridad en infinidad de ocasiones ha donado espacios para que sea ahí donde expresen lo que deseen, los graffiteros no suelen respetar viviendas, transportes y lugares públicos como parques, centros comerciales, escuelas y otras instalaciones ocasionando desagrado visual. Los autores buscan espacios donde se sienten identificados aunque estén fuera de la ley. En Tijuana ni las delegaciones policíacas se salvan de ser graffiteadas. La intención de estos jóvenes es darse a notar y cualquier lugar entre más popular sea, ellos mayor interés demostrarán por plasmar su marca, o territorio: a través de una firma, declaraciones de amor o signos que son interpretados como acto de rebeldía en cada rincón, aunque para quienes los realizan, aquéllos tienen características que relacionan con el arte. Muchos sostienen buscar poner color a la ciudad y así hacerla divertida. Pero la sociedad cree que sólo la destruyen, provocando una imagen muy desagradable. Los graffiteros aseguran que su propósito no es afectar a nadie, pues sólo desean manifestar sus sentimientos o inconformidades que tienen contra la autoridad. Pero estas inconformidades ocasionan enojo entre los dueños de los predios que graffiteados. Debido a que a la mayoría no les gustan, rápidamente borran los rayones de sus paredes. En muchas veces esta es tarea inútil pues en menos de una semana los graffiteros regresan al lugar para volver a poner sus letras o dibujos.
¿Qué hace la autoridad para contrarrestar la problemática? Actualmente, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal cuenta con un departamento denominado antigraffiti, el cual busca principalmente orientar a los jóvenes que se encuentren involucrados en drogadicción, alcoholismo y actividades ilícitas. A través de pláticas y actividades diversas se les muestra que el ambiente en que suelen desenvolverse no es el mejor para su futuro. Además, cada vez es mayor el número de adolescentes que desde muy temprana edad se interesan por este tipo de actividades. Antigraffiti, como su nombre lo indica, también suele acercarse a los jóvenes graffiteros; Pastor Marín, indica que el graffiti es considerado en la ciudad como un acto de vandalismo, que se castiga con cárcel. Según sus investigaciones, estas expresiones pueden trascender de su carácter emocional (enojo juvenil) a actos vandálicos. Por lo regular, los adolescentes que comienzan pintando paredes son los próximos delincuentes ya que sin darse cuenta, poco a poco se van envolviendo en actividades no lícitas: primero pintan paredes; después ingieren bebidas embriagantes, luego quiebran vidrios; se involucran en pleitos y finalmente, roban a transeúntes y asaltan para poder comprar droga. Estas actividades se efectúan para adquirir prestigio y para quedar “bien” ante el resto de sus compañeros. Aunque a muchos adolescentes al principio no les agrada la idea, prefieren cometer vandalismo antes que ser señalados como miedosos o algo por el estilo. Para estar en condiciones de rayar paredes, los jóvenes deben pertenecer a una banda; para poder unirse a ella deben de aceptar algún reto, como subirse a edificios o espectaculares para pintar el nombre de la banda en un lugar alto. Deben efectuar una actividad de peligro que “demuestre” que es apto y merece pertenecer a la “clica”. Cabe mencionar que no pocos adolescentes han perdido la vida en su intento por ser aceptados en una pandilla. Por desgracia, parece no importares tomar riesgos con tal de convertirse en un miembro de la banda delictiva. A través de este tipo de incidentes se puede observar claramente que los menores se encuentran necesitados de recibir amor y aceptación que no recibieron en su hogar. Por lo regular, los jóvenes involucrados en este fenómeno carecen de un núcleo afectivo y buscan pertenecer a una familia. No es casual que los mismos graffiteros indiquen que a través de dibujos y rayones intentan expresar ideas y sentimientos. El Grupo Antigraffiti ha logrado descifrar mensajes que van más allá de inconformidades o sentimientos; son mensajes nada positivos. Los delincuentes aprovechan este fenómeno para realizar transgresiones a la ley, pues figuras y símbolos indican dónde se ofrece venta de droga, por ejemplo. En una pared llegan a indicar dónde y con quién puede adquirirse; también a través de este medio puede informarse al resto del grupo si planean realizar algún atraco y cuál vivienda es la adecuada para tal fin. Si se trata de la venta de marihuana, se dibuja una mata de la hierba con algún sobrenombre, persona por quien hay que preguntar para poder acceder al enervante. Una flecha indica la dirección a seguir para llegar al predio donde se puede adquirir. Debido a que la autoridad ha comenzado a preocuparse y ocuparse por este tipo de actividades de “diversión” juvenil, en la actualidad la corporación municipal ha logrado capturar a algunos narcomenudistas. Es por esta razón que el graffiti es considerado como vandalismo. La mayoría de quienes lo practican son delincuentes que dejan de lado el supuesto arte y sólo se aprovechan de este medio para realizar actos que afectan a la sociedad.
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