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Espigando / Diciembre 2009 |
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Por: Arturo Geraldo Las desigualdades en México están llegando a extremos intolerables, obligando a miles de familias a vivir en condiciones deprimentes, pero el gobierno de Felipe Calderón no se preocupa en lo más mínimo por atenuar estos extremismos, pretendiendo apaciguar los ánimos populares mediante amenazas insolentes como es el hecho de sacar a los soldados para recorrer las calles de la ciudad en tanquetas apuntando con sus armas a los civiles que transitan por la vía pública para trasladarse a sus centros de trabajo, los que todavía conservan algún empleo, porque está comprobado que tres de cada diez ciudadanos en edad de trabajar no tienen ocupación, aumentando el número de desempleados en forma alarmante. Al paso que vamos, pronto México será un país de miserables, como lo vemos todos los días en los cruceros con niños hambrientos haciendo piruetas entre los carros para ganarse unas cuantas monedas que les permitan mitigar el hambre ante la indiferencia criminal de las autoridades que han descuidado sus obligaciones de atender las necesidades del pueblo para dedicarse a proteger sus propios intereses, como si esa fuera su función principal como servidores públicos... Los políticos mexicanos han perdido el sentido de la realidad, porque desde que llegan al poder se sienten dueños de México, sin querer entender que están en esos cargos para servir a la comunidad, no para agredirla como quiere hacerlo el señor Calderón, afectando únicamente a los contribuyentes cautivos que formamos la inmensa mayoría del país, sin tocar en lo más mínimo a los grandes empresarios que obtienen ganancias descomunales pero se niegan reiteradamente a pagar sus impuestos. Esas prácticas viciadas se tienen que acabar porque la gente ya no aguanta tantas injusticias y cuando los pueblos tienen hambre no se les puede intimidar enseñándoles las armas como lo viene haciendo Felipe Calderón con el pretexto de combatir el narcotráfico; todos sabemos que lo hace con el deliberado propósito de provocar a la ciudadanía buscando un estallido social para justificar la represión por medio de la fuerza generando un estado de ingobernabilidad que le permita entronizar un gobierno de facto como lo hizo el General Augusto Pinochet con la hermana República de Chile, en complicidad con los consorcios nacionales e internacionales y el clero político que siempre está presto para colaborar en estos atentados porque así conviene a sus sacrosantos intereses, por eso insistimos tanto en que el pueblo debe despertar su modorra cívica.
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