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Por: Marco Antonio Blásquez "Presidente del Empleo" o discurso retórico La solución del conflicto que enfrentan el Sindicato Mexicano de Electricistas y la extinguida Compañía de Luz y Fuerza del Centro requiere de una correcta y sana administración. Estamos de acuerdo en que hay que sanear el presupuesto y establecer medidas para que el Estado gaste menos de lo que percibe. Sin embargo, la acción que deja sin fuente laboral a 40 mil trabajadores raya en lo autoritario, visceral e incongruente. La Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano, el texto jurídico más importante de la era moderna, señala en su Artículo 12 la necesidad de una fuerza pública: “Esta fuerza se instituye para beneficio de todos y no para utilidad particular de aquellos que la tienen a cargo”. Por fuerza pública entendemos a los elementos encargados de cuidar el orden público. Los cuerpos policíacos están para defendernos de la delincuencia no así de ciudadanos honestos. El gobierno federal da cuenta de medidas que violan los derechos fundamentales, en este sentido, con la toma de instalaciones de Luz y Fuerza del Centro, México retrocedió décadas en la materia. Una de las frases que el Primer Mandatario repitió en campaña fue la de ser el Presidente del Empleo. Pero los números hablan: más de cinco millones de pobres más durante su sexenio se suman a los que ya existían. Se entiende que el Estado atraviesa por una situación en extremo complicada en términos de ingresos, pero el actual gobierno no ha mostrado intención de establecer una política social que genere lo que la población requiere a gritos: empleo. Al bajo crecimiento económico per cápita, la desigualdad de ingresos entre personas y regiones, la gran concentración de pobreza en áreas urbanas y la reciente alza de precios de los alimentos afectan de manera directa a millones de mexicanos. Un Estado social no puede existir si no hay condiciones que se reflejen en la democracia, la libertad y el empleo. En México, la productividad y los ingresos se han deteriorado en los últimos años. Esto es moralmente inaceptable e injusto. Se agrava la pobreza y la realidad social no permite el optimismo. Crisis, desempleo y miseria, se detectan, miden y tratan. Cada día perdemos claridad en el rol jugado por el Estado en el ámbito de los bienes públicos. Surge la interrogante ¿presidente del Empleo? No, discurso retórico.
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