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Por: Marco Antonio Blásquez La República de la risa Esto de que el paquete económico y la reforma fiscal sean “el anteproyecto del caos” y de que los diputados federales recién electos sean “unos vividores del pueblo que traicionan al pueblo” parece una expresión desmedida, injusta y envidiosa de parte de sectores y personas que se empeñan en denostar las acciones republicanas de un gobierno y su partido por recuperar los espacios que nuestro país perdió por una crisis que vino de afuera, pero que por razones que aún no podemos explicar nos golpeó severamente. México es un país en el que las autoridades viven comprometidas en promover la educación, la salud y el desarrollo social. De allí que los presupuestos asignados a esos rubros sean el 1-2-3 en cantidad y calidad. Inclusive, en un acto de amor por los menesterosos, el presidente Calderón envió al Congreso un proyecto de “impuesto para el combate a la pobreza”, mismo que fue rechazado por los “diputadetes” que se oponen a que el humanismo y la visión de Estado que concibe a la persona como el eje de todas las acciones siga permeando en la masa popular. Esta masa que hace nueve años hizo suyo el credo del presidente Fox… “¡Nunca más un México sin ustedes!”. El día que por error abrí un enlace que algún contacto me envió a mi correo electrónico, me sentí abrumado cuando vi el momento en que un “hombrecito” de izquierda, un tal Fernández Noroña utilizó ofensivos calificativos contra el secretario del Trabajo y los legisladores del PAN, a quienes llamó “traidores, cínicos, desvergonzados, etc.”. Es inadmisible que esos espíritus chocarreros de la izquierda, que se encuentran airados por la sospecha –nunca probada—de que en un par de ocasiones les cometieron fraude en la elección presidencial, pongan en riesgo el buen clima de institucionalidad que vivimos en México. Por simple lógica se deduce la abyección del trasnochado izquierdista, pues restregaba tercamente en la cara de los ya referidos servidores públicos unas reformas que se aprobaron tras un amplio consenso entre las principales potencias electorales del país. Un país como el nuestro, que busca las grandes reformas que nos permitan atracar en los puertos del primer mundo, no puede desgastarse con debates estériles, con marchas de sindicalistas despedidos por no plegarse a las reglas de austeridad republicana. Inclusive, esas voces que maliciosamente ondean la bandera de los ciclos centuriales, que si en 1810, la Independencia; que si en 1910, la Revolución; que si en 2010 (…) Esas sí son mentalidades subversivas, “bocas de fuego”, “neuronas cáusticas” como ese tal Fernández Noroña, quien se ha ganado el mote de “Larroña”. ¿Un estallido social? Nada más alejado de la realidad. Para eso se requieren condiciones de desintegración social, de abuso del poder, ausencia de autoridad y carencia de mínimos de bienestar social que nuestro país ha vivido, pero que en la actualidad desconoce. Mientras países de nuestra área como Brasil y Chile alardean con avistar los tersos valles del primer mundo, mientras sus presidentes disparan costosas campañas mediáticas para retratarse con los grandes líderes del mundo, nuestro gobierno conduce con sobriedad y aplomo los destinos nacionales. ¿En dónde se ve un presidente comprometido con el empleo y la seguridad pública como el nuestro? Sin ir más lejos, en una cumbre de Guadalajara un facineroso lo amenazó de muerte. ¿Y qué resumir de aquella operación, supervisada desde Los Pinos, en que se frustró el secuestro de una avión de Mexicana por parte de un orate que con singular malicia camufló como explosivos dos latas de Jumex, una de mango y otra no se sabe si de plátano o guayaba? Mientras en Chile y Brasil los obreros siguen siendo explotados por sistemas opresores y abusivos, en México los sindicatos se hablan al tú por tú con el gobierno, comen en el mismo plato y cuando por alguna causa la relación no funciona son disueltos con indemnizaciones capaces de garantizar la sobrevivencia del trabajador por años… Tanto así que les queda tiempo para perderlo en marchas y plantones. El que hable mal de México y su realidad tiene que pensar muy bien antes de llegar a conclusiones. México es un país fuerte y los que trabajan por su engrandecimiento no desfallecerán en el intento, aunque sus pechos sean alcanzados con dardos de difamación y calificativos simplones. Y si por la libre decisión de los mexicanos, el actual partido en el poder fuera relevado del mandato, ya velan armas el PRI y sus dirigentes revolucionarios. Ellos se encuentran más que listos para volver al servicio público. Emociona que dos corrientes políticas tan opuestas, de la derecha humanista al liberalismo progresista, puedan congeniar y alternarse sin diatribas, sin revueltas... con el sólo impulso del voto popular. (*) Nota del autor.- De todo lo escrito en esta colaboración, usted debe entender exactamente lo contrario
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