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Por: René Mora / SIP Hoy día organizar Juegos Olímpicos no es cosa fácil para ningún país en el mundo, pues llevar a cabo la máxima justa deportiva del orbe representa todo un reto para la nación que los presenta. Organizar Juegos Olímpicos requiere de una fuerte inversión económica de los gobiernos en infraestructura deportiva, vialidades, hotelería, transportación, turismo, y sobre todo, erradicar la inseguridad para poder brindar hospitalidad a todos los visitantes. Sin embargo, eso es lo interno, lo que un país tiene que presentar para los Juegos, con sus instalaciones, pero al exterior tiene que ofrecer mucho más que eso y es cumplir con las expectativas que se generan durante su candidatura ante los integrantes del Comité Olímpico Internacional. El mundo estuvo al pendiente de quién sería finalmente el ganador de la sede. Y es que hoy en día, aunque uno no lo quisiera, los Juegos Olímpicos han dejado de ser realmente una competencia deportiva, donde el lema “Competir es lo importante” ha pasado a segundo término. Los Juegos se han politizado porque los gobiernos juegan un papel importante en obtener la sede y organizar las competiciones. Así ha sido desde hace varios años. Se puede afirmar que desde el mismo momento en que nació el olimpismo y que se va acrecentando con el paso de los años. Sucedió en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 con Adolfo Hittler presente en todas las competencias; en México 68 hubo un movimiento que dejó heridos, muertos y un caos cuando faltaban diez días para los Juegos. En Munich 72 se dio un atentado terrorista; en Montreal se presentó el primer boicot a unos juegos, creció en Moscú 80, se repitió en Los Ángeles 84, Corea 88 y fue hasta Barcelona 92 cuando finalizó esa práctica que se estaba volviendo costumbre. Muchos de los boicots se efectuaron porque los gobiernos se involucraron y decidieron no participar, privando a muchos atletas de buscar el sueño de obtener una medalla olímpica. Sin embargo, pese a que Río de Janeiro ganó con todo derecho la sede de organizar los Juegos Olímpicos de 2016, también entraron al juego los gobiernos de todo el mundo para buscar la sede. Hubo un ganador y hubo muchos perdedores. El gran triunfador fue el Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, quien se ganó el reconocimiento de su pueblo al convencer al Comité Elector de la sede. Su principal argumento fue que era injusto que Sudamérica se quedara nuevamente sin Juegos que nunca ha organizado. Los perdedores cobrarán las facturas con el paso de los años. El principal derrotado fue el Presidente de Estados Unidos, Barak Obama. Su ciudad natal, Chicago, fue la primera eliminada de las cuatro que buscaban la sede. No hubo un fuerte apoyo a la candidatura y el pueblo norteamericano reaccionó inmediatamente en contra del gobierno. Otros desafortunados fueron José Luís Rodríguez Zapatero y el Rey Juan Carlos, de España, quienes no lograron convencer a nadie de que Madrid merecía los juegos. No escucharon a Juan Antonio Samaranch, quien fue Presidente del Comité Olímpico Internacional de 1981 al 2001; les dio consejos, asesoró en lo que se debía hacer, sin embargo, no fue escuchado. Su mensaje, sí muy sentido, pero no convenció. Madrid lo intentó con locura. Cargada real, política, y su gran corazonada. Pero en esta ocasión se quedó muy corta pese a su gran momento deportivo, y su mano dura contra el dopaje en Europa. Tokio sobrevivió, pero también quedó relegada. A Zapatero ya le comienzan a cobrar la factura. En un evento en España fue abucheado y sus paisanos están molestos. España era un candidato ideal para organizar la Olimpiada, pero varios países de Europa, entre ellos Francia, Rusia e Italia buscarán los JO 2020; ellos consideraron que si daban su voto a España, difícilmente podrían organizar ellos la justa del año 2020. Son los gobiernos y los comités olímpicos quienes tienen en sus manos el otorgar las sedes. No es que Río de Janeiro tuviera más corazón que Madrid, Chicago o Tokio. No, todos tienen su propia fiesta, pero en esta ocasión para el Comité Olímpico lo importante era ir a un lugar no conocido, ni explorado y explotado como Brasil. Los cariocas deseaban unos Juegos; los buscaron desde hace muchos años. Se asesaron, escucharon y organizaron unos Juegos Panamericanos que les pidieron en 2007. Su asesor, aunque usted no lo crea, fue el español Juan Antonio Samaranch cuando fue Presidente del Comité Olímpico Internacional, quien les dijo qué hacer para obtener la sede. Cosas de la vida: Samaranch pidió los Juegos de Madrid, pero en su propia casa no lo escucharon. Brasil sí escuchó y prepara ya lo que prometen ser los mejores Juegos de la Historia.
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