Reflexión / Octubre 2009 PDF Imprimir E-mail

Por: Héctor Castellanos

La ciudadanía debe intervenir en el proceso de cambio del país si deseamos sacar esta nación del estado de postración en que la tenemos todos los mexicanos. No debemos evadir nuestra responsabilidad con pretextos absurdos como: "Soy apolítico"; "La política es una actividad no apta para personas honorables"; "La política la manejan los corruptos"; "Yo no les creo a los políticos", etcétera.

Todos somos políticos por naturaleza. Debemos saber y entender que la política es una disciplina superior del intelecto que tiene como objetivo la promoción y consecución del bien común. Esta actividad no es opcional, es decir, la tomo o la dejo, sino que es inherente, congénita a nuestra naturaleza humana. Confundimos la política con politiquería, corrupción, grilla y chisme.

El precio que hemos pagado los mexicanos desprestigiando el término política ha sido muy alto, pero creo que todavía estamos a tiempo para retomar el camino para hacer de México, la patria ordenada y generosa a la que aspiramos todos los mexicanos.

Es necesario que empecemos apoyando a nuestros diputados, haciendo propuestas de ley que ayuden a ordenar y promover la convivencia ciudadana en forma ordenada, justa y responsable.

A guisa de ejemplo, hacemos una exposición de motivos sobre un tema que nos debe interesar a todos. Es evidente el dispendio de recursos en las administraciones públicas del país en los tres niveles de gobierno, generado principalmente por los siguientes factores: la falta de planeación con visión de largo plazo, la incapacidad y desconocimiento para administrar los recursos con eficiencia y honradez, así como la falta de controles y supervisión del gasto público en todos y cada uno de los rubros de la administración pública.

Para el próximo año 2010 es necesario recortar el gasto y detener la caída de los ingresos, tarea difícil pero no hay alternativas. Es inaplazable la eliminación de secretarías, la reducción del número de plazas, así como la cancelación de proyectos no prioritarios. Desconocemos cuáles son las causas por las que tales acciones no se habían efectuado hace tiempo.

Por otro lado, se realizan grandes inversiones en programas que reditúan resultados mínimos, lo lógico sería cambiar el procedimiento, es decir, invertir únicamente lo necesario para obtener el mayor provecho.

Dicho de otra manera, no hemos sabido administrar este país. El despilfarro de recursos es impresionante, ejemplo patético ilustra mejor lo que queremos decir: durante más de siete décadas hemos invertido miles de millones de pesos en educación y el resultado salta a la vista. Tenemos uno de los sistemas educativos más atrasados del mundo, con programas anacrónicos y la ausencia de un profesorado competente. Esto ha ocasionado que el nivel de escolaridad de este país sea de apenas cuarto año de primaria, lo cual ha impedido que tengamos una ciudadanía altamente preparada y calificada para ser productiva e impulsar un desarrollo integral sustentable y permanente. Todo esto nos conduce a no ser competitivos a nivel mundial y tener salarios bajos que impiden elevar la calidad de vida del mexicano.

Es imperativo elevar el nivel de escolaridad del mexicano a preparatoria, pero ello implica una inversión cuantiosa y varios años para lograrlo, pero hay que hacerlo.

Los países que han salido adelante son los que le han apostado a la educación y son los países que conocemos como del "Primer Mundo" y han logrado sumarse a ellos nuevos países como Corea, España, Irlanda, Portugal y Chile, entre otros. Esto sólo se logrará con una reforma educativa a fondo y la eliminación del corporativismo sindical manejado por líderes corruptos y venales.

Si analizamos los demás rubros de la administración pública el panorama es desolador, por ello es necesario separar la administración de la política. La administración pública debe ser manejada por profesionales, auxiliados por auditorías permanentes que informen del estado que guardan las finanzas. Para que esto sea una realidad, es imperativo crear la "Ley del Servicio Civil" qué ayude a formar y capacitar una generación de profesionales que ocupen los cuerpos administrativos en forma permanente y de esta manera logremos quitarle tintes partidistas e ideológicos a la administración pública. Es evidente que nuestros "políticos" no saben administrar.

Por otro lado, se terminaría de una vez cambiar en cada administración municipal, personal nuevo y sin experiencia, con los resultados conocidos. Se establecerían concursos por oposición para contratar a los mejores en los términos que señale la ley que se propone; de esta manera lograríamos los siguientes objetivos: control de los ingresos, planeación eficaz y eficiente de los egresos y se abatiría más de 90 por ciento la corrupción, se simplificarían las elecciones municipales y sus costos bajarían también.

Además, se desvanecerían las ambiciones de los potenciales candidatos que se "sacrifican" en aras de "servir" a la ciudadanía: desaparecerían como por arte de magia. Para lograr esta propuesta es necesario exigir a nuestros diputados la Reforma Administrativa para sacar la Ley del Servicio Civil a la brevedad posible.

Los señores diputados tienen la palabra, únicamente se requiere voluntad y patriotismo.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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