La Zona Norte, la otra Tijuana PDF Imprimir E-mail
Por: Leticia Durán / SIP

“Aquí he trabajado, me he prostituido y he usado heroína. Gracias a estos programas todo es muy diferente, todos los que se pican la vena, ya usan “R´s” (agujas) nuevas, ya no las agarran de la basura”. Gabriela Guadalupe Rosas / Trabajadora Sexual de la Zona Norte, Tijuana

Llegar a la Zona Norte de Tijuana es como adentrarse a otra ciudad. Este lugar ubicado al final de la famosa Avenida Revolución, alberga cientos de bares y centros nocturnos, donde la prostitución y la drogadicción son actividades normales, pues ahí de eso se vive. Esta también es zona de contagio latente de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y sobre todo de VIH/SIDA. A este sitio las autoridades sólo llegan de vez en cuando y no siempre para vigilar.
La Secretaría de salud, en especifico la Coordinadora del Programa VIH/Sida en Baja California, llega cada viernes por la noche a entregar condones e invitar a sexo-servidores (as) de todas las edades y tendencias sexuales a protegerse y sobre todo a promover el uso del preservativo, para evitar la propagación de ITS’s y VIH entre la población tijuanense y extranjera que acude con frecuencia a los centros de diversión nocturna.

Si una persona que no conoce Tijuana pasa por la Zona Norte, por la Calle Primera o el Callejón Coahuila, solamente podrá apreciar una calle llena de bares, hoteles y prostíbulos, pero en realidad es un sitio muy bien definido. Por años la prostitución y la drogadicción son formas de vida. Para muy pocos es secreto que la Calle Primera está dividida en zonas, cuando apenas se adentra a la calle puede ver a las “paraditas”, se trata de jóvenes mayores de edad prostituyéndose en la calle; unas cuadras más adelante llega a la zona de las menores de edad, quienes se encuentran dentro de muchos bares y prostíbulos. Luego pueden verse las señoras de la tercera edad quienes pueden cobrar hasta 30 pesos por prostituirse debido a la necesidad. Al final de este recorrido se encuentra la comunidad homosexual, hombres generalmente vestidos extravagantemente, esconden su masculinidad y en ocasiones lucen tan bien que, sin duda, pueden engañar a cualquiera.

A los bares y las calles de la Zona Norte acuden clientes que en su mayoría son ciudadanos americanos que llegan a Tijuana a satisfacer necesidades en los ámbitos de comercio sexual y drogadicción; también podemos ver que en la noche salen del Canal y de los “picaderos” muchos drogadictos que van a gastar el poco dinero que tienen. Esta es población peligrosa, pues muchos de ellos están contagiados con alguna enfermedad de transmisión sexual y se rehúsan a utilizar protección.

Las mujeres que viven y trabajan ahí en su mayoría provienen de otras entidades de la República, llegaron a Tijuana en busca de una mejor calidad de vida, pero contrario a eso, se adentraron al bajo mundo. Tal es el caso de Gabriela Guadalupe Rosas Muñoz, trabajadora sexual de la Zona Norte; llegó a Tijuana hace siete años con el objetivo de cruzar a los Estados Unidos, pero después de varios intentos fallidos encontró un hogar dentro de Tijuana. Gabriela nos describe su vida: “Sí, ha sido difícil porque cuando voy al cuarto me he topado con muchos “vatos” malos, que me maltratan y golpean, es muy triste. Con esta oportunidad ha cambiado mi vida”.

Ella, al igual que muchas otras mujeres y adictos se unieron al Programa de Promotores que promueve la doctora Remedios Lozada, responsable del programa de VIH/Sida en Baja California, quien a buscado adentrarse a este ambiente donde se concentra la problemática por enfermedades de transmisión sexual. Lozada ha invitado a que la gente de estas comunidades promueva el condón, las pruebas rápidas de VIH y el uso de drogas con responsabilidad.

Es duro el trabajo en esta zona de Tijuana y que alguien se mantenga alejado de las drogas, Gabriela no es la excepción. Desde que ella probó la marihuana y la cocaína, estas sustancias han sido un común denominador en su vida; luego empezó a consumir heroína y así sigue. Ella dice que es difícil dejar esta adicción. Gabriela nos cuenta que antes de que la doctora Remedios Lozada llegara a acercarse a su comunidad, todos los adictos utilizaban una misma jeringa para inyectarse: “Aquí he trabajado, aquí me he prostituido, aquí he usado heroína, pero gracias a estos programas ya todo es muy diferente, pues ya todos los que se pican la vena, ya usan “R´s” (agujas) nuevas, ya no las agarran de la basura”.

La comunidad homosexual también participa activamente con la Secretaría de salud. Los llamados gay son más concientes de la importancia de difundir el uso del condón y las pruebas de VIH y tratamientos; saben que el contagio existe y conocen a quienes son portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana y no están recibiendo ningún tratamiento. Una de ellas señaló: “Nosotros sabemos quienes están contagiados pero no se quieren ir a checar; nos da miedo que agarren un cliente y este después nos toque a nosotras y también terminemos contagiadas, porque tampoco sabemos si se protegen”.

Esta reportera acudió como voluntaria a la caravana de la Secretaría de Salud. Acompañamos a la Coordinadora del Programa VIH/SIDA en el Estado, doctora Remedios Lozada, a dar un recorrido por la Zona Norte; repartimos condones en diferentes bares y centros nocturnos. Observamos cómo la doctora aprovecha este contacto con este sector de la población para cercarse a las trabajadoras del sexo comercial e invitarlas a que acudan a los centros de salud.

La aceptación de los condones me sorprendió, la mayoría de las trabajadoras en bares y prostíbulos tomaban un buen número y pedían más. Este es el resultado de muchos años de esfuerzo de la doctora Lozada. Para las trabajadoras del sexo comercial y sobre todo, para la mayoría de sus clientes es difícil comprar condones, debido a su situación económica, pues prefieren gastar el poco dinero que tienen en drogas, que utilizarlo para protegerse.

La doctora Remedios Lozada, asegura que antes había resistencia y no existía la confianza entre los mismos clientes y propietarios del lugar, cuando llegaban ella y su equipo con cubetas llenas de condones para repartir, pero tuvieron que insistir: “No podemos seguir con el discurso, usa condón y protégete, tenemos que llevarlos hasta donde ellos están, en la Zona Norte, debajo de la alcantarilla, en el canal o en los picaderos. La epidemia está concentrada en estas poblaciones y estamos trabajando para evitar que salga de ahí”, señala Lozada.

Actualmente la Secretaría de Salud tiene capacidad para atender a más de mil 300 pacientes, pero le apuesta más a la prevención. Los dj´s de los bares son una herramienta fundamental en esta labor, pues cuando llegan las Caravanas de la Salud, ayudan a difundir el mensaje de prevención e invitan a clientes y empleados a utilizar el condón.

“Para nosotros lo más importante es tener permanencia y los fines de semana tratamos de intensificar y dar confianza”, enfatiza la doctora Lozada. Cada viernes la Coordinación del Programa VIH/Sida a nivel estatal, en junto con algunas organizaciones de la sociedad civil reparten mas de 90 mil condones gratis en la Zona Norte. En ocasiones han logrado obsequiar hasta 150 mil en una sola noche.

Este grupo de 15 personas conformado por promotores, coordinadores y sociedad civil, recorren cada fin de semana las zona roja de la ciudad, es decir Otay, la Morita y la Zona Norte.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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