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J. Ignacio Carlos Huerta En estos momentos tan angustiosos, con carencia de programas que brinden bienestar y certidumbre a la sociedad mexicana, nos acercamos a la celebración del Bicentenario del inicio de Independencia de México. Largo y tortuoso, ese gran movimiento social duró muchos años, hasta que el 27 de septiembre de 1821 se reconoció a mujeres y hombres que defendieron hasta con su vida el derecho a ser libres y devolver a los mexicanos su territorio y soberanía. Entre personajes importantes de esa época es necesario nombrar a Don José María Morelos y Pavón, estupendo pensador social y magnífico estratega en la lucha para obtener la libertad. Morelos creó un movimiento extraordinario basado en su ideario plasmado en un documento diseñado para el Primer Congreso del Anáhuac, celebrado en Chilpancingo el 13 de septiembre, “Los Sentimientos de la Nación”. Este legado sirve de base al Primer Congreso Constituyente en Apatzingán, efectuado el 22 de octubre de 1814, donde se generó la Expedición del Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana. Morelos es prócer, caudillo, hombre cabal. Al prepararse para su fusilamiento, de rodillas y con los ojos vendados en el derruido Palacio de San Cristóbal Ecatepec, mientras escucha el redoblar de los tambores, y con un crucifijo en la mano, el Siervo de la Nación expresa: “¡Señor! Si he hecho bien tú lo sabes; si he hecho mal me acojo a tu infinita misericordia”, después cae abatido a tiros por la espalda el 22 de diciembre de 1815. A casi 200 años de tal evento, es lamentable ver las condiciones del agro mexicano y su abandono en materia de políticas públicas; prácticamente desaparecieron los pequeños y medianos agricultores y qué decir del obrero, el cual ve cada vez más mermada su economía. Si el salario mínimo se compara con los jugosos sueldos de los servidores públicos da risa, coraje y frustración, pues no alcanza para la adquisición de la canasta básica de una familia de cuatro o cinco personas. Es más, ni siquiera para leche y tortillas. La riqueza en manos de unos cuantos; los puestos públicos, ocupados por la clase divina de cada partido; la clase media, prácticamente desaparecida y la pobreza cada vez con mayor avance en nuestro país. México está nutrido de litorales con infinidad de pesquerías, con extraordinaria flora y fauna. En general, es una nación sumamente rica en gente y recursos naturales, pero con un yugo peor que el de los españoles hacia nuestros antepasados, ya que los encargados de la Administración Pública desde hace dos o tres décadas a la fecha, no han generado Políticas Públicas que sean de verdadero beneficio para los mexicanos. Es tiempo reflexionar. La sangre derramada de miles de mexicanos tanto en la Independencia como en la Revolución no puede quedar en el olvido. Recordemos los “Principios de libertad y de justicia que hacen de nuestra patria, una Nación independiente, humana y generosa, a la que entregamos nuestra existencia”, como versa el Juramento a la Bandera. ¿Gozamos verdaderamente de principios de libertad y justicia en nuestro país, con lo que está aconteciendo en rubros como el agro, la economía, la seguridad, la educación y la salud en México? Requerimos crear entre todos políticas públicas reales: fuera maquillajes y anuncios espectaculares.
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