Espigando / Septiembre 2009 PDF Imprimir E-mail

Por: Arturo Geraldo

Prestaciones insultantes

Son penosos los finiquitos que recibirán los diputados federales al concluir su gestión, pero también es cuestionable que tengan sueldos tan elevados cuando se habla de un precario salario mínimo para el grueso de la población. Lo anterior lo afirmó el Arzobispo de Tijuana, Rafael Romo Muñoz, en declaraciones recientes; el señor obispo está hasta cierto punto indignado ante semejantes desenfrenos, no obstante que los altos dignatarios eclesiásticos nunca se han mostrado muy solidarios con la gente del pueblo, por eso no dejan de llamarnos la atención el punto de vista del prelado tijuanense, porque por encima de cualquier circunstancia, sus señalamientos tienen una gran significación social.

Ciertamente, los políticos mexicanos están desbocados, agarran los billetes a puños; hay presidentes municipales, como el de Ecatepec en el Estado de México que cobran 450 mil pesos mensuales, a ciencia y paciencia de las autoridades comandadas por el insigne ciudadano Enrique Peña Nieto, Gobernador del Estado, a quien las televisoras están preparando con mucha anticipación, para llevarlo a la Presidencia de la República, para que los siga favoreciendo con miles de millones de pesos por concepto de publicidad, al fin que el pueblo paga hasta el último centavo.

Quiero que alguien me diga, de qué manera se justifica que los políticos de cualquier nivel reciban ingresos tan elevados en un país donde la inmensa mayoría de los ciudadanos viven en condiciones de extrema pobreza, donde la mortalidad infantil alcanza cifras alarmantes por desnutrición, donde todos los días mueren gran cantidad de personas de enfermedades curables porque no tienen los recursos indispensables para atender su salud. ¿En tales condiciones debemos permanecer callados ante semejante desvergüenza? Se necesita no tener un gramo de vergüenza para cobrar esas enormes cantidades de dinero sin merecerlo. A nuestro juicio los más descalificados son los diputados y senadores porque tienen la responsabilidad de velar por los intereses del pueblo, pero no sólo no cumplen con su deber sino que están convertidos en unos verdaderos parásitos de la Nación, tanto más indeseables porque se prestan para toda clase de componendas en perjuicio de la comunidad.

 

Colaboradores

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Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
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Pedro Ochoa
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