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Por: Marco Antonio Blásquez ¿Por qué perdió el PRI? Sólo una persona desinformada de la realidad política del Estado podría resumir que la pasada elección resultó en una estruendosa victoria para el PAN. Para llegar a tal conclusión deberían omitirse elementos tales como el porcentaje de participación que fue de 30 por ciento (14 puntos debajo de la media nacional), las triquiñuelas del IFE para dispersar la votación tempranera en los distritos 04, 05 y 08 (que se consideraban los de mayor riesgo) y el hecho indubitable de que los candidatos priístas hicieron las campañas solos, sin estructura, sin partido, sin presupuestos, sin aliento de los liderazgos nacionales. Solos, como niños de hospicio. El PAN, un partido completamente corporativizado en Baja California, que cuenta con “ingenieros electorales” capaces de movilizar miles de votos en minutos y de planear redistritaciones y reubicaciones de casillas de forma intempestiva y ventajosa, no tuvo más asegurarse de que hubiera una participación por debajo del 35 por ciento y posteriormente soltar su poderosa maquinaria para ganar los ocho distritos uninominales. Y hay días con suerte: el PAN tuvo dos cosas más a su favor: a) El llamado voto nulo, que fue de 6 por ciento le libró al menos de 4 puntos de voto de castigo; b) El desprendimiento de los aliados le fue mucho menos nocivo, pues mientras el Nueva Alianza conquistó 7 por ciento de la votación estatal, el Partido Verde conquistó 11 por ciento, quiere decir que el PRI recibió una factura más cara por la fragmentación de la fórmula. La ecuación es sencilla: el PAN obtuvo a nivel estatal 38 por ciento por 26 por ciento del PRI. Si a éste le sumamos los 11 del PVEM, los cuatro del voto nulo y los cinco que cuando menos se perdieron por la impuntualidad “selectiva“ en la apertura de las urnas y el cambio de ubicación de casillas, encontraríamos la razón de la derrota priísta y la razón de ser de los “ingenieros electorales” panistas. Los candidatos del PRI hicieron una buena campaña, lo sé y me consta. Desde la frescura y tenacidad de Liliana Sevilla, hasta la circunspección de Ricardo Zazueta. Pasando obviamente por el dinamismo de Nicolás Osuna y la perseverancia de Sergio Coppel y de Guillermo Aldrete. Seamos prácticos: estos candidatos echados a la buena de Dios dejaron un grato sabor de boca, por su libertad en el discurso, por la espontaneidad de sus agendas y por la manera directa, terrena y personal como abordaron al elector. También tenemos que reconocer que los candidatos del PAN realizaron un gran esfuerzo. Hubo momentos de la campaña en los que a pesar de que las encuestas resultaban favorables, le percepción pública era adversa. Mucho batallaron candidatos como Miguel Osuna, Gastón Luken y Gerardo Cortez para llevar su mensaje hasta los hogares tijuanenses. Es notorio también que fuera de los programas sociales de gobierno, el PAN los trajo a raya en materia financiera. También del lado azul hubo necesidad de gastarse los zapatos. Una sorpresa grata fueron los candidatos del PVEM, que instalaron a su partido como la indiscutible tercera fuerza electoral en el estado. La mercadotecnia nacional y la frescura de sus candidatos dio como resultado que en seis de los ochos distritos figuraran en tercer lugar. Por el lado de Nueva Alianza hubo tres casos notables: el de Fernando del Monte, que alcanzó mas de 10 mil votos en el 04; el de Irma Salgado, que encabezó notables luchas sociales en el 05; y el de Najla Wehbe, una grácil dama que nos puso a pensar más de una vez en la necesidad de que los jóvenes tomen espacios de mando. En fin. Una fiesta democrática en la que hubo de todo, salvo votantes. Ojalá que los candidatos triunfadores, todos panistas, ante la raquítica minoría que los eligió, opten por legitimarse con un patriótico y republicano desempeño en el Congreso, lo que incluye volver a gastarse los zapatos y broncear sus rostros en las calles de Tijuana.
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