Seguridad social mexicana, cuando la epidemia se convirtió en vergüenza PDF Imprimir E-mail

Por: María Elena Estrello /SIP

Servicios de salud, insuficientes

La seguridad social en México fue el fruto de algunos de los ideales de la Revolución Mexicana en el sentido de proteger a los trabajadores, en aspectos como salud, salario, vivienda, prestaciones y otros servicios sociales.

Desde su creación en la segunda mitad del siglo XX, instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, así como otros organismos como el ISSEMYM, el ISSSTEP y el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas Mexicanas, Petróleos Mexicanos, prestaron, entre otros, servicios de salud en nuestro país de calidad aceptable.

No es sino en las últimas dos décadas cuando confluye el incremento demográfico, las constantes crisis económicas y la consecuente reducción en el presupuesto al rubro de asistencia médica que han mermado los servicios proporcionados en este campo por el Estado Mexicano.

En las treinta y dos entidades de la República son constantes las quejas en contra de los institutos dedicados a la atención de la salud. No hay personal médico suficiente; no hay camas censables disponibles en clínicas y hospitales; no existe un sistema eficiente de abastecimiento de medicamentos y material de curación, además, la dotación y sustitución de instrumental y equipo médico no cuenta con un plan óptimo.

Necesario, invertir en la ciencia

“Aunque México cuenta con virólogos y otros expertos en el campo epidemiológico y científico con gran capacidad técnica, se requiere inversión tecnológica para la resolución de problemas de la salud. No es suficiente el presupuesto destinado a insumos, personal y equipamiento, por lo que es necesaria una política científica en nuestro país, para estar preparados para una contingencia como la de la Influenza A (H1N1). Recordemos, además, que la ciencia es una palanca para el desarrollo”, así lo expresó el Director General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, René Drucker Colín.

El investigador aseguró que las farmacéuticas mexicanas no tienen grandes complejos para crear medicamentos antivirales como el Tamiflú y que México debe estar preparado para la época invernal. Indicó que ha decrecido el índice de transmisibilidad de la epidemia que ha mantenido en jaque a nuestra nación, sin embargo, exhortó a la sociedad en general a continuar con medidas preventivas como lavarse las manos.

Asimismo, Drucker enfatizó que la población debe estar mejor informada en aspectos de la ciencia, ya que ésta influye en todos los aspectos de la vida cotidiana.

Servicios médicos gubernamentales, en decadencia

Con el argumento de la descentralización de los servicios de salud, la calidad, oportunidad y eficiencia en la atención médica ha ido empeorando. Las Secretarías de Salud dependientes de los gobiernos estatales no están bien coordinadas con la Secretaría de Salud del Gobierno Federal y la epidemia de Influenza humana lo evidenció.

Llama la atención el hecho de que en México continúen las muertes ocasionadas por enfermedades infecto-contagiosas y que afecciones crónico-degenerativas como diabetes, hipertensión arterial, cáncer y obesidad continúen en aumento. Quizá signifique que la política de educación para la salud ha fallado.

En 1991, en el marco del II Congreso Interamericano Jurídico de la Seguridad Social realizado en la Ciudad de México, el catedrático de Economía y Asuntos Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh, Carmelo Mesa-Lago, aseguraba que el modelo de seguro social obligatorio no funcionaba en los países de América Latina (incluido México) debido a que “no era económicamente viable”.

Mesa Lago recomendaba entre otras medidas reducir el costo de las prestaciones y para ello proponía “eliminar el retiro por edad anticipada y por antigüedad; aumentar la edad de retiro ajustándola a la esperanza de vida en el país; igualar las edades de retiro del hombre y la mujer; eliminar las prestaciones de enfermedad excesivamente generosas; dar prioridad a la atención primaria a la salud sobre la curativa y eliminar o reducir al mínimo las prestaciones sociales”.

En contraparte, el doctor Guido Miranda Gutiérrez, en su momento asesor de la Organización Panamericana de la Salud, indicaba que las instituciones de seguridad social tenían que participar en el desarrollo de un plan integral de bienestar, “enfatizando principalmente las acciones de prevención y fomento antes que la asistenciales”. Miranda vaticinaba que la seguridad social requería un cambio estructural para preparar las respuestas del futuro. Esta situación por desgracia no ocurrió.

Como consecuencia de la aplicación de la corriente neoliberal en México, se produjo un cuestionamiento acerca de las actividades del sector público y las críticas hacia su ineficiencia y burocratismo excesivo. Son famosas las modificaciones a las leyes del IMSS e ISSSTE, las cuales redujeron seguros, servicios y prestaciones y modificaron los Sistemas para el Retiro de los Trabajadores. Además, el presupuesto destinado al rubro de la salud no se incrementó.

Según el estudio “La seguridad social en México. Panorama reciente y costo social 2000-2005”, del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, el gobierno federal, a través del Seguro Popular de Salud, buscaba incorporar a la seguridad social a los trabajadores no asalariados, los autoempleados y desempleados, así como a sus familias. Este seguro pretendía proteger al 57.8 por ciento del total de la población no asegurada por alguna institución de seguridad social, como el IMSS o el ISSSTE. Para enero de 2004, este sistema esperaba integrar anualmente a este nuevo esquema al 14.3 por ciento de la población, “cubriendo en el 2010 a la totalidad de los mexicanos”. El tiempo y la realidad nos han mostrado que el famoso Seguro Popular, no es ni lo uno ni lo otro.

La epidemia y las consecuencias del
abandono del aparato sanitario

Los servicios de salud proporcionados por la federación a través del ISSSTE, IMSS, Secretaría de Salud, ISSEMYM, ISSSTEP, Pemex, CFE, la Secretaría de Salud del Distrito Federal, así como las secretarías de salud estatales, carecen de una estrategia para contingencias epidemiológicas como la originada por el virus de Influenza humana A (H1N1).

Según el representante del Consejo de Salubridad General, Enrique Ruelas Barajas, “México se preparaba desde 2006 para una epidemia de gripe aviar”. Sin embargo, en los hechos, el destino nos alcanzó.

La danza de cifras de los casos “confirmados”, “probables” y “sospechosos”, de padecer Influenza Humana proporcionada por el Secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, dio rienda suelta a la falta de credibilidad en el gobierno federal aunada a la vergüenza internacional. Y todo por dejar de invertir en la salud.

Según la Asociación Internacional de Seguridad Social, 50 por ciento de la población mundial vive sin protección alguna de la seguridad social. La epidemia de la Influencia Humana ya recorre el mundo. Si es detectada a tiempo, la enfermedad es curable, la cuestión es que los servicios de salud son insuficientes.

 

Colaboradores

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