Heroica Tijuana PDF Imprimir E-mail

Por: Edgardo Leyva

Dos meses después de que el pueblo de México con Francisco I. Madero al frente, se levantara en armas para derrocar la dictadura del General Porfirio Díaz, un grupo armado atacó y tomó Mexicali dando el paso inicial de lo que hoy conocemos como la Invasión de 1911. Próximamente estaremos celebrando el día en que los aventureros y forajidos que llegaron de los Estados Unidos para fundar una república independiente en Baja California, tras rendirse a sus aguerridos defensores, abandonaron suelo mexicano por la frontera de Tijuana.

José María Leyva, homónimo del médico militar veracruzano que luchó contra la intervención americana en 1914 y el inmortal Cajeme, venía al mando de estos mercenarios, en su gran mayoría soldados de fortuna extranjeros, que decían ser socialistas, anarquistas, miembros del Partido Liberal Mexicano y del Sindicato de Trabajadores del mundo. Acusado de incompetencia militar por sus tropas, Leyva deja el mando para incorporarse a las fuerzas de Madero en el interior del país quedando la expedición a las órdenes de Caryl Pryce y de Francisco Vázquez Salinas con las consecuentes diferencias de opinión y objetivos que pronto hicieron a Pryce dejar la plaza para unirse con el contingente de John Mosby y ocupar Tecate.

Aunque el plan original consistía en avanzar sobre Ensenada, Pryce convenció a Mosby de apoderarse de Tijuana, entonces pequeña población fronteriza que vivía principalmente del turismo que llegaba del vecino Estado de California. La batalla de Tijuana, el 9 de mayo, duró más de 16 horas y los defensores del gobierno mexicano tuvieron que retirarse derrotados. El Subprefecto de Tijuana, José María Larroque y el cabecilla invasor Sam Woods, entre otros, resultaron muertos en la refriega. El Teniente Miguel Guerrero del Ejército Federal Mexicano fue gravemente herido. Casi todos los tijuanenses huyeron al sur o cruzaron la frontera para refugiarse en el vecino país quedando sus hogares abandonados al saqueo de los intrusos.

Ya en poder de la plaza, el General Pryce declaró a la prensa que el 20 por ciento de sus subordinados era de origen mexicano, el Capitán C. W. Hopkins estimaba que realmente se trataba sólo de 5 por ciento. Lo cierto es que casi todos eran angloamericanos. Pryce apostaba, además, que en menos de tres meses la bandera de las barras y las estrellas de los Estados Unidos de América ondearía en Baja California.

Richard "Dick" Wells Ferris, un actor retirado que había pedido meses antes por telegrama a Don Porfirio Díaz que, en virtud de la incapacidad de su gobierno para defender Baja California, se la entregara para constituir una república independiente, visitó con su esposa el campamento invasor. Organizó un festival para celebrar su victoria y cuando Pryce se vio forzado a salir del país, el primero de junio, por violar la neutralidad, se autodesignó general en jefe del ejército y pidió a los soldados que olvidaran el socialismo para abrazar el capitalismo. Diseñó una bandera con dos barras y una estrella blanca y la izó en el edificio de la Aduana  proclamando la nueva República de Baja California y a él mismo su Presidente.

El golpe de audacia de Ferris fue muy comentado por los medios de difusión en los Estados Unidos y dañó seriamente la imagen del movimiento armado al que el gobierno mexicano había señalado como filibustero. El General Jack Mosby accedió al mando del ejército invasor y trató de que su lucha y sus soldados adquirieran apariencia respetable: desconoció a Ferris y sus actos, prohibió los juegos de azar, impuso la Ley Seca y estableció a Pío Araujo como Vocero Oficial del movimiento pero los cambios no duraron. Araujo regresó a Los Angeles por causa de los pleitos y balaceras entre los rebeldes así como por su indisciplina y desprestigio al practicar la subasta de bienes ajenos.

El gobierno provisional de Francisco I Madero, que se instaló al renunciar Don Porfirio Díaz a la Presidencia de la República, envió emisarios a Baja California para que pactaran la retirada de los rebeldes pero, aunque hubo pláticas y negociaciones para que salieran de Tijuana, como sucedió en Mexicali, no llegaron a un acuerdo. Se les ofrecieron diez dólares por persona pero ellos reclamaban cien por cabeza más los 160 acres prometidos cuando aceptaron sumarse a la aventura.

Mientras tanto, en Ensenada el Coronel Celso Vega, Jefe Político y Comandante Militar del Distrito Norte de la Baja California, estaba listo para ejecutar un plan de ataque para derrotar y castigar a los rebeldes. Contaba con efectivos militares y voluntarios del pueblo bajacaliforniano para lograrlo. Más de 550 hombres formaban el Ejército Mexicano que castigó con las armas este intento, planeado y financiado en los Estados Unidos, para separar de México a la Baja California en el que participaron, al lado de una evidente mayoría de extranjeros, algunos mexicanos traidores a su Patria.

Entre las páginas de la historia de Tijuana ocupa un sitio especial el recuerdo de sus valientes defensores que en 1911 entregaron la vida antes que permitir que una bandera extraña ocupara el lugar de la nuestra y que victoriosos, el 22 de junio, vieron a los "filibusteros", con sus jefes y sus muertos, marchar de regreso a su país.

¡Honor a ellos!

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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