¿Fin a los paraísos perversos? PDF Imprimir E-mail

Por: Aquiles Medellín Silva

En plena crisis económica y financiera, los políticos se han sentido obligados a gesticular de cara a la sociedad y a mostrarse "enérgicos" en el anuncio de estrictas y severas medidas contra los paraísos fiscales. Incapaces de encontrar soluciones a la recesión más importante desde la gran depresión del 29, los líderes del G-20 consideraron conveniente la amenaza y el ataque más furibundos dirigidos a un chivo expiatorio que, de pronto, asumía las culpas de una catástrofe causada por otros. Se ha desencadenado, pues, una auténtica ofensiva de cruzada o de Guerra Santa contra los paraísos fiscales que, en realidad, es una manifestación evidente de hipocresía y cinismo.

Tan sólo recordemos que el panista Vicente Fox autorizó a Roberto Hernández dueño de Banamex, no pagar poco más de 3 mil millones de dólares al fisco mexicano. ¿Hubo cárcel? No, qué va, el panismo gobernante es auténtico paraíso de defraudadores y pillos de cuello blanco en México.

Primero, esos santuarios, refugios o escondites (esto es lo que significa tax haven, no confundir con tax heaven, que sí podría traducirse como cielo o paraíso), fueron creados y han sobrevivido gracias a la iniciativa, el apoyo o la tolerancia de países grandes y gobiernos como los que padecemos desde hace 22 años.

Los piratas y contrabandistas siempre han existido, pero sus actividades quedaban fuera de la ley. En cambio, los refugios fiscales tienen la base de un Estado pequeño o grande. De Mónaco, Somerset Maugham dijo que era un lugar soleado para personas sombrías. Sin embargo, a la hora de la verdad, las grandes potencias han utilizado siempre los santuarios como válvula de seguridad y como instrumento para sus empresas.

Si dejamos de lado el dinero del crimen organizado (narcotráfico, prostitución, corrupción política, terrorismo, etcétera), el cual hay que perseguir y erradicar, veremos que el secreto bancario y la evasión tributaria se aplican incluso en los países que ahora reclaman su persecución. En Londres, por ejemplo, los non dom, o sea, los depositantes de grandes fortunas, quedan eximidos de declarar y tributar por su dinero. Existen también islas-refugio en territorio británico, como Guernsey, Jersey, Man o las del Caribe, con miles de sociedades domiciliadas.

En la lista de paraísos de la OCDE figuran países miembros de la UE, verbigracia, Luxemburgo, Bélgica y Austria. No constan, a pesar de que también lo son, Delaware, en EU, Hong Kong y Macao, en China. Singapur representa la mitad del volumen de banca privada y gestión de patrimonios de Suiza. Queda, claro que todo este estado de cosas respondía a una voluntad generalizada de tolerar permisivamente prácticas que se condenaban de cara al exterior y con la boca pequeña, mientras se sucumbía a la tentación de hacer exactamente lo mismo dentro del territorio propio, o sea, onshore. Ya presenciamos las grandes devoluciones de dinero a oligarcas, monopolios y oligopolios en los tiempos del PAN gobierno, la versión más perversa de este replanteamiento es la que cada vez más se aplica en México y que consiste en situar los santuarios onshore.

Como consecuencia, este es el país en vías del desarrollo donde los ricos pagan menos impuestos y más fácilmente pueden eludirlos legalmente gracias a refugios tributarios creados por los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox y Calderón a favor de los beatos poseedores del 75 por ciento de la riqueza nacional. Todas las llamadas a la solidaridad, justicia social, redistribución de la riqueza o a la progresividad de los impuestos han terminado en un sistema donde las rentas del capital tributan 18 por ciento, mucho menos que el destinado a gravar las rentas de los asalariados.

Los beneficios de las empresas pagan tipos 30 veces más altos que los de las inversiones en valores mobiliarios. Los partícipes de las sociedades de inversión de los grandes patrimonios no pagan prácticamente nada, y el conjunto del régimen tributario está lleno de tarifas reducidas, bonificaciones o exenciones para determinados monopolios, oligopolios y oligarcas privilegiados o grupos de presión que consiguen siempre que los poderes públicos les hagan el traje a medida (para esto tienen de empleados al Congreso de la Unión y la Suprema Corte). Los partidos políticos sirven de mero trámite para favorecer a compadres, socios, amantes, esposas, hijastros. Todos caben en la misma olla. Pobre México.

El tratamiento de preferencia que reciben los dos grandes monopolios de la televisión y, por contraposición, cómo los dueños de equipos profesionales de futbol no pagan impuestos, mientras que a los pequeños y medianos empresarios se les aplica con todo el rigor, igual que las alzas a gasolina, diesel, peaje en autopistas, aeropuertos, que se carga al bolsillo del ciudadano común, cumplidor y puntual de sus tributos al Estado.

¿Es normal que los dueños de la banca en México, por cada peso que ingresa por venta de petróleo envíen a sus matrices en el exterior dos pesos rindiendo plusvalías astronómicas fuera de México, no cotizan ni reinvierten en este país aguantador de todo? ¿O que Vicente Fox haya autorizado no pagar impuestos al dueño de Banamex, Roberto Hernández a cambio de que este le entregara favores $$, mientras los asalariados, en lugar de un Dalí o un Tàpies, tienen que pagar en dinero y si no cárcel?

No se explica de otra manera que Vicente, Martita y los hijastros Bribiesca vivan igual o mejor que en las petro-monarquías. O que en plena crisis, y mientras los obreros tienen que apretarse el cinturón, el gobierno del cambio decrete que los banqueros y sus familias (sic) pueden declarar como ganancias del capital las retribuciones que se autoadjudican y que para el común de los mortales, tributan o cárcel. Más caro y claro, solamente el agua de la Rumorosa. En fin, que aquí seguimos cometiendo el pecado contra el Espíritu Santo de los azules que es "defraudar al mexicano en su jornal diario". Y que si es verdad, y no cinismo, que el gobierno quiere luchar contra los refugios fiscales y hacer justicia, pues que empiece suprimiendo las normas en las que se ocultan los ricos aquí en nuestro país, en lugar de escudarse en un pretendido combate contra los paraísos extranjeros a fin de que todo siga igual, dado que, al fin y al cabo, el dinero es un ave migratoria. Si el Gobierno quiere luchar contra los refugios financieros, que empiece suprimiendo las trampas de aquí.

¿Alguna reflexión final? Es curioso que las víctimas de estos regímenes al servicio de monopolios, oligopolios y oligarcas no despierten tantos movimientos de solidaridad con los pobres de la tierra. Sé que mi punto de vista es ingenuo para algunos.

¿No son los dictadores financieros y el FMI los grandes culpables de la indigencia que campea en media humanidad? ¿Y quién tolera (y por qué) esta expoliación sistemática por parte de un puñado de piratas privilegiados? La buena voluntad para ayudar a las poblaciones desvalidas,

¿cómo se hace compatible con aceptar respetuosamente a quienes practican la opresión? ¡Cínicos!
 

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
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Aquiles Medellín Silva
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Héctor Mares
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J. Ignacio Carlos Huerta
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María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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