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Por: Arturo Geraldo González Un panorama desolador
Millones de mexicanos no tienen siquiera los recursos más indispensables para atender sus necesidades familiares, ante un panorama desolador agravado por el pánico con la posible nueva epidemia. Observamos que las autoridades no atienden debidamente las demandas del pueblo; se ha formado una casta gobernante que vive únicamente para hacer los grandes negocios a la sombra del poder. No siente ningún compromiso moral con la ciudadanía porque la considera un conjunto de seres anónimos que no merecen ninguna consideración. Para la clase política, el pueblo no deja de ser una masa informe que grita, protesta, padece, vocifera, pero no pasa de allí, siempre termina resignándose a su suerte, pues si se pasa de la raya, tienen a las fuerzas armadas, para someterlos al orden a punta de culatazos sin importar que haya unos cuantos muertos y heridos, para que sirvan de escarmiento. Que sepan que con el gobierno no se juega y en caso necesario, se encarcela a los líderes; se les inventan todos los delitos que se ocurran y los condenan a cien años de prisión para que no tengan la oportunidad de recuperar su libertad en mucho tiempo. Así se las gastan. Esa es la democracia que respiramos en México. Mientras tanto, los políticos se pasean por todo el mundo gastando irresponsablemente el dinero de los contribuyentes, sin importarles en lo más mínimo las críticas de unos cuantos periodistas ilusos que todavía piensan que el periodismo bien entendido puede servir para normar la conducta de los funcionarios enriquecidos con los fondos públicos. Todo se puede hacer en un mundo globalizado donde los poderosos imponen su criterio, porque las leyes las hacen ellos a través de sus diputados y senadores que obedecen sumisamente sus instrucciones y que siempre están prestos para cumplir las órdenes que les dictan sus patrocinadores. Esa es la realidad. Vivimos inmersos en un sistema donde los valores morales están sometidos al interés de unos cuantos saraguatos que mueven el tinglado aprovechando la fuerza incontrastable del dinero que logran acumular a la sombra de las instituciones prostituidas que tenemos.
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