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Por: Manuel Suárez Soto Antes hermanos, ahora ¡ni amigos! Transfigurado el rostro, alterado el ánimo, agresiva la palabra. Tal es el retrato del Presidente Felipe Calderón ante los medios de comunicación mexicanos, al reprochar al gobierno de Haití el haber rechazado la ayuda enviada por su gobierno a aquel país con motivo de la llamada emergencia sanitaria. Seguramente el Primer Mandatario mexicano consideró que con la ayuda daría un cariz menos dramático a una crisis de difusión que ya se acusaba descontrolada dentro de México. La acción sería un apoyo más para su gobierno, pues las grandes televisoras tomarían el acto como donación “desinteresada” por parte de un país que sufría una crisis tan “grave” como la que se pregonaba con tanta fuerza, y a pesar de ello, contaba con aliento para ayudar a otros pueblos. Le falló. De qué tamaño debió ser su contrariedad por el incidente, que el Jefe del Ejecutivo no titubeó al insultar a todo un pueblo: “en Haití se mueren de hambre, pero no de influenza”, en tono de insólita ironía. Y es que México fletó un barco de la Armada con medicinas y alimentos para aquel país caribeño y sin previo aviso se hizo a la mar, sin contar con que allá no sólo el hambre es uno de sus graves problemas, sino también la ignorancia y la desinformación. Este incidente y tal vez otros de menor importancia, como la expresión de la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández, cuando consideró a México como el “hermano enfermo” (por la influenza humana) y el caso de los equipos mexicanos de fútbol a los que no hubo país latinoamericano que les permitiera jugar en su canchas, por el momento serían suficientes para hacer un pequeñísimo balance de cómo el otrora prestigio internacional de nuestro país se arrastra por los suelos. Desde la llegada de Vicente Fox al gobierno, inició un deterioro mayor (germinado con Zedillo), y tuvo una de sus crestas más altas en Monterrey, con la grosería al Presidente cubano, Fidel Castro, con el “comes y te vas”, para quedar bien con su patrón George W. Bush. Es ocioso enumerar los desaciertos en materia diplomática tanto del inmediato anterior como del actual presidente mexicanos. Bástenos saber que en la actualidad dejamos de ser respetados como el “hermano mayor”, como solían llamarnos, debido a la calidad de nuestra política internacional, basada en el respeto y la autodeterminación de los pueblos, en fiel concordancia con el paradigma juarista plasmado en la Doctrina Estrada. (“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz"). Al paso que vamos, pronto nos quedaremos no sólo sin hermanos menores en Latinoamérica, sino hasta ¡sin amigos!
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