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Por: Pedro Ochoa

  • A quince años de la muerte de Colosio

Como decía el expresidente Adolfo Ruiz Cortínez, “no creo en los chismes, creo en las coincidencias”. Así la historia que hoy me decido a relatar. Está llena de hechos azarosos sobre la muerte de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la Presidencia de la República hace quince años, el 23 de marzo de 1994, en Lomas Taurinas, Tijuana, Baja California y dos textos, uno publicado por Alfaguara, La Tragedia de Colosio de Héctor Aguilar Camín, y otro mío inédito, LDC: Los Días Contados.

Inicié acopio de material relacionado con el crimen de Colosio exactamente un día después de lo ocurrido. Desde ese momento reuní periódicos tanto locales, como nacionales y extranjeros. Quizás un año más tarde tracé el proyecto con la metodología. Posteriormente decidí que ante un caso que se había polemizado tanto en la opinión pública y que había generado tal cantidad de hipótesis tan contradictorias entre sí, los únicos que podían contar una historia que fuera más o menos apegada a los hechos eran los propios actores, testigos y personajes centrales del caso, pero, en sus propias palabras formando una línea narrativa colectiva. Es decir, que un testimonio condujera al siguiente para complementarlo o contradecirlo, pero que tuviera relación con el mismo hecho, circunstancia o personaje en cuestión. Un poco, como decía Octavio Paz, ir en búsqueda de la construcción colectiva de la verdad.

Consideré que la manera ideal sería creando una narración que resaltara las vivencias y omitiera un poco las opiniones, dando relevancia al hecho contado sobre el análisis. El resultado fue una crónica a varias voces, una “polifonía de personajes reales”, como dijo alguna vez un amigo.

Concluí LDC, los días contados, entre 1998 y 1999. Hice llegar el texto a la editorial Alfaguara; un amigo lo entregó directamente a Sealtiel Alatriste, director de la citada editorial. Coincidentemente, en 1999 Alatriste visitó Tijuana para dar una plática en el Centro Cultural Tijuana. Tuve una conversación con él y básicamente me dijo dos cosas: que la estructura del libro hacía difícil su lectura y que en ese momento al lector le interesaba más la elección del 2000, por lo que la publicación no era posible, según la propia opinión de Alatriste.

Cuál fue mi sorpresa en 2004, coincidiendo con los diez años de la muerte de Colosio, al ver publicado por la propia Alfaguara La Tragedia de Colosio del escritor Héctor Aguilar Camín, libro que coincide con la metodología, redactado con base en citas muchas de ellas similares, ritmo narrativo, secuencia de voces y razonamiento general de la compilación, que no pretende encontrar conclusiones sino relacionar declaraciones de personajes vinculados, para que sea el lector quien arme el rompecabezas y juzgue.

Como muchas personas habían conocido mi texto, de hecho se habían publicado avances en algunos medios locales en diferentes años (Tijuanametro, El Mexicano y Frontera), las reacciones no se hicieron esperar. Mario Ortiz Villacorta, Cronista de la Ciudad de Tijuana, publicó el artículo ¿Plagiario Aguilar Camín? (Frontera, 14/06/2004), en el cual realiza un análisis de mi texto y lo confronta con el publicado por Alfaguara. El periodista cultural Jaime Chaydez citando a Ortiz Villacorta cuestionó personalmente a Aguilar Camín sobre el conocimiento de mi libro, a lo cual éste solamente respondió con cierto asomo de cinismo ¿cómo se llama el libro de Pedro?

A finales de 2004 me entrevisté con el director de Prisa en México, Antonio Navalón (y entonces también director del fallido proyecto Tijuana: la Tercera Nación) a quien expliqué ampliamente el caso. Navalón se ofreció a investigarlo, sin que a la fecha haya obtenido respuesta. En mayo de 2005, con estos argumentos y otras semejanzas, dirigí una carta a la actual directora de Alfaguara, Marisol Schultz, quien jamás me respondió.

Mi caso pareciera coincidir con el de Teófilo Huerta Moreno, quien acusa a Alatriste y Alfaguara de haber incurrido en algo muy similar. Tal y como lo señala Huerta: “Sealtiel Alatriste al encabezar anteriormente Editorial Alfaguara en México (Santillana), organizó en 1997 junto con el diario Reforma el concurso de cuento triste en el cual obtuve con la narración “La mujer rojinegra” una mención honorífica. A partir de la premiación entablé contacto con la editorial y presenté el resto de mi obra para su evaluación y posible publicación. Nada sucedió. Posteriormente Sealtiel Alatriste fungió como diplomático en Barcelona con una gran cercanía de las Islas Canarias donde radicaba José Saramago. Casualmente la relación entre los dos escritores se afianzó y no fue nada difícil sustraer de los archivos de la editorial mi cuento “¡Últimas noticias!” para que sirviera de inspiración al afamado Nobel y desarrollara “Las intermitencias de la muerte”.

A quince años de la muerte de Colosio me quedan claras dos situaciones: Mario Aburto Martínez asesinó al candidato del PRI y está sentenciado por ello. Alfaguara y Aguilar Camín, están en calidad de sospechosos por haber violado mi derecho autoral.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
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Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
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Jaime Martínez Veloz
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Oscar Rivera
Pedro Ochoa
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