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(Carta a mis amigos) Por: Jaime Martínez Veloz Por este medio hago de su conocimiento que he presentado mi renuncia al cargo de Coordinador General de Copladem y me integro de lleno a los trabajos de pacificación en el estado de Chiapas, con los que he estado involucrado desde 1994. Como otras decisiones que he asumido, ésta no resulta fácil ni sencilla, pero tiene una enorme trascendencia en mi vida. Desconozco cuánto tiempo me ausente de la vida política en Tijuana, pero será necesario para contribuir a llevar a buen puerto el proceso de negociación entre el EZLN y el Gobierno Federal. Estoy convencido a plenitud que las causas que originaron el conflicto chiapaneco son justas y tienen hoy más que nunca, plena vigencia. No obstante, seguiré apoyando ante las instancias nacionales que correspondan, todas las iniciativas ciudadanas y los proyectos que las instituciones y la sociedad civil tijuanense me solicite. Me llevo en el alma todas las acciones realizadas en esta noble y valerosa ciudad. Cada una de mis actividades las realicé a plenitud, con el mejor de mis esfuerzos y el mayor de mis cariños. Estoy satisfecho de mis triunfos y también de mis derrotas. En ambos casos aprendí a valorar lo que cada uno significa. No fue sencillo, pero con sinceridad les digo, que mi decisión la tomo mirando de frente a cualquier ciudadano y sobre todo a mis hijos, que son mi principal preocupación. No me llevo nada material, vivo en el mismo departamento desde que llegué a Tijuana, no tengo dinero ni lujos, pero me sobran amigos, compañeros del alma, y capacidad y entereza para enfrentar el futuro. Quisiera nombrarlos a cada uno de ustedes en esta carta, pero es una lista muy larga y no quisiera cometer el error de dejar de mencionar a alguno. Pero quiero decirles que con cada uno de ustedes aprendí algo o disfruté alguno o muchos momentos de mi vida en Tijuana. Eso fortalece el alma y reanima el espíritu. En medio de una ciudad donde abunda la confabulación entre los intereses de los grupos delictivos y el quehacer político, rechacé cualquier ofrecimiento al margen de la ley. En su momento preferí perder algunas batallas al lado de mis amigos, que ganar al lado de indeseables. El clima de inseguridad que priva en la ciudad no es casual, sino la expresión de un largo y profundo proceso de descomposición política, social y económica. Estoy convencido que mientras esto persista, la negra noche de la inseguridad e incertidumbre será aún más larga y dolorosa. Las decisiones que adopté, las asumí convencido; de ninguna me arrepiento. De todas ellas, lo único que lamento es no haber tenido el tiempo suficiente para explicar a cabalidad a los miembros de base del PRI, las causas de mi renuncia a ese partido en el año 2002. Tengo claro que la formación tradicional de un partido de decisiones verticales y formado desde el poder (el cual me empeñé en transformar acompañando en su propósito a Luis Donaldo Colosio) no brindaba las condiciones adecuadas para un análisis de fondo, que permitiera discutir y reflexionar sobre las causas que motivaron mi renuncia a esa organización política, a la cual ya no pertenezco pero sé que cuenta con un activo importante de cuadros para acompañar los procesos de transformación del país. En mi corazón llevaré siempre con enorme satisfacción, la alegría, decisión y entereza de la base social tijuanense del PRI, la que vive en las colonias proletarias, con las que trabajé con intensidad y cariño durante más de una década. Ellos saben que siempre podrán contar conmigo. En esta última responsabilidad al frente de Copladem, desempeñé mis tareas con discreción, alejado de cualquier protagonismo. Desarrollé los proyectos que considero pueden ser la base para formular una nueva arquitectura institucional del Municipio; sin embargo, por el aprendizaje obtenido en las aulas pero sobre todo, con la experiencia adquirida en los procesos sociales en los que he participado, tengo claro que cualquier rediseño estructural de las instituciones, debe producirse a partir de una plena disposición y compromiso de todos los actores y sectores que conforman el colectivo que se pretende transformar.
Reconozco que en este sentido han existido esfuerzos importantes, pero por la propia dinámica social que me ha correspondido conocer, creo que todavía falta mucho para que esto se produzca. Acepté el reto de participar en una administración con un signo distinto al que me identificó desde mi juventud, porque Tijuana reclama un esfuerzo mayúsculo y plural para enfrentar los enormes desafíos de su futuro y al mismo tiempo, quizá por un desafío interno, para demostrar a quienes han denostado y descalificado a los sectores de izquierda como opción de Gobierno. Reconozco que en la trinchera que milito hemos tenido muchos errores y hemos cometido en ocasiones, acciones que nos han alejado de los electores, pero también tengo claro que existen muchísimos cuadros con experiencia y capacidad para desarrollar y dirigir las actividades institucionales. No ha sido la izquierda la que ha desprestigiado las instituciones, sino una forma de hacer política, donde los intereses de unos cuantos se han privilegiado sobre los de las mayorías. Por ello estoy convencido que más temprano que tarde, una izquierda renovada, sólida en lo político y profesional en lo técnico, será opción de Gobierno en este rincón de la patria donde se condensa lo mejor y lo peor de nuestro país. Muchas cosas faltan por venir y muchos retos están por delante. Desde donde me encuentre saben que siempre podrán contar conmigo.
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