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Por: Lic. Enrique Méndez Álvarez - Contrastes e incongruencias
Al arranque del segundo año de administración de José Osuna Millán surgen contrastes que dejan ver que no se ha tomado en serio el rumbo de un gobierno que ofrecía muchas expectativas para beneficio de los diversos sectores de la población. Por un lado, se inauguran obras y servicios públicos que van beneficiando con rapidez y eficiencia a colonias sumamente alejadas y olvidadas por anteriores gobiernos. Por otra parte, el rezago en la procuración e impartición de justicia, así como en materia de inseguridad, simplemente dan a entender que no hay voluntad política para abatir estos aspectos que tanto agobian al pueblo. Pareciera que al mandatario que ha sido alcalde y diputado federal, le hacen falta funcionarios duchos que realicen sus tareas con sensibilidad para que vayan resolviendo lo que más preocupa y afecta tanto a pobres como a pudientes. Lo que viene sucediendo sobre todo en los rubros de inseguridad e investigación de delitos, no se ha logrado mejorar y esto lo dicen tanto empresarios como trabajadores. Ante este panorama emerge un inminente riesgo de que el partido en el poder sea descalabrado en el proceso electoral de este 2009; algo que ha ocurrido en recientes comicios de varias entidades del país. Que se atiendan colonias marginadas llevando servicios de agua potable, drenaje, pavimentación y reconstrucción de vialidades, no parece ser lo que más agrada a una sociedad que reclama tener calles por las que pueda transitar con seguridad. Recientemente se publicó que los principales funcionarios del gabinete estatal incluyendo al economista Osuna Millán, gastan - y gastan mucho - en lujosos hospedajes, degustando manjares y viajando a costo del dinero del contribuyente. Situaciones como estas deben ser corregidas simplemente para utilizar esos recursos en gastos de escuelas primarias, medicinas para quienes viven en extrema pobreza y en becas mensuales a centenares de familias que apenas pueden comer dos veces al día. En fin. Como expresa la propia población, que con su "pan se lo coman" pero luego no anden espantados rogando al electorado que les responda en las urnas.
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