Dos vivencias PDF Imprimir E-mail

Por: Aquiles Medellín Silva

    Nació en Cuba y enriquecido en México: el danzón, rey de los bailes finos de salón. Lento y sensual; cadencioso y elegante. Este son caribeño reúne cada fin de semana a millares de parejas añosas en plazas recoletas de las ciudades de todo el país. Tijuana no es la excepción. El danzón mantiene esa ilusión que no se guarda en el armario con los zapatos de medio tacón, el sombrero fino, los trajes claros o la guayabera. Crea mundos y ensueños como los que la realizadora María Novaro y la actriz María Rojo recrearon años atrás en la película que lleva su nombre, Danzón.

    ¿Por qué muchos cafés, heladerías, restaurantes o colmados llevan en México el nombre de Nereidas? Incluso en los llamados antros se deja escuchar el danzón. No por las ninfas griegas del mar - por cierto -, sino porque así Nereidas, se titula el danzón más popular, el rey de los danzones. Su compositor Amador Pérez, Dimas, predijo: "...Vendrán ritmos modernos, pero el danzón nunca morirá". En Veracruz se baila en la Plaza Central con las mejores orquestas especializadas o danzoneras, y escuelas enteras de niños lo aprenden desde pequeños en el callejón de La Campana.

La vieja plaza de La Ciudadela en la Ciudad de México casi ha perdido ese nombre fortificado para convertirse en la Plaza del Danzón, dentro del también “bailable” lenguaje popular. Allí se reúnen los fines de semana centenares de abuelitos, damas y caballeros en edad de plenitud al ritmo del cadencioso danzón. Ellas y ellos dispuestos a degustar en sólo un metro cuadrado el ritmo caribeño, con ligero cimbreo de caderas que detienen a curiosos y calientan hasta los frentes fríos de la temporada invernal. Quienes pueden, repiten a media semana en alguno de los cuatro salones de baile aún en pie en la ciudad tradicional, la capital azteca: Colonia, Los Ángeles, California y Riviera.

    Hace medio siglo existía en México una veintena de grandes palacios de baile que poco a poco fueron cerrando, después que el regente -o alcalde nombrado por el presidente- Ernesto Uruchurtu diera término de un plumazo con la brillante vida nocturna que caracterizaba a la capital. El llamado Regente de Hierro decretó: "Deben cerrarse los establecimientos a la una de la mañana para garantizar que la familia del obrero reciba su salario y que no se dilapide en centros de vicio el patrimonio familiar". Tras una época de letargo, el baile renació en la calle. Los emigrados veracruzanos enseñan su danza en plazas de Chicago o Los Ángeles, en EU. Hace unas semanas, un millar de parejas bailó danzón en el Zócalo de la Ciudad de México, en un intento de crear un récord Guinness en la materia. La pareja bailando frente a mí se casó hace poco tras años de viudez y práctica del lento, rítmico, sensual y elegante acercamiento llamado danzón.

    Para mostrar cómo han cambiado los tiempos -y lo que pueden mejorar si él llega a ser Presidente-, el alcalde Marcelo Ebrard se presentó hace días a La Ciudadela y entre baile y baile anunció el reparto gratuito de Viagra y otros estimulantes sexuales para más de 100 mil ancianos de la capital con disfunción eréctil, pero quienes a decir de Ebrard "...tienen derecho a una salud integral y a una vida sexual plena, para su felicidad y para una mejor calidad de vida". Aplausos, chistes y risas premiaron la iniciativa que convirtió aún más cachonda esa tarde de danzón invernal .

    En otra región del mundo, Iro no puede evitar las lágrimas; le emociona el silencio, la unión de la gente, todos contra el poder. Es el funeral de su Che Guevara, su Ho Chi Minh: el adolescente de rizos negros Alexi Grigoropulos, quien para la joven Iro y muchos estudiantes griegos se ha convertido en el mártir de la rebeldía y ha encendido la chispa de la revuelta política. Y eso a pesar de que Alexi, "un chico educado" según sus vecinos, fue un adolescente a quien gustaba la música punk y el hip-hop. El joven vivía en el barrio acomodado de Paleo Faliro y el día que lo asesinó la policía saló "para ir de fiesta", según contaron sus amigos a la prensa griega.

    Iro asiste al primer curso de Educación Física en la Universidad de Atenas. Ahí es donde los jóvenes griegos viven su eclosión política; tal es el sitio donde la joven con cara enrojecida por el llanto y la frustración decidió unirse al colectivo Estudiantes Contra el Sistema.
Los centros de educación superior de Grecia se han convertido en verdaderos hervideros políticos donde un día sí y el otro también, se organizan huelgas y protestas. Las fachadas lucen cubiertas de graffiti y de grandes pancartas. Los pasillos se encuentran repletos de mesas con propaganda de distintos grupos políticos.

    “La situación es muy mala y si no luchamos no va a cambiar", afirma Iro casi en susurros. Los padres de la chica son empleados de una empresa privada pero la familia está ahogada por las deudas con los bancos, como la mayoría. Los hogares griegos debían en julio de 2008 por concepto de hipotecas y préstamos al consumo, 100 mil millones de euros, 20 por ciento más que al inicio de ese año.

    La entrada a la universidad pública es difícil debido a los exámenes de acceso. Muchos padres gastan entre 400 y 500 euros al mes en academias privadas para preparar a los estudiantes para la selectividad. Invierten ese dinero a pesar de su situación económica, para que sus hijos al salir de la universidad puedan encontrar un buen trabajo. Pero la situación es muy diferente. El costo de la vida en Atenas, según un estudio de The Economist, se acerca en un 90 por ciento al de Nueva York ¿Qué te gustaría hacer en el futuro? "Me conformaría con encontrar trabajo", contesta Iro. "En Atenas aún es más fácil; los jóvenes de pueblos y ciudades pequeñas tienen menos futuro porque no quedan fábricas y se ha acabado con la agricultura. Muchos griegos van a estudiar fuera porque aquí ya no hay futuro”, asegura. "Así que hay que salir a la calle para que el gobierno respete nuestros derechos".

    Sobre la violencia y destrozos causados por algunos manifestantes, Iro afirma: "Quiero que salgamos a la calle pacíficamente, pero puedo entender lo que ha sucedido; es la rabia. La gente está muy enfadada". No teme que el gobierno envíe a más fuerzas a reprimirles o que tome medidas extraordinarias: "No se atreverá; ahora nosotros tenemos el poder, no ellos".

    La joven no quiere mostrar su rostro en las fotos. En la pancarta que lleva sujeta entre su chaqueta de punto y la mochila rosa se lee: "Nos roban las vidas, persiguen a los inmigrantes, no dan dinero a la educación, dan dinero a la policía, matan estudiantes... ¡Echemos abajo este gobierno de asesinos!". "Si esta vez logramos hacer dimitir al gobierno con la lucha, el próximo no se atreverá a hacer lo mismo", concluye Iro con un brillo de esperanza en los ojos: "Si los trabajadores se unen a los estudiantes, entonces venceremos". Con protestas despidieron 2008 los griegos ¿2009? Vendrá mejor. 

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
J. Ignacio Carlos Huerta
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
Páginas Web Tijuana