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Por: Aquiles Medellín Silva En cualquier campo existe una escala de éxitos. Un gran triunfador tiene detrás --antes en el tiempo-- alguien o algunos que se han esforzado con provecho en la misma materia. Pero aquellos pequeños éxitos innovadores, pequeños pero significativos, suelen quedar olvidados cuando aparece alguien que da a la nueva idea una dimensión más amplia y efectiva. Si en alguno de los concursos televisivos en los que se hacen preguntas, el presentador preguntara quién inventó la radio, seguro que se aceptaría como respuesta que fue Marconi. Y no puede decirse que esto no sea cierto. Fue el primero que mandó señales eléctricas a través del Atlántico. Pero no lo habría logrado si, antes, un físico alemán, Hertz, no hubiese hecho experimentos con las ondas radioeléctricas (cuando yo era un niño se hablaba de las ondas hertzianas). Cuando se da un éxito rotundo, público, a menudo es posible encontrar un antecedente, una iniciativa más modesta, pero necesaria para el buen resultado final. He pensado en ello cuando se ha producido el triunfo de Barack Hussein Obama como presidente de E.U. Un triunfo que ha estado precedido por pequeños y sucesivos triunfos de la gente de los afroamericanos en el vecino país. Se ha citado, y con razón, la popularidad de Martin Luther King, su famoso discurso ante una multitud --si no me equivoco, en Washington. Proclamaba que tenía un sueño (I have a dream), y fue asesinado. Por lo menos, pudo hablar públicamente como líder negro. Y pienso en Bessie Smith, cantante de blues de una profundidad de voz y una gravedad expresiva extraordinarias. Tengo un pequeño disco suyo en casa. Murió en la calle porque ningún hospital la quiso admitir cuando estaba grave. Era negra. Y pienso también en la mujer negra --no recuerdo el nombre-- que no quiso levantarse del asiento de un autobús cuando le ordenaron que dejara sentar a un blanco, pero sí me acuerdo del año, 1954, y el lugar, Tennesse. La actitud de aquella mujer marcó para siempre la lucha de los afroamericanos en E.U. Está todo esto, y muchas cosas más, antes del triunfo de Obama. Están los privilegiados campeones de boxeo, y los atletas, y los jugadores de baloncesto, y los grandes músicos de jazz. Pero también están las generaciones de negros anónimos, inteligentes y mediocres, generosos y egoístas, benefactores y criminales, ricos y pobres, felices y desgraciados. Negros anónimos y diversos como, exactamente, blancos diversos y anónimos. ¿Qué reto principal enfrentará Barack Hussein Obama? Por primera vez en casi un siglo, la situación económica global presenta algunos elementos relacionados con los momentos de grandes cambios. A falta de un modelo alternativo económico que suscite la necesaria tensión crítica, como lo fue el comunismo soviético, y sin un marco conceptual que fundamente su futuro, el capitalismo parece condenado a volver la vista atrás para reconciliarse con sí mismo. Tras la muerte de Dios y el desmoronamiento de las utopías, los esfuerzos de los intelectuales se encaminan a vencer el consecuente estado de estupefacción mediante un reencuentro con la historia. Así, el filósofo Tzvetan Todorov sitúa las raíces comunes de Occidente en la vertiente humanista de la Ilustración, señalando que la cuestión no es volver al pasado para poder identificarnos con un proyecto intelectual, político o religioso que el presente nos niega. Eso no sería posible ni deseable. Se trata, siguiendo el debate de los ilustrados, de conocer los ingredientes antiguos para elaborar otra mezcla. Más allá de estas propuestas, el desafío de entender nuestro tiempo a través de la historia se manifiesta de una manera especial en la rehabilitación del género biográfico. En opinión del historiador François Dosse, la biografía es un género híbrido, que se sitúa en la tensión constante entre la voluntad de reproducir un pasado real vivido y la recreación de un universo perdido. Plutarco, el gran maestro del género en la antigüedad, redescubierto y venerado por los renacentistas, compara sus Vidas paralelas con el retrato de un pintor que privilegia unos rasgos frente a otros. La pretensión del biógrafo de dar sentido a una vida presentándola como una unidad coherente es imposible, pero su ilusión resulta necesaria porque incide en la gran cualidad del hombre, su capacidad de autodefinición. Después del largo eclipse de los siglos XIX y XX, la búsqueda identitaria se ha convertido en un terreno fértil donde el historiador, tal y como lo concebía Walter Benjamin, ha de proceder a la deconstrucción de la continuidad de una época para distinguir en ella una vida individual y al mismo tiempo contener esa vida, y hasta un solo momento de ella, en una época entera. Es el reencuentro de la biografía con la historia. Ahora, la Casa Blanca también será la Casa Negra. Qué paradójico, la Casa Blanca que habitará Barack Hussein Obama fue construida con la fuerza de trabajo de esclavos negros traídos de la región de Alabama y Louisiana. Es de esperarse que durante la ceremonia oficial el 20 de enero suene un blues de Bessie Smith, a quien cerraron la puerta blanca de un hospital.
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