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Por: Alberto Lucero Antuna Ese terrible flagelo contra la humanidad que representa el narcotráfico en sus diferentes modalidades en la que el Estado mexicano no da tregua ni descanso a la delincuencia organizada con sus diferentes cárteles, llámese del Pacífico, del Golfo, La Familia y otras más, cuyas actividades las conocemos vía medios electrónicos, es decir, radio, televisión, internet, y por su puesto a través de la prensa escrita, cada día nos enteramos de la osadía de estos barones de la droga que dejan perplejo al ciudadano, que horrorizado por los fusilamientos, como si estuviéramos en la revolución, decapitados y otras muertes violentas, han logrado el nada honroso lugar de aparecer en las primeras planas y en las noticias principales de los diferentes medios de comunicación masiva con la narración de sus nefastas, denigrantes e ilícitas actividades. Ahora bien, en las historias relacionadas a la lucha contra el narcotráfico hay varios capítulos que no están siendo contados. Como bien lo afirma el prestigiado periodista y experto en el tema, Jorge Fernández Meléndez. En realidad no hay una historia completa de cómo fueron detenidos los autores del atentado en la ciudad de Morelia, Michoacán el pasado 15 de septiembre en la celebración del grito de independencia con resultados fatales, ni la detención de una célula clave para la importación de cocaína por parte de grupos colombianos en una casa de lujo en el Desierto de los Leones en la ciudad de México; ni un día después con la detención de un hermano de El Mayo Zambada en la colonia Lindavista en el propio D.F. en las inmediaciones de la unidad Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional, junto con un comando de sicarios compuesto por diez personas, ni la detención en la ciudad de Tijuana de Eduardo Arellano Félix, uno de los jefes del cártel de Tijuana. Tampoco la opinión pública se enteró de cómo se dio la detención de el peligroso sujeto conocido por el alias de El Hummer, peligrosísimo miembro de los Zetas, arresto que se produjo en forma paralela en que se aseguraba por parte del ejército mexicano el arsenal más grande de la historia del país, todo ello en la fronteriza ciudad de Reynosa, Tamaulipas. Y por si fuera poco, la detención de 21 elementos policiacos en nuestra ciudad, incluyendo mandos involucrados con el narcotráfico, el 11 de noviembre, donde se puso en evidencia la gran corrupción en la Secretaría de Seguridad Pública Municipal de Tijuana y de agentes de la policía ministerial, dependiente de la Procuraduría General de Justicia del B.C. Traidores y desleales a la corporación, como lo señaló públicamente el titular del poder ejecutivo estatal, Lic. José Guadalupe Osuna Millán. Todos sabemos de la fuerza corruptora y desestabilizadora del narcotráfico, de su capacidad de generar violencia. Por ejemplo, en Chihuahua, en el pasado mes de noviembre de 2008 pareció vivir una vorágine de violencia de todo tipo, que va desde los asesinatos diarios hasta el incendio de negocios y la advertencia de algunas empresas de dejar la entidad si las cosas continuaban de esa manera. Fuimos testigos por medio de la prensa como 21 jornaleros eran levantados en el violento estado de Sinaloa, que los ajustes de cuentas siguen dándose en distintos puntos del territorio nacional. En todo el país, aprovechando el momento de incertidumbre y temor que se vive, se dan, cotidianamente, extorsiones para tratar de que quien la sufre, pague un dinero para evitar una represalia real o ficticia. Incluso para algunos, en el terreno de la especulación, la muerte de José Luis Santiago Vasconcelos podría ser producto de un atentado del narcotráfico, aunque no se tenga una sola prueba en ese sentido más que la labor del propio José Luis a lo largo de muchos años en la lucha contra el crimen organizado. Todo eso es verdad, pero se debe colocar en un mismo mapa para tratar de darle una interpretación correcta. Si nos basamos en lo que tenemos y aunque no se haya proporcionado información completa sobre ninguno de estos casos, lo cierto es que la alianza que conforman los Beltrán Leyva, con el cártel de Juárez, los Zetas y los Arellano Félix, y otros grupos delictivos, están sufriendo golpes durísimos en su estructura y en su logística. Por ejemplo, la célula colombiana proveedora del poderoso cártel de Sonora y su detención fue precedida de otras que podrían haber dañado seriamente el suministro de droga de Colombia a México para esa organización. Más grave aún, durante los últimos años, los Beltrán Leyva habrían construido una eficiente red de información y corrupción en las áreas federales de lucha contra el narcotráfico que logró ponerlos en aviso en muchas ocasiones de los operativos de la SIEDO en su contra. Esa red, por lo menos en sus elementos centrales ha quedado desarticulada. En ese mismo orden de ideas, los Zetas sufren la captura de uno de sus principales operadores y fundadores, y al mismo tiempo pierden un arsenal con centenares de armas y medio millón de cartuchos. El cártel de los Arellano Félix, como se ha comentado oportunamente, como tal, ya no existe, está dividido en varios grupos entre sí y la detención de Eduardo Arellano acentúa ese proceso. En Tijuana, quizás como en pocos lugares, existían pruebas desde tiempo atrás de que mandos y elementos policiacos no estaban coludidos con el narcotráfico, sino que eran parte integral del propio narcotráfico, y la detención el pasado mes de noviembre de esa veintena de policías y mando lo confirma, pero también le rompe la estructura de operación a una parte de esos grupos. Al mismo tiempo, sus adversarios, el cártel del Pacífico, o de Sinaloa de Joaquín el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada, ha recibido un duro golpe con la detención del hermano de este último y la desarticulación de buena parte de la operación que mantenían para el control del aeropuerto de la ciudad de México como puerta de entrada y salida de drogas y dinero en efectivo. Algunos de los golpes proporcionados a la organización conocida como La Familia, aliada con este grupo también han mermado su capacidad de operación en el valle de México, aunque se sabe que no parecen ser demasiado molestados allá en Michoacán. Unos amigos vienen y otros se van, pero los más especiales, como usted, estimado lector, nos alegran más la vida con sus atenciones y su amistad, por eso, en una fecha tan especial, sin duda significa mucho el enviarles un saludo junto con su apreciable familia, deseándoles una feliz navidad 2008 y que Dios los colme de bendiciones y mucha salud en el próximo año 2009. Gracias por su preferencia en seguirnos leyendo en Panorama de B.C.
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