El secuestro y homicidio de Fernando Martí, un reto al sistema jurídico de México PDF Imprimir E-mail

Por: Alberto Lucero Antuna

Lo peor de los vicios de las corporaciones policíacas y de los malos hábitos de las autoridades afloran en la secuela del secuestro y asesinato del adolescente Fernando Martí. Con el proceso a medias, hubo derroche publicitario para cantar las glorias de una habilidad investigadora con muchos puntos oscuros. El golpe de suerte del caso es que el guardaespaldas Cristian Salmones Flores, dejado como muerto en la cajuela de un auto sobrevivió al ataque y en su oportunidad fue considerado testigo protegido. Custodiado oportunamente en un lugar secreto, pudo identificar sin titubeos a la en ese entonces agente federal perteneciente a la A.F.I., dependiente de la Procuraduría General de la República, Lorena González Hernández como participe en la operación criminal.
Es decir, las nuevas instituciones policíacas, carentes de eficaces mecanismos de selección, capacitación y supervisión de agentes, son vulnerables a la infiltración de presuntos delincuentes, como Lorena, que traman sus redes y emplean equipos, recursos y tácticas oficiales para delinquir, amparados en su doble filiación. En ese orden de ideas, finalmente, el secretario de Seguridad Pública Federal, Ing. Genaro García Luna, admitió que Lorena era miembro activo de la AFI hasta el día de su captura, sin embargo, preciso que no tenía vínculos de ningún tipo con mandos de la Secretaría, cualquiera que sea la atenuante de responsabilidad que ello signifique.
Las autoridades del Distrito Federal, autoras de la impugnación rechazada al principio como falsa, fueron rápidamente felicitadas tanto por García Luna como por el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, en consonancia con la línea presidencial de dar, a la primera oportunidad, lecciones de urbanidad política al gobierno de la ciudad de México.
Más allá de las acedas pugnas entre los responsables de la seguridad en los dos niveles de gobierno, conviene recapacitar en la imposibilidad de dar una lucha efectiva contra la delincuencia mayor con cuerpos de policía infestados de delincuentes. No es que no haya buenos, y hasta heroicos, agentes del orden, pues muchos han muerto en el cumplimiento de su deber, pero todavía sobreviven enclaves del mal que deben ser extirpados.
Hay una ineludible urgencia de acción para tener resultados que no sean productos de la buena fortuna, que también se vale, ni deban esperar los tiempos que pausadamente han de cumplirse como consecuencia del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad para combatir la delincuencia, firmado hace justamente en el mes de agosto. Más que oro, el tiempo es vida.
En ese orden de ideas, el secuestro y posterior homicidio del joven Martí es preocupante porque el contexto de alta demanda social podría implicar que no hubiera los cuidados en las detenciones, sin embargo hay confianza en que el nuevo procurador recién nombrado esté haciendo bien las cosas, él ha dicho en varios medios que tiene amarrada la investigación, y todos esperamos que así sea, de todos modos será un juez quien decida la culpabilidad o no de los acusados.
Así las cosas, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal elaboró el perfil de la presunta secuestradora Lorena González Hernández, supuesta integrante de la banda de secuestradores de La Flor y a quien se le define como El Muro dentro de esa organización criminal integrada por policías y ex policías federales y de la policía judicial del Distrito Federal.
Cuando la verdad mediática suplanta a la verdad a secas, y cuando el juicio mediático sustituye al juicio legal, lo menos que podemos lamentar es el fracaso de política y políticos, del estado mismo.
Y ese fracaso de las instituciones para la persecución del delito y la justicia, vergüenza para una democracia naciente como la mexicana, y no se diga de un gobierno que se dice de izquierda como el de Marcelo Ebrard, lo comprobamos todas las noches en horario triple a de televisión, lo escuchamos en noticieros de la radio y lo leemos en los periódicos, preciados espacios ocupados por increíbles montajes de telenovelas alimentados con abundantes e interesantes filtraciones de basura informativa que distrae, condiciona, engaña, distorsiona o condiciona la atención social sobre tal o cual historia política o policíaca.

 

Colaboradores

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