Confidencial / Septiembre 2008 PDF Imprimir E-mail
Por: Marco Antonio Blásquez
 
Así nací periodista (III)

    A los 18 años quedé dado de alta como reportero suplente de la sección Deportiva de El Universal. La sección se dividía en un Editor (Jorge Escobosa Licona), un Jefe de Sección (Luis Enrique “El Jefe” Parra), un Coordinador de Cierres (Rodrigo Sandoval), Reporteros Titulares (Jorge Plank, Juan Palma, Mario Erasmo Ortiz, Víctor M. Rodríguez Ocadiz) y Reporteros Suplentes (Rogelio Hernández Huerta, Cecilia Romero, Ignacio Ramos, Ubaldo Espinoza, Carlos Juárez y por supuesto Marco Antonio Blásquez).
    Todos teníamos un apodo relacionado con la bebida, aunque no todos éramos afectos a rendirle culto a Baco. Los nombres se deformaban así: “Escovodka”, “Jefe Jarra”, “Rondrigo”, “Nacho Tragos”, “Güevaldo Espumosa”, “Carlitros Juárez”, “Marco Alcoholio”. Y a la dama le decíamos “Sexilia”. Tenía tremendas caderas.
    El editor Escobosa estuvo –por recomendación de mi padre-- muy pendiente de mi caso. Cuando yo era ayudante, me ponía a hacer labores de reportero de guardia, a recibir notas de los enviados especiales y a tomar los juegos de beisbol de provincia. O sea lo que nadie quería hacer porque eran labores de media noche.
    De manera que cuando Escobosa me vio llegar a Deportes ya tenía un plan para mi. Una noche, después de una extenuante guardia, me invitó a tomar un café. Me dijo que observaba cualidades en mí, pero que quería llevarme poco a poco.
Escobosa es veracruzano, le decían “el brujo de Catemaco”, excelso cronista, pimentoso, ocurrente. Le había tocado trabajar codo a codo con la crema y nata del periodismo deportivo, con Fray Nano, Fray Kempis y con Salvador “El Papi” González  Ruz, padre de Arturo González Pérez, director de El Sol de Tijuana.
    --Primero tendrás que aprender formación, edición, cabeceo y talleres. Por ahora no saldrás a reportear. Primero tienes que dominar la Redacción –me detalló don Jorge.
    No obstante mis 18 años entendía plenamente la estrategia de Escobosa. Quería convertirme en el único reportero de la Sección capaz de dominar taller, redacción y campo. Aunque los reporteros de la Sección eran muy buenos, unos tenían el defecto de que al ser veteranos y sindicalizados no hacían más que lo estrictamente necesario, y otros eran aficionados a la bebida y por tanto inconsistentes.
    En menos de 6 meses aprendí a diagramar, editar y a coordinar talleres. Además dominaba como pocos el sistema de edición computarizado, las máquinonas de pantalla verde de manufactura alemana, marca “Harris”.
    El sistema “Harris” fue la primera computadora competitiva que conocieron las redacciones. Era capaz de asignar tamaño y tipografía, columneaba e imprimía en papel fotosensible, que era encerado, cortado y pegado con precisión quirúrgica sobre los viejos lamparones de talleres. El “Harris” enterró al linotipo y dio paso a la fotocomposición, ésta por cierto ya sucumbió ante los sistemas de nuestro tiempo.
    Mi primer año en Deportes fue de capacitación. Escobosa, quien para entonces ya había recibido múltiples llamados de mi padre pidiéndole que me trajera a raya, era muy amable conmigo, pero me exigía el doble que al resto de mis compañeros. Todas las noches, después de entregar la Sección, jugábamos 4 ó 5 partidas de ‘backgammon’. En una de esas que me ganó el quinto y decisivo tirando tres dobles seises consecutivos (“cajeta pura”), fuimos a los tacos del “Califa de León” (en la calle de San Cosme), y mientras degustábamos la cena, me dijo: “Creo que estás listo para salir a reportear. Vas a cubrir futbol dos o tres meses, pero en cuanto inicien los entrenamientos de Primavera te vas al beisbol. Tú vas a ser reportero de beisbol, tu estilo, tu métrica encajan muy bien en esa especialidad”.
    Y así fue. En cosa de días me vi en los campos del América en Villacoapa; en los de Pumas, en CU; en los del Atlante, que entonces pertenecía al IMSS y entrenaba por el Toreo de Cuatro Caminos; y en los del Cruz Azul, en el Seminario Menor de Acoxpa.
Fue para mí una especie de magia entrevistar, conversar, interrogar a los jugadores que habían sido ídolos en mi infancia. Estar frente a frente con jugadores como Lavolpe, Cabinho, Hugo Sánchez, “El Gonini” Vázquez Ayala, el polaco Gregors Lato, Héctor Miguel Zelada, el argentino Gregorio Luque, entre los que recuerdo.
    Siempre he creído que el periodismo es una “diosa” que , como toda fémina, abraza, protege y estimula a los que ama. Y siempre me he sentido un bienamado de ella. Un consentidote de esa voluble, tormentosa y mal comprendida profesión.

He aquí una muestra:
    Por aquellos años, 1982-1983, Juan Francisco Ealy Ortiz, el dueño de El Universal, sostenía un pleito cazado con Emilio Azcárraga Milmo y por extensión con Televisa. Los reporteros teníamos consigna de promover y alentar todo lo que perjudicara a la televisora. Vino una etapa en la que por alguna extraña razón, los reporteros no atendieron la consigna. Pasaron dos o tres semanas sin que las páginas de El Universal le atizaran al enemigo.
    Un lunes por allí de las 10:00 de la mañana, justo cuando los reporteros de aquel tiempo andaban crudos o todavía ebrios, me presenté en las instalaciones del América, junto con mi inseparable fotógrafo, Jorge Núnez, que actualmente es un trotamundos de la lente. Todo estaba muy calmado: Lupita D’Alessio (la célebre cantante), pintándose las uñas de los pies a bordo de un Grand Marquis del año. Carlos Reynoso dirigiendo el entrenamiento en las canchas empastadas.
    Jorge y yo nos aproximamos al entrenamiento, no sin antes echarle “un taco de ojo” a la entonces potable Lupita. De repente, se da una jugada difícil entre los jugadores Manuel Abarca y Héctor Tapia. Abarca le dice a Tapia, que para entonces era pareja de la también “potable” Merle Uribe: “Pinche cornudo marrano… A Merle se la anda co... Reynoso y tú de baboso”.
    En eso, Tapia corretea a Reynoso, en la persecución van a parar al auto de la Lupe D’Alessio. Tapia le informa a Lupe del engaño, la Lupe se baja del carro y le dice a Reynoso que es “un marica” y “un poco hombre”. Le hace saber que ya presentía la traición con esa “pu…”. En fin, un numerazo, cuyos  detalles quedaron debidamente fotografiados y consignados por los representantes de El Universal. Una exclusiva en toda la extensión de la palabra.
    Al llegar a la Redacción, conociendo el mal genio de Ariel Ramos (a quien no obstante ser mi amigo prefería evitar al máximo), dejé que fuera la sección de fotografía la que introdujera el tema a la Mesa de Redacción. ¡Qué fotos! La Lupe estrujando a Reynoso; Tapia manoteándole a la Lupe, y de fondo el escudo del club de futbol América, de Televisa.
    De inmediato la Redacción se convulsionó, Ealy Ortiz se enteró y adoptó la actitud del tiburón que huele sangre.
    --¿Y quién trae la nota?, preguntaron Ealy Ortiz y Ariel Ramos.
    --El “güero” Blásquez, respondió Héctor Martínez, jefe de fotografía.
    --¡Llámenle acá a ese cabrón! ¡Qué chingados espera para reportarse!, exigió Ramos.
    Frente al uno y dos de la empresa, con las miradas de mis compañeros puestas en mí, y un silencio súbito, puse sobre la mesa dos notas: una de valor deportivo, en la que detallaba cómo afectaría esta situación la mala temporada que estaba viviendo el América; y otra, relacionada con el espectáculo, haciendo mofa de las “divas” de la tele y de su ligereza de cascos.
    Ramos sujetó las cuartillas con impulso de hambriento. Alzaba la mirada y el cuello para sacar el mayor provecho de sus bifocales. Y después de unos 5 minutos de lectura entre líneas, azotó con euforia los trabajos sobre el escritorio, y dijo: “Esto es lo que llamo un trabajo chingón. Bien, güerejo, mañana les vamos a dar una madriza a esos cabrones de Televisa”.
    Y así fue. Recuerdo la principal de Deportes: “El América, un polvorín”. Con la ilustración de Tapia correteando a Reynoso. Y la de Espectáculos, cuyo Editor era mi siempre bien recordado amigo, Leopoldo Meraz (“el reportero Cor”), sugiriendo que Lupe D’Alessio se había puesto en plan de diabla.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
Páginas Web Tijuana