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Por: Pedro Ochoa Pocos personajes tan significativos y simultáneamente tan olvidados de la historia política y cultural de México como José Vasconcelos. Activista político, orador, abogado, educador, escritor, promotor cultural, filósofo. Modernizador de la Secretaría de Educación Pública y rector de la UNAM, a la cual dotó del lema indeleble: Por mi raza hablará el espíritu. Se mantiene vigente prácticamente desde los inicios de la Revolución Mexicana hasta el sexenio de Ávila Camacho. Nació en la Ciudad de Oaxaca el 27 de febrero de 1882. Pero al trasladarse su familia al norte del país, a Piedras Negras, Coahuila, inició sus estudios en Eagle Pass, Texas, E.U., y los continuó en el Instituto Científico de Toluca y en el de Campeche, hasta que ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente a la Escuela Nacional de Jurisprudencia donde culminó sus estudios de abogado. En 1909 se adhirió al Partido Antireeleccionista y en 1910 al Maderista, al producirse la decisión revolucionaria es nombrado Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Durante el gobierno de Madero fue director de la Escuela Nacional Preparatoria y en 1920 fue designado Rector de la Universidad Nacional. También fue colaborador de Venustiano Carranza, quien lo designó como agente confidencial ante los gobiernos de Inglaterra y Francia. En 1920 ofreció su apoyo al Plan de Agua Prieta, encabezado por Álvaro Obregón, quien lo nombra Secretario de Educación Pública. Pero sus grandes aportaciones son en el terreno educativo y cultural: Es el iniciador de las campañas de alfabetización y el principal impulsor de la construcción de escuelas y de la generosa política de acercamiento con los pueblos hispanoamericanos. Crea las comisiones culturales y envía a los maestros rurales por todo el país, reestructura la educación mexicana, reestructura la Biblioteca Nacional y decide la construcción el actual edificio de la Secretaría de Educación Pública. La S.E.P. a su cargo publica ediciones masivas de los clásicos para distribución popular. Fundó la revista El Maestro y propició la celebración de la primera Exposición del Libro. Es idea de Vasconcelos la realización de los murales en la Secretaría de Educación Pública, para lo cual encomienda a Diego Rivera dicha labor colosal, sumándose al movimiento Siqueiros y Orozco. Brinda facilidades a los cultivadores del muralismo (Orozco, Siqueiros y Rivera) para que plasmaran su obra tanto en este edificio como en el de la preparatoria, concibió el escudo y lema que hoy ostenta la UNAM. Es autor de "Ulises Criollo", "La Raza Cósmica", "La tormenta", "El Proconsulado" y "La Flama", "Lógica Orgánica" y "Todología", entre otras obras muy importantes. Fue candidato a la Presidencia de la República por el Partido Nacional Antireeleccionista (recordando a Madero), contra Ortiz Rubio. Al anunciarse el triunfo del candidato oficial, los Antireeleccionista denunciaron fraude y Vasconcelos proclamó en Sonora el Plan de Guaymas, llamando sin éxito a un levantamiento armado. Encarcelado después de promulgar su plan, se auto designó "única autoridad legítima" y desconoció a las autoridades federales, estatales y municipales que "burlan el voto público desde hace treinta años" –refiriéndose al maximato ejercido por Calles. Ya liberado se exilió en París, donde volvió a publicar La Antorcha. A su regreso desempeñó la dirección de la Biblioteca Nacional durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Murió en la Ciudad de México el 30 de junio de 1959. Mereció, por sus cualidades de pedagogo, el honroso título de Maestro de la Juventud de América. ¿No es Vasconcelos un personaje digno de ser recordado en el marco del Centenario de la Revolución Mexicana? Que le debemos a Vasconcelos? El concepto de la educación pública la visión de la universidad nacional, la difusión masiva de la cultura, en gran medida el muralismo y la valoración cultural de la revolución mexicana y la experiencia, pocas veces repetida, que los políticos pueden estar provistos de una notable inteligencia.
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