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Por: María Elena Estrello / SIP - Asisten más de 80 mil ciudadanos al Zócalo de la Ciudad de México para exigir el cese de la táctica equivocada del combate al crimen organizado implementada desde el Gobierno Federal
- Pide Denisse Dresser replantear la estrategia de Calderón
En escasas ocasiones, el Centro Histórico y en específico, la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México experimenta esa extraña clase de jornada aquietada. Confianza sosegada, tranquilidad que es a fuerza pacífica porque significa tristeza y hartazgo: grito callado de 80 mil personas unidas en un silencio que grita ¡ya basta a las expresiones de violencia y muerte en nuestro país! Jóvenes, grupos de amas de casa, personas en edad de plenitud, matrimonios, obreros y niños acompañando a sus padres se reunieron desde temprano para acudir a la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad convocada por el poeta Javier Sicilia en el Zócalo, plaza pública que es no sólo Centro del país, sino emblema y asiento de poderes terrenales y espirituales. El Palacio de Bellas Artes fue sitio donde cientos de “artistas” confeccionaron mantas, carteles y caricaturas políticas con las que expresaron consignas con temas diversos, la mayoría, contra la violencia. Una de las fuentes del fastuoso edificio de mármol italiano lucía agua pintada con anilina roja simulando sangre y sí, aunque puede calificarse esto como un acto obsceno, más grosera resulta la cifra de 40 mil muertos: 10 mil por año desde 2006. Integrantes de la fuerza pública hubo muy pocos, contados. Tampoco sobrevolaron el espacio aéreo helicópteros de la policía ni del duopolio televisivo; las patrullas únicamente auxiliaron a los pocos despistados automovilistas que se atrevieron a circular por el Eje Central Lázaro Cárdenas. Civilidad: esa es la palabra que conceptualizó este movimiento donde no se registraron pintas a edificios públicos ni privados, rotura de vidrios, asaltos, ni basura tirada al piso. Las consignas fueron plasmadas en papel para no dañar las edificaciones. Es más: los comercios no cerraron. Los contingentes que arribaron desde Cuernavaca lo hicieron en el más profundo silencio y respeto. Una valla protegió al poeta. Lo acogió, lo apapachó, lo apoyó. Javier Sicilia lucía apesumbrado, cansado, aunque sorprendido; podríamos afirmar que satisfecho. Se observaron contingentes diversos como los que ya hemos descrito; asistieron también estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional, Universidad Pedagógica Nacional, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, escuelas de teatro y hasta integrantes de la comunidad gay. Los estudiantes fueron los únicos en romper el riguroso silencio con goyas y güelums, de ahí en fuera…nada. Ni un grito excepto el de “No están solos”. Antes de llegar el lírico que ha renunciado a la poesía por el asesinato de su hijo Juan Francisco, en la tribuna situada a un costado de Palacio Nacional y de la Catedral Metropolitana, decenas de oradores hicieron uso de la palabra, casi todos padres de familia, hermanas, esposas, contando sus cuitas a los ahí reunidos. A algunos las lágrimas les impidieron continuar con sus testimonios. Ahí se reunieron manifestantes de Chihuahua, Morelos, Distrito Federal, Baja California, Guanajuato, Sonora y de otras entidades, quienes clamaron por la muerte de sus hijos y un cambio verdadero, piden hacer lo moralmente correcto, actuar con la ética. Ahí contaron su historia por ejemplo, Julia Alonso y Teresa Carmona, cuyo hijo fue asesinado en su casa en el Distrito Federal. Al Centro del país llegó un grupo de religiosas, misioneras provenientes de Tijuana. La Hermana Silvia Condesse habló para Panorama de Baja California y expresó: “Nosotras constatamos el sufrimiento de la gente a diario y en todo lugar: en el Norte, en el Sur, hay violencia impresionante; vemos el sufrimiento de los papás, observamos que los niños ya no salen a la calle, los violentan, los matan. Nosotros formamos parte de 480 congregaciones que representamos como a 21 mil religiosas y religiosos en México. Consideramos que la violencia tiene que ver con muchos intereses, son causas estructurales que llevan a esta situación. Realizamos actividades en toda la República, en las parroquias, en las escuelas, y tenemos nuestro lugar de origen en Francia e Italia. Creemos que todos tenemos muchas oportunidades de cambiar al país. La Hermana Silvia Condesse aseguró que existen muchas causas que originan la violencia como la pobreza, la falta de oportunidades de los jóvenes, la carencia de un proyecto de vida. “A veces se fuerza a los jóvenes a integrarse a grupos delictivos, pero ante todo es la falta de oportunidades, el desempleo, la impunidad, la corrupción. Hay gente inocente que está en la cárcel y los culpables están en la calle”. La religiosa aseguró espera que la Marcha por la Paz ocasione un despertar en la conciencia cívica ciudadana, un cambio para que el país mejore, que todo mundo olvide su interés personal y ponga por encima el interés colectivo”. Replantear la estrategia gubernamental, lo que sigue: Denisse Dresser Denisse Dresser al hablar en exclusiva para Panorama de Baja California, aseguró que la importancia de asistir a la Marcha por la Paz y la Dignificación convocada por el poeta Javier Sicilia, radica en hacer una ciudadanía participativa, demandante, exigente, que entiende sus derechos y sabe cómo pelear por ellos”. A pregunta expresa, la politóloga y académica subrayó que lo que se espera luego de este movimiento es “…una sacudida de conciencias que lleve al gobierno a replantear la estrategia que ha asumido contra el crimen organizado en este país”. Entrevistada en la calle 5 de Mayo, la analista política, quien acudió al Centro del país a la convocatoria vestida de blanco, concluyó que su presencia significa un apoyo moral para quienes quieren recuperar un país arrebatado por la criminalidad, a Javier Sicilia y a todos los demás, pues todos ellos somos nosotros”. Sicilia exige a partidos limpiar sus filas Luego de cuatro días de camino a pie el poeta y compañía llegó al llamado Ombligo de la Luna, el Centro. Ahí, dijo que cuando el dolor es tan grande no hay palabras con qué expresarlo. Convocó a hacer de ese dolor una palanca que ayude a restaurar el amor, la fe, la esperanza, la justicia, la dignidad y la democracia que se ha ido perdiendo. Entre otros importantes planteamientos, Sicilia aseguró que “…hay cientos de casos que ponen en evidencia que los partidos políticos, el PAN, el PRI, el PRD, el PT, Convergencia, Nueva Alianza, el Panal, el Verde, se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntarnos en las próximas elecciones ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar? ¿No se dan cuenta de que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas, que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran?” “Somos más los buenos”, dijo antes una persona al hablar de su hijo muerto. En esta tarea, es obligación moral poner un enorme grano de arena para hacer de nuestro país un lugar de paz.
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