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Por: Xicoténcatl Leyva Mortera Para el hombre de verdad, la vida, que es lucha de principio a fin, siempre habrá de constituir una experiencia maravillosa. El ser humano de nobles sentimientos procura la felicidad propia y la de los demás. Le lastima la injusticia y la ausencia de equidad en la sociedad y se mantiene en pie de lucha a lo largo de su existencia. Es la auténtica expresión del héroe cívico, el ente social por excelencia, el ciudadano ejemplar que cuida lo suyo y defiende el patrimonio de todos. El que siente amor a la Patria, el que hace honor a su estirpe, vive orgulloso de la historia de su ciudad y respeta el legado de sus mayores; incapaz de traicionar los elevados principios éticos que guiaron la vida de sus padres y maestros. Este personaje sencillo y altruista, en todos los tiempos ha cantado a la vida y bien puede afirmarse que de él nos viene la poesía. Así, la vida, como el despertar de un nuevo día, está siempre llena de esperanza; como los colores de la aurora; como día de sol, como noche estrellada; displicente, deshojada en oro viejo, en sus atardeceres; pura, como alma de niña, como amor de madre, como la nieve en la montaña, como la gracia de la virgen; triste como la nostalgia, llanto derramado sobre la tierra blanqueada con la cal de nuestros muertos; humildad sublime en las sandalias del Pescador; alegría en el trabajo que da sustento; en la mano generosa del amigo; en el pan y el abrigo; en el grito del recién nacido que anuncia la nueva Era; en el incendio de los ojos que iluminan los nobles quereres; en todo lo bello y en todo lo bueno; en el padre, en el hijo y en el hermano. Claro que en la vida enfrentamos odio, mentira, traición, avaricia, egoísmo, envidia, soberbia y ruindad, de la mano del fanatismo y la ignorancia. Los estudiosos se refieren a estas pasiones perversas del individuo, cuyo ejercicio exacerbado lo aparta del Bien y de la Ley, para ubicarlo peligrosamente en el campo de la patología criminal, de la conducta delincuencial, que “lesiona los sentimientos de piedad de la sociedad”, como define Garófalo: “Para combatir estas miserias del espíritu, se debe perseverar en la Ética, practica de los valores morales y en la lucha por la Justicia Social, que salvan y redimen al Hombre”. Dedicado con respeto y admiración a la lucha de miles de tijuanenses que repudian el infeliz proyecto “Zócalo 11 de julio”, denominación sin ninguna significación para los mexicanos, que pretende destruir el parque, biblioteca, plaza pública y el monumento erigido a la memoria del insigne reformador Don Benito Juárez, quien ejecutó la histórica separación de la Iglesia y el Estado, para sustituirlo por un centro comercial cuya azotea servirá de atrio a la nueva catedral católica de Tijuana. Ojala que las autoridad se deslinde del citado proyecto, que vulnera la Ley y atenta contra la historia y oriente a sus promotores para que respeten la figura del ilustre Benemérito de las Américas, el héroe a quien debemos nuestra Segunda Independencia. Si no lo hace, que el pueblo se lo demande. “¡El triunfo de la reacción es moralmente imposible!”: Benito Juárez García.
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