Agoniza el PRIAN PDF Imprimir E-mail

Por: Lic. Edgardo Leyva

La Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó, por 14 votos contra cuatro la realización de Foros de Consulta sobre la llamada reforma política (léase reelección) motivando el rabioso abandono de la mesa de negociaciones de los diputados de Acción Nacional. Según ellos, la congelación de este magnífico proyecto legislativo nos remitía de golpe y porrazo al Porfiriato. El fracaso en la Cámara de Diputados de esta iniciativa del Ejecutivo Federal, aprobada por el Senado de la República viene a culminar una serie de desacuerdos en el seno de la fuerza política que ha gobernado a México en los últimos 20 años: el PRIAN.

Unidos, en tiempos de Carlos Salinas, PRI y PAN desconocieron el triunfo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas: quemaron boletas electorales y se constituyeron en el ariete del neoliberalismo mexicano. Se puso de moda la entrega a particulares del patrimonio nacional por la vía de las privatizaciones y el uso de los gobiernos de los Estados como moneda de cambio para negociaciones políticas. Los monopolios televisivos se apropiaron de las campañas políticas. Se intentó privatizar Pemex y CFE y se instrumentó en su contra una campaña de descrédito permanente. Acción Nacional utilizó tácticas priístas y el Revolucionario Institucional abandonó su ideología nacionalista. Las reformas contrarrevolucionarias fueron muchas: propiedad e inversión extranjera sin restricción alguna, confiscación de bienes, denuncias anónimas, testigos protegidos, arraigos, extinción de dominio, flagrancia extendida, facultades extraordinarias al Ministerio Público, pena de muerte prohibida (aún al traidor a la Patria), todas aprobadas por legisladores de ese grupo que no se identifica con el proyecto nacional mexicano de 1917: el PRIAN.

Aunque sus militancias aparentaban apoyar las decisiones que tomaban las cúpulas partidarias, no era así. Tanto en el PAN como en el PRI había corrientes poderosas que repudiaban las acciones de sus dirigentes y protestaban contra ellas. Tal vez no de igual manera en Acción Nacional, por ser el partido en el poder, pero sí en el Revolucionario donde los beneficiarios de la siniestra alianza eran unos cuantos. Hoy regidor, mañana diputado local, después alcalde o diputado federal y, con un poco de suerte, senador o dirigente del partido, así giraba el hermoso carrusel de los favoritos del PRIAN. Las iniciativas del Ejecutivo Federal aprobadas proliferaron y se festinaba la transformación definitiva del país a un modelo de nación al que sólo le hacían falta dos reformas: la laboral y la política.

Pero éstas fracasaron. Las alianzas triunfantes PRD-PAN de Oaxaca, Guerrero y Sinaloa no pudieron repetirse en el Estado de México. Elba Esther Gordillo traicionó al PAN; las acusaciones mutuas por la situación económica, política y social de la nación se multiplicaron; Enrique Peña Nieto se pronunció contra la reelección. Finalmente la votación, contundente, en contra. La crisis del PRIAN es evidente y parece insuperable. Los foros populares sobre reelección, revocación de mandato y candidaturas independientes captarán la atención ciudadana de todo México. Los tahúres de la política tendrán que esperar.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
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Edgardo Leyva
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