Requiere México de un Pacto Nacional y nuevas reglas de operación en Pemex PDF Imprimir E-mail

Por: Héctor Castellanos

Nosotros, los mexicanos somos víctimas de una serie de mitos y tabúes que todavía no hemos podido superar. Uno de ellos es el petróleo así como el mito del “Nacionalismo Revolucionario” el cual proclama entre sus múltiples pronunciamientos, que permitir la inversión extranjera en la exploración, explotación y distribución de hidrocarburos, es atentar contra la soberanía nacional.

Pemex podría ser un orgullo nacional. Es la mayor empresa mexicana y la cuarta productora de petróleo en el mundo de este recurso no renovable y también el más valioso que tiene México.

Sin embargo, Pemex es un ejemplo de todo lo que funciona mal en el país. Es la única empresa petrolera en el mundo que pierde dinero por causa de una política fiscal errónea por parte del Estado que le quita en forma irracional más en impuestos que lo que gana y con ello, cubrir el déficit presupuestal cada año. La paraestatal padece además un exceso de personal y un burocratismo que la hace ineficiente, causándole un grave daño. La producción ha disminuido en los últimos años y la empresa se ha visto obligada a importar gas, gasolina, petrolíferos y petroquímicos. Su bajo nivel tecnológico le impide extraer petróleo de fuentes no convencionales como las aguas profundas del Golfo de México. Sin embargo, el problema no es de los técnicos o de los trabajadores de Pemex sino de la estructura ineficiente que el gobierno utiliza para explotar este recurso.

Pemex es un monopolio controlado por un sindicato dirigido por líderes corruptos y funcionarios ineptos que no saben cómo contener el dispendio gigantesco de recursos que se pierden y que no dejan ningún beneficio a la empresa, todo se va al gasto corriente.

De acuerdo con algunas fuentes documentales, “…En Canadá, Los habitantes de cada provincia son dueños del petróleo y del gas, pero no hay una empresa estatal que los explote en exclusividad. Los gobiernos provinciales concesionan zonas de explotación y reciben derechos por los hidrocarburos, con lo que aseguran un ingreso para los ciudadanos sin arriesgar dinero en una actividad muy especializada”.

“En Noruega Statoil, una empresa del Estado, produce petróleo y concesiona la producción a otras firmas, pero además guarda los ingresos petroleros en un fondo de pensiones para los ciudadanos noruegos de hoy y del futuro en lugar de gastarlo en el presente”.

“En Brasil Petrobras, que nació como un pobre remedo de Pemex gozó de una reforma progresista en los años noventa, que permitió la inversión privada en exploración y explotación y abrió la puertas al capital privado en la empresa. Así la empresa, que en un principio se dedicaba a importar crudo y gasolina, es hoy una potencia explotadora de petróleo y gasolina, así como uno de los mayores especialistas del mundo en exploración y extracción en aguas profundas”.

En cambio, Pemex ha sido un lastre más que un impulso a la inversión y productividad. Lleva dos años haciendo planes para empezar una refinería en Tula, Hidalgo, que ya sabemos de antemano que será una empresa perdedora de dinero como el resto de Pemex Refinación, pero el gobierno no otorgará la concesión al sector privado en una licitación bien llevada. En otras palabras, el gobierno no hace, ni deja hacer.

La facilidad que tiene el gobierno para exportar un recurso natural de alto precio y que generaría recursos que bien administrados, promoverían el desarrollo sustentable de de este país, sin embargo, dado el dispendio generado por la incompetencia del sector público seguiremos desperdiciando y empobreciendo más al país.

Debemos cambiar las reglas y utilizar el producto de la venta del petróleo para promover una educación de calidad que permita a los mexicanos elevar su nivel de ingresos y tener acceso a una mejor calidad de vida y crear un fondo de pensiones para los ciudadanos, que asegure su bienestar futuro.
Porque el único logro de la supuesta política nacionalista en hidrocarburos ha sido despojar a los mexicanos de cientos de miles de millones de dólares en riqueza petrolera.

Este robo ha sumido en la pobreza extrema a millones de mexicanos que ven perder su patrimonio real que es nuestra riqueza petrolera. En mi opinión hay cuatro temas que merecen un análisis a fondo:

Primero. El enorme dominio que ejercen los poderes fácticos sobre los poderes constitucionales y la urgencia de un marco legislativo que regule esta relación insana que puede llevarnos al fascismo.
 
Segundo. Los partidos políticos se han convertido en partidos electoreros, agencias de empleo y campo de batalla donde se libra una lucha sorda y perversa de poder por el poder mismo. Las leyes actuales que norman la operatividad de los partidos resultan anacrónicas y obsoletas. Es imperativo abrirlos a la ciudadanía y actualizar su marco legislativo para que operen en beneficio de la ciudadanía y no de los grupos que los dominan actualmente.

Tercero. Es urgente la formación de instituciones ciudadanas apartidistas que coadyuven con el gobierno en la elaboración de programas de desarrollo integral en el marco de estrategias con visión de largo plazo.

Cuarto. Promover un Pacto Nacional con la participación de instituciones ciudadanas sin excepción, que en unidad con el Poder Legislativo ayudemos a crear leyes que normen y regulen políticas de Estado que fortalezcan la unidad nacional.

Si no participamos todos los ciudadanos en el desarrollo de México, el gobierno solo, no puede. Estamos a tiempo.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
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Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
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María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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