Cortina de humo, la agenda bilateral de Calderón PDF Imprimir E-mail

Por: Lic. Oscar Rivera

Cortina de humo, la agenda bilateral de Calderón

El sospechoso ataque en fecha reciente a dos agentes policíacos norteamericanos en la carretera 57 cercana al poblado de Santa María del Río, a escasos kilómetros de San Luis Potosí, capital potosina, así como la subsecuente aprehensión de un grupo de sicarios en tiempo record, por parte de las autoridades mexicanas, confirma la teoría de los especialistas en temas de seguridad, sobre la diferencia del actuar de las corporaciones norteamericanas cuando es ultimado uno de sus pares. Cientos de efectivos de diferentes agencias federales estadounidenses anticrimen como la DEA (contra las drogas), FBI (investigaciones federales), ATF (alcohol, tabaco y armas de fuego), ICE (aduanas), amén de corporaciones estatales y municipales, al unísono, llevaron a cabo redadas no sólo en México y en los Estados Unidos, sino en varios países del continente, dando por resultado la detención de más de 600 operadores de los carteles mexicanos en un periodo de tres días.

En nuestro país, dada la rampante corrupción del sistema de procuración y administración de justicia, lo común es la desconfianza en las investigaciones por la frecuente infiltración del crimen organizado en las corporaciones, como insistentemente lo denuncia la revista Proceso, quien hace señalamientos que involucran incluso a los titulares de la SSP, las procuradurías, el Ejército, Segob, etcétera, sin que por lo menos haya los desmentidos de rigor, como correspondiera a posibles infundios de los reporteros.

Los criminales en el vecino país del Norte saben bien que no les conviene “alborotar la gallera” metiéndose contra la autoridad. En México, salvo escasas excepciones, cuando cae algún pez gordo, como cuando fallecieron en el avionazo el Secretario Mouriño y el Subprocurador Vasconcelos, lo primero que nos vino a la mente fue: “pisaron callos sensibles”. El Procurador en turno, Eduardo Medina Mora, fue pronto desafanado nombrándosele embajador en Inglaterra. De la investigación no hemos vuelto a saber nada.

En el incidente de los agentes estadounidenses asesinados en México, el Presidente Obama, inmediatamente después de los acontecimientos instruyó al Embajador Carlos Pascual para que sus agentes policíacos, de todas las agencias referidas que actúan a discreción en nuestro suelo, procedieran hasta las últimas consecuencias. Pronto se dejaron ver los resultados “como una respuesta al asesinato en México del agente Jaime Zapata”. La enseñanza pues, es que no es necesaria la declaración de guerra contra el crimen organizado, como lo ha hecho Calderón, basta con que se actúe con rigor, caiga quien caiga. Creemos que con este episodio no se escribe el final de esta historia de intrigas y engaños. Habrá que esperar las secuelas que seguramente provocará en la relación bilateral el combate conjunto contra la delincuencia.

Por lo pronto en su última visita a Washington, Felipe Calderón, en entrevista con The Washington Post descalificó el trabajo de Carlos Pascual en la capital mexicana con motivo de los cables de Wikileaks respecto a los trabajos del Ejército Mexicano en su lucha contra el narcotráfico. El resultado es evidente, Pascual se queda en la Embajada, Calderón se traga su berrinche.

Coincidimos con lo expresado por Andrés Manuel López Obrador en su última visita a Tijuana, en el sentido de que el incidente fue aprovechado por el gobierno mexicano como una cortina de humo para dejar de tratar el tema fundamental con el gobierno americano y que debió incluirse en la agenda de la reunión bilateral y que se refiere a los asuntos de los trabajadores mexicanos en el vecino país, el tema migratorio.

 

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