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Por: Lic. Edgardo Leyva La vida del hombre es un cúmulo interminable de experiencias. Lucha permanente por domeñar las fuerzas naturales y superar taras de la humanidad, vicios, fanatismo, ignorancia, hambre e injusticia. Orgulloso de su estirpe, sabe que es capaz de llegar a las estrellas y construir su propio paraíso sobre la Tierra. Sin embargo, al ser humano le preocupa el horror del desastre universal, el hábitat contaminado, la capa de ozono que desaparece y el futuro incierto de la sociedad. No acaba de consolar la idea de un mundo maravilloso en otra vida y lo abate la certidumbre de que vive en el mejor de los mundos posibles. La verdad es que miles de millones de individuos subsisten con la preocupación diaria de morir de hambre o de frío. Otros, no muchos, viven en condiciones apenas aceptables de bienestar, mientras que las clases dominantes de la economía y la política la pasan muy bien, olvidados de la suerte de las mayorías. En México, como en todos los pueblos en desarrollo, el fantasma de la pobreza y la necesidad inaplazable de un auténtico cambio político, económico y social es la constante. Los recursos no son infinitos y el fruto de su explotación, acaparada por unas cuantas manos no durará eternamente. No se deben malemplear los recursos. El gasto debe reorientarse para procurar una distribución social de la riqueza nacional por la vía fiscal. Si bien es importante que el Producto Interno crezca lo que ha venido ocurriendo desde hace años, es igualmente importante suavizar la concentración excesiva del ingreso. Es primordial un programa de sustitución de importaciones. Habrá que generar, a corto plazo, millones de nuevos empleos y oportunidades de inversión para capital nacional y extranjero. En las actividades primarias y el turismo existen enormes posibilidades de desarrollo. Urge revisar el Tratado de Libre Comercio, fundamentalmente en materias de agricultura, ganadería, pesca y actividades extractivas. Por supuesto, deberán producirse reformas trascendentales en el orden laboral y fiscal lo que facilitará gravar efectivamente a las grandes empresas para lo cual habrá que revisar el Impuesto sobre la Renta, especialmente su Régimen General de Deducciones y de Amortización de la Inversión. La política de la deuda pública, tanto externa como interna, así como las políticas de endeudamiento de los Estados y Municipios exigen cambios. No es prudente seguir endeudando al país. El costo económico impuesto por el modelo financiero es tan alto que lo vuelve prácticamente insoportable. El mejoramiento sustancial de la sociedad mexicana requiere del concurso de todos sus sectores y de la conducción patriótica del gobierno, nada del otro mundo. En las elecciones generales del 2012 se juega el futuro de toda una generación de mexicanos y habremos de votar por el cambio que nos asegure mejores condiciones de vida. La opinión pública nacional analiza las personalidades de los aspirantes a la primera magistratura del país ansiosa por encontrar a la figura culta, preparada y madura capaz de llevar a México al éxito que todos queremos. Esperamos un discurso político que augure mejores tiempos y una definición intelectual nacionalista y revolucionaria. De abierta y declarada lucha contra la reelección. Que responda a las demandas de las grandes mayorías democráticas cansadas de ver repetirse las mismas caras burlando el postulado maderista “Sufragio Efectivo, No Reelección”. Queremos alcanzar justicia social y económica concreta a pesar de la resistencia de los devoradores de presupuestos, quienes desde los partidos políticos, operan, con sus enemigos, alianzas repugnantes para mantener sus privilegios y cuotas de poder.
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