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Por: Lic. Edgardo Leyva En los próximos tres años el PRI deberá enfrentar dos procedimientos políticos de importancia vital para nuestro Estado: la elección federal de 2012 y la renovación de poderes locales en 2013. Aunque haya ganado la elección de 2010, el PRI no debe olvidar que tiene una deuda pendiente con los bajacalifornianos que votaron y mantenerse como la mejor opción política para esos tiempos demanda de los ayuntamientos y del Congreso Estatal acciones que correspondan a la confianza que el electorado depositó en sus promesas de campaña. No se debe el triunfo a los merecimientos y carisma de sus candidatos sino al compromiso de cambio expresado por todos ellos en campaña y a una pésima administración de los gobiernos de Acción Nacional quienes tuvieron 20 años la confianza del pueblo y la traicionaron. Fueron repudio al mal gobierno y exigencia de cambio quienes sacaron al panismo de los gobiernos municipales de Mexicali, Ensenada, Tecate, Rosarito y Tijuana. Las causas del fracaso panista se convirtieron en detonantes del voto de castigo que favoreció al PRI el año pasado, entre otras recordamos: sueldos excesivos a funcionarios públicos, gastos injustificables, clausuras y sanciones ilegales; obras innecesarias, endeudamiento sin precedentes, aumentos voraces en impuestos, servicios, permisos y multas; nepotismo, compadrazgo, “carrusel” de candidatos y funcionarios; propaganda mentirosa y carísima; abusos de autoridad y, más que todo, promesas no cumplidas. Si aspira el PRI a refrendar victorias habrá de observar muy de cerca la función de legisladores y munícipes para que no caigan en los mismos errores que llevaron a sus adversarios a la debacle del 2010. El partido tricolor está obligado vigilar que las ofertas electorales se conviertan en realidades, no en causas de reclamación. El abuso no es compatible con un buen gobierno. Favoritos, influyentes e intocables no pueden jugar con el prestigio del partido que los llevó al poder. Su deuda no es con el pariente o amigo que los designó, es con la sociedad y su instituto político. Votaron ricos, pobres y clases medias para sacar al PAN del gobierno porque creyeron que el PRI haría el cambio que todos exigían. Lo prometieron sus candidatos y deben honrar la palabra empeñada. El cambio que espera Baja California tiene que producirse. Cuando menos el mejor esfuerzo posible por lograrlo. Sin él, regresará el tricolor al lugar que ocupaba y Acción Nacional recuperará las posiciones perdidas.
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