Por una política de Estado para la juventud de Baja California PDF Imprimir E-mail

Por: Jaime Martínez Veloz

En la primera década del siglo XXI, los jóvenes se enfrentan a una falta de sentido de la vida. Les ha tocado presenciar el surgimiento de un nuevo tiempo que pese a las promesas políticas y económicas aún no acaba de definirse. Su desarrollo y formación se ve marcada por una cultura donde importa el “estar bien” y el culto a lo individual. Este fenómeno se genera en un escenario donde los contenidos de los medios de comunicación explotan la violencia y ejercen prácticas muy distantes de una racionalidad ética sobre el mundo.

Es sumamente grave que en Baja California por cada 100 jóvenes que mueren, 37 de ellos fallezcan por motivos de agresión. Las mujeres no escapan de esto, lo cual refleja el nivel de descomposición de nuestra sociedad y la necesidad impostergable de enfrentar las causas de la violencia y de dar inmediata atención a los jóvenes de nuestro estado, creándoles alternativas de vida hacia las cuales canalizar sus energías, potencialidades e intereses. Debemos evitar que se sigan segando vidas de quienes representan una esperanza de futuro. Debemos romper este destino fatal para la juventud.

Estamos obligados, como representantes populares a crear las condiciones para que los jóvenes desarrollen todas sus potencialidades, generando para ellos espacios educativos, deportivos, culturales y laborales, evitando con ello que se conviertan personas “nini” que ni estudian ni trabajan, situación en la que es más fácil que sucumban a la tentación de las drogas y a los ofrecimientos que les hace la delincuencia de costosos celulares, dinero, sexo fácil o autos lujosos, que por sus propios medios quizá nunca no podrían adquirir.

Pero por otra parte, debemos también evitar, que en su afán de frenar a la delincuencia, las fuerzas públicas de seguridad traten como criminales potenciales a los jóvenes, particularmente a los que son o parecen pobres.

Nuestros jóvenes son disímbolos y contradictorios en sus demandas, modos de organización y participación política, lo que revela una sociedad plural, cambiante y dinámica, y da cuenta del mosaico pluricultural que es actualmente Baja California, a cuya sociedad se han incorporado jóvenes indígenas migrantes de distintas etnias del sur de México.

Particularmente los jóvenes, al margen de su situación económica, presentan una alta vulnerabilidad a los problemas sociales, como la drogadicción, la violencia, el abuso sexual y el alcoholismo.

Por otra parte, están expuestos a los efectos de las contradicciones propias de la desigualdad social como el desempleo, el subempleo, la imposibilidad de continuar los estudios, la carencia de oportunidades, de capacitación, la desnutrición, las enfermedades y la migración forzosa.

Aunado a ello, los jóvenes experimentan las tensiones y conflictos que se expresan al interior de los hogares tales como el divorcio, el maltrato, la violencia intrafamiliar, el incesto, las violaciones por otros miembros o conocidos de la familia y en el caso de las mujeres una desigualdad aún más extrema con hondas raíces en la historia y en la cultura.

Igualmente, por la condición de su edad, enfrentan factores y conflictos como las tensiones escolares, las decepciones amorosas, la carencia de ingresos y en algunos casos síntomas típicos de la edad como las depresiones, los cambios súbitos de ánimo y la dificultad en la toma de decisiones.

Por todo ello, esa vulnerabilidad social puede generar expresiones y fenómenos sociológicos como la formación de bandas, la huida del núcleo familiar, la adopción de conductas nocivas para ellos y quienes los rodean, la apatía, la inactividad, la violencia, el consumo de drogas, alcohol, tabaco y la prostitución.

Baja California es un Estado con uno de los porcentajes más altos de jóvenes en relación a su población total. Es indudable que este fenómeno está ligado al arribo de flujos migratorios de un buen número de jóvenes de diferentes regiones del país, principalmente de los estados de Jalisco, Sinaloa, Sonora y el Distrito Federal. Esta migración incluye a miles de jóvenes indígenas migrantes de ambos sexos provenientes de Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Michoacán, quienes llegan a laborar en los campos agrícolas de Mexicali y Ensenada, particularmente en San Quintín, quedándose muchos de ellos a vivir aquí aún en las condiciones más adversas.

Por todas estas razones, es indispensable ofrecer a los jóvenes mayores oportunidades en todos los aspectos, que influyan en su formación y les abran un porvenir con nuevos horizontes más esperanzadores que los que actualmente tienen. Es una necesidad fundamental el que se cuente a corto plazo con una política social integral de atención a este sector, más cuando se trata de un Estado que comparte su frontera con la economía más importante del mundo.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
Agustín Basave
Aquiles Medellín Silva
Carlos Monsiváis
Edgardo Leyva
Héctor Castellanos
Héctor Mares
Jaime Martínez Veloz
Marco Antonio Blásquez
María Elena Estrello
Oscar Rivera
Pedro Ochoa
René Mora
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