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Por: Aquiles Medellín Silva Para avanzar, debemos asignar un nombre para aquellos quienes creen que la vida surgió espontáneamente a la existencia de una masa inorgánica de químicos, flotando por allí en los tempranos mares prehistóricos de la Tierra. Llamémoslos Darvinistas, un término a menudo usado para este fin. Los darvinistas se han ocupado de una difícil parte a jugar, porque aquellos mares prebióticos tenían que existir en un cierto grado de frescura para que los químicos inorgánicos flotando en ellos pudieran unirse hacia moléculas complejas. Cualquier persona que haya tomado la materia química en la Secundaria conoce y sabe que una de las mejores formas de romper vínculos químicos es poniéndoles calor. Dado que esta es una realidad muy bien conocida, los darvinistas rápidamente postulan que la primera chispa de vida, sin duda alguna, se habría encendido a sí misma en algún tiempo después de que el umbral continental fuese alcanzado, hace aproximadamente 2.5 billones de años. A este punto, la Tierra habría existido como tierra, y los mares como mares, aunque ni cercanamente en la misma forma en que los conocemos ahora. Pero el agua en esos mares habría sido lo suficientemente fresca como para permitir las reacciones químicas en cadena requeridas por “animación espontánea”. Así, pues, entre los darvinistas surgió un amplio consenso que la animación espontánea de la vida tendría que haber ocurrido (de nuevo, porque ellos no le dan cabida a la posibilidad de intervención foránea, divina o tercera vía), y tendría que haber ocurrido no antes del umbral continental de hace 2.5 billones de años. Estas suposiciones fueron creídas y enseñadas por todo el mundo, con un fervor que deja verdes de envidia a los fundamentalistas religiosos. Además, fueron enseñados como hechos, porque esto es lo que la ciencia hace inevitablemente. Alcanza un consenso acerca de un sistema se suposiciones en un campo que no domina totalmente, luego estas suposiciones, son creídas como dogmas y enseñadas como hechos, hasta que los hechos reales llegan a conocerse. A veces, tales “hechos” consensos tienen una corta duración (como la suposición de Isaac Newton de que la velocidad de la luz era una medida relativa, duró solamente 200 años), mientras que otras soportan como percebes en la parte inferior de nuestra conciencia (que el universo se expande obstinadamente más allá de cada medida finita dada para él). De la misma manera, la fluctuante velocidad de la luz de Newton fue volcada de la misma manera por la Teoría de la relatividad de Albert Einstein, el origen continental de la vida fue soplado fuera del agua, por así decirlo, por descubrimientos en los años setenta, que indican que los orígenes de la vida eran mucho más antiguos de lo que se había anticipado. Tan antiguos, de hecho, que iban hacia atrás casi hasta el punto de coalición, hace 4.5 billones de años, cuando el Sol se había encendido y los protoplanetas habían tomado las formas y posiciones generales que mantienen hoy en día. En última instancia, la cifra de cuatro billones de años se convirtió en el nuevo punto de partida para la vida en la Tierra, basado en estromatolitos fosilizados descubiertos en Australia, que se fecharon hasta de 3.6 billones de años de antigüedad. Para los darvinistas esto significó literalmente irse de la sartén al fuego mismo, porque hace cuatro billones de años, la protoTierra no era nada más que un caldero de lava en plena ebullición, lava en proceso de enfriamiento y vapor, aproximadamente tan lejos de ser una incubadora para la vida incipiente de lo que podría imaginarse. En resumen y de entrada, allí encontramos la primera grieta del palo, Charles Darwin era, como ellos dicen en el sur de mi terruño, un pájaro carpintero explotado. Los estromatolitos fosilizados descubiertos en Australia han sido producidos por los cuerpos muertos de billones de bacterias procarióticas, las muy primeras formas de vida conocidas de haber existido en el planeta. Son también las más simples de todas, sin núcleo para poder contener su ADN. Sin embargo, en términos relativos, las procariotas no son simples en absoluto. Son docenas de veces más grandes que un típico virus, con cientos de filamentos de ADN en vez de los cinco a diez de los virus más simples. Así pues, es claro que las procariotas son criaturas extremadamente sofisticadas con relación a lo que uno podría asumir que fue la primera forma de vida auto-animada, lo cual puede plausiblemente ser imaginado como incluso más pequeño que el virus más pequeño. (A propósito, los virus no están presentes en este escenario, porque técnicamente no están “vivos” en el sentido clásico. Para estar completamente vivo significa tener la habilidad de ingerir el alimento del ambiente inmediato, convertir ese alimento en energía, expulsar la basura y reproducirse indefinidamente. Los virus necesitan un anfitrión vivo para prosperar, aunque pueden y de hecho se reproducen a sí mismos cuando se han instalado en un anfitrión conveniente. Así, pues, parece seguro asumir que los anfitriones preceden a los virus en cada caso). Es innecesario decir, el descubrimiento de procariotas fosilizados de hace 3.5 billones de años dejaron a los científicos dando vueltas. Sin embargo, porque tantas de sus teorías han sido volcadas en el pasado, ellos sabían cómo reaccionar sin pánico o estridencia. Ellos tomaron una decisión colectiva de solamente susurrar en la oscuridad y seguir adelante como si nada hubiera cambiado. Y nada cambió. Ningún libro de texto fue reescrito para acomodar el nuevo descubrimiento. Los maestros continuaron enseñando la teoría de la animación espontánea como lo habían estado haciendo durante décadas. Los estromatolitos fueron consignados al misterioso limbo, donde se fueron a morar también todas las oopartes (artefactos fuera de lugar), mientras los científicos afanosamente anticipaban la siguiente bomba. No tuvieron que esperar mucho. A finales de los años ochenta, un biólogo llamado Carl Woese descubrió que no sólo apareció vida en la tierra en la forma de procariotas alrededor de hace unos cuatro billones de años, sino que había más de una clase. Woese encontró que lo que siempre había sido considerado una sola criatura eran, de hecho, dos tipos distintos a quien el nombró archaea y verdadera bacteria. Este inesperado y sorpresivo descubrimiento aclaró algo más allá de cualquier sombra de duda: La Vida no pudo haber evolucionado en la Tierra. Para que apareciera tan temprano como lo hizo según el registro fósil, y que consistiera de dos diversos y relativamente sofisticados tipos de bacteria, significó una animación espontánea que simplemente no ocurrió. Este descubrimiento ha sido recibido con el mismo rotundo silencio como el descubrimiento del estromatolito. Ningún libro de texto fue reescrito para acomodarlo. Ningún maestro ha cambiado lo que está enseñando. Usted puede encontrarse con un maestro de biología a quien los fundamentalistas religiosos no han todavía aterrorizado al silencio, vaya a su salón de clase y usted los encontrará alegremente enseñando que la animación espontánea es cómo llegó a existir la vida en la Tierra. Mencione las palabras “estromatolita” o “procariote” y usted obtendrá ceños fruncidos de confusión tanto de maestros como de estudiantes. Para todos los efectos y propósitos, esta es una información desconocida, retenida de aquellos quienes más necesitarían conocerla, solamente porque no encaja con el actual paradigma aceptado construido alrededor de la ya vencida teoría del gradualismo de Charles Darwin. Intervención foránea Los implacables ataques en curso al gradualismo por parte de los fundamentalistas religiosos es la principal razón por la cual los científicos no pueden permitirse diseminar estas verdades a través de la enseñanza. Si los fundamentalistas mantuvieran sus opiniones y teorías dentro de las iglesias, en donde pertenecen, los científicos estarían mucho más aptos (si no inclinados) a reconocer que la realidad no coincide con sus propias teorías. Pero porque los fundamentalistas andan tan cercanamente detrás de ellos, golpeando ruidosamente a las puertas de sus propios territorios, escuelas, los científicos no tienen más opción de mantenerlos a raya por cualquier medio posible, lo cual incluye apoyar una explicación sobre los orígenes de la vida que ya ha estado devaluada por más de dos décadas. Otra razón por la cual los científicos se resisten a diseminar la verdad es que esto cambiaría profundamente el paisaje financiero para muchos de ellos. Considere los miles de millones de dólares de impuestos y subvenciones financieras que se gastan cada año tratando de contestar una sola pregunta: ¿Existe la vida más allá de la Tierra? La realidad de dos tipos de procariotas apareciendo repentinamente, virtualmente de la noche a la mañana, aproximadamente hace unos cuatro billones de años proporciona un abrumador testimonio de que la respuesta a esto es un claro y conciso “¡Sí!”. Claramente, la vida no hubiera podido animarse espontáneamente desde químicos inorgánicos en mares compuestos de lava en plena ebullición en vez de en aguas relativamente frescas. Así, miles de millones de dólares de financiamientos se desvanecerían, si los científicos siquiera concedieran abiertamente que la vida debió haber llegado a la Tierra de alguna otra parte, porque obviamente no se pudo haber originado aquí. Una tercera razón por la cual los científicos evitan diseminar este conocimiento es que la animación espontánea es un principio fundamental de su teoría corolaria, la teoría de la evolución humana. Como en la vida, en general, los científicos insisten que la humanidad es un producto de la misma serie de prolongadas y graduales mutaciones genéticas que, ellos sienten, produjeron cada cosa viva en la Tierra, Y, de nuevo, todo esto ha sido hecho por procesos naturales dentro de los confines del planeta, sin intervención foránea de ninguna clase, ya sea divina o de otro lugar del universo. Así, si la animación espontánea sale por la ventana, entonces el temido espectro de la intervención foránea entraría a tomar su lugar, y esa idea es un anatema para los científicos que ellos preferirían tratar con la miríada de vergüenzas causadas por su ícono explotado y su teoría claramente en quiebra. Entonces, ¿cuál es la respuesta? La vida vino a la Tierra de alguna otra parte, Punto. Vino a la Tierra entera y completa, en gran volumen y en dos formas que eran invulnerables al más hostil de los ambientes imaginables. Dadas estas realidades comprobadas e innegables, ya es tiempo de hacer el espantoso salto mental que pocos, si acaso algún científico o teólogo haya estado dispuesto o haya sido capaz de hacer: ¡La vida fue sembrada aquí! La Tierra no se ha partido abierta. No han llovido rayos y truenos. El tiempo sigue su marcha. Parece seguro discutir más la idea. Si la vida realmente fue sembrada aquí, ¿cómo pudo haber sucedido esto? ¿Por accidente…o (susurrado) deliberadamente? Bien, la idea de una siembra accidental ha sido explorada en considerable detalle por un sorprendente número de pensadores que no son de la corriente principal, e incluso por unos pocos científicos con credenciales (el astrónomo británico, Fred Hoyle siendo quizás el más renombrado). La teoría de la “sembradura accidental” es llamada panspermia, y la idea detrás es que la vida bacteriana vino a la Tierra en cometas o asteroides, arribando desde planetas en donde había existido antes que estallaran y enviaran pedazos chocando a través del espacio para colisionar algunos milenios más tarde con nuestro planeta apenas en formación. Una variación de esta teoría es llamada panspermia dirigida, la cual reemplaza a cometas y asteroides con cápsulas lanzadas por civilizaciones evolucionadas para que atravesaran el espacio por milenios y deliberadamente se anidaran en nuestro planeta apenas en formación. Sin embargo, la idea de una dirección consciente de cualquier fuente más allá de los confines de la Tierra es tan abominable como siempre para la ciencia, por lo que la panspermia dirigida ha sido acogida con cortés burla y desaprobación por parte del stablishment. Pero para algo tan evidente como la “panspermia no-dirigida” desafía el principio científico de que toda vida comienza y termina dentro de los confines de la tierra, es marginalmente aceptable como una posibilidad alternativa. Ha habido serias tentativas en marcha, para tratar de determinar si las materias primas para la vida pueden ser encontradas en cometas. El punto a notarse acá es que nadie quiere dar un paso adelante al podio y sugerir lo obvio, que es que alguna entidad o entidades de alguna parte más allá del sistema solar vinieron acá cuando este planeta estaba apenas formado y por cualquier razón que fuese decidieron sembrarlo con dos tipos de procariotas, las formas más robustas de bacterias de las que estamos conscientes y, por todo lo que sabemos, son criaturas diseñadas a propósito para que sean capaces de florecer o prosperar en absolutamente cualquier ambiente en el universo. (Entienda que los procariotas existen hoy en día así como lo hicieron hace cuatro billones de años…sin cambio alguno, adaptadores indestructibles, microscópicos, con la capacidad única de convertir cualquier infierno en un cielo. Pero más acerca de eso en un momento). Si tomamos el salto sugerido y aceptamos la noción de la panspermia dirigida en la escena, nos confrontamos, entonces, con una plétora de preguntas de seguimiento.
? ¿Fueron todos los planetas sembrados o solamente la Tierra? ? ¿Por qué la Tierra? ? ¿Por qué, si era una caldera hirviendo? ? ¿Por qué no un par de billones de años más tarde, cuando se hubiera enfriado un poco?
Todas muy buenas preguntas, y muchas como éstas pueden ser construidas. Pero todas nos alejan del tema fundamental ¿por qué alguien o (para ser justos) algo quisiera traer vida acá, en primer lugar, ya sea a la protoTierra o a cualquier otro protoplaneta? Y esto nos lleva a la pregunta principal, una pregunta que pocos de nosotros nos sentimos cómodos contemplando: ¿está la Tierra siendo deliberadamente terraformada?
Bienvenidos a la Granja de Hormigas El concepto de terraformar, de hecho, conjura imágenes de la película “Antz” (Hormigas). Sin embargo, para todo lo que sabemos, esto es exactamente lo que nosotros, los humanos y todas las otras formas de vida, de hecho somos: jugadores en un escenario que a nosotros nos parece inmenso, pero (visualice la cámara retrocediendo, al final de “Antz”), en realidad es solamente una ínfima orbe a través de la inmensidad de un universo aparentemente infinito. Un inquietante e incluso poco probable escenario, pero uno que debe ser abordado. Bien, ¿y que? ¿Qué si sólo somos unos pocos jugadores en una película cósmica que ha estado filmándose durante cuatro billones de años? Mientras hemos sido dejados solos para hacer nuestro trabajo y vivir nuestras vidas en una paz relativa, ¿Dónde está el daño en ello? ¿Es esta fantástica idea realmente posible? ¿Será siquiera remotamente plausible? Considere los hechos como los conocemos que son, no como hemos sido engañados a creer por aquellos en quienes confiamos de informarnos correctamente. La simple verdad es que la vida vino a nuestro planeta cuando la Tierra no tenía nada que albergar un malvavisco tostado a nivel galáctico. Las formas de vida fueron traídas, los dos procariotas, resultaron ser las más sencillas y más duraderas criaturas de las que estamos conscientes. Y lo más importante de todo es que tienen la capacidad única de producir oxígeno como resultado de sus procesos metabólicos. ¿Por qué oxígeno? ¿Por qué es tan importante? Porque sin una atmósfera basada en oxígeno, la vida, tal como la conocemos actualmente es imposible. Por supuesto, los organismos anaeróbicos viven perfectamente bien sin él, pero no serían buenos vecinos o compañeros sociales. No, el oxígeno es esencial para la vida compleja tal y como la conocemos, y es muy posible que sea necesario para formas de vida superiores en todas partes. Si este es el caso, si el oxígeno es el ingrediente clave para la vida a través del universo, entonces, desde la perspectiva de un terraformador trayendo una carga de procariotas a este sistema solar hace cuatro billones de años comienza a tener sentido. Pongámonos en sus zapatos (o lo que sea que usen) durante un momento. Como especie son de algunos millones o incluso billones de años en su ciclo de vida. El espacio y el tiempo no significan nada para ellos. Atravesando el universo es como una impulsión a través de Texas para nosotros… un poco largo pero factible. Así, al ellos viajar alrededor, hacen un punto buscando lugares para establecer vida, y hace unos cuatro billones de años, ellos avistaron a un sistema solar (en este caso el nuestro), haciendo allí su puerto. Toman un buen impulso y se toman un lugar. A este punto, todo protoplaneta es tanto un caldero hirviente como lo era la protoTierra, por lo que espolvorean los procariotas en todos ellos con la esperanza que a uno o más se les permita prosperar. Lo que saben los terraformadores es que si los procariotas ultimadamente prevalecen, entonces, con el transcurrir del tiempo, trillones de ellos producirán suficiente oxígeno para, primero, a su vez, convertir todo el hierro en enfriamiento del planeta a óxido de hierro (herrumbre). Una vez que esto está hecho…después de, digamos, un billón de años (lo cual, recuerden, no significa nada para los terraformadores)…El oxígeno producido por los procariotas será libre de comenzar a saturar las aguas de los mares y la atmósfera arriba. Cuando ocurre la suficiente saturación (digamos, otro billón de años), los terraformadores pueden comenzar a introducir cada vez más complejas formas de vida al planeta. Esto podría incluir, por ejemplo, a los eucariotes, la segunda forma de vida de la Tierra, otra bacteria de una sola célula, la cual claramente apareció (más bien evolucionó) tan repentinamente como los procariotas hace (¡sorpresa!) alrededor de dos billones de años. Los eucariotes son distintivos, porque son la primera forma de vida con un núcleo, el cual es la marca registrada de toda vida en la Tierra excepto por los procariotas. Nosotros, los humanos, somos criaturas eucarióticas. Pero estos segundos inmigrantes (los cuales, como los procariotas, existen todavía tal y como lo hicieron cuanto arribaron acá), eran mucho más grandes que sus predecesores, más frágiles y más eficientes produciendo oxígeno. Después de establecer la primera parte de su programa, los terraformadores esperan pacientemente, mientras el protoplaneta se enfría lo suficiente para poder introducir “verdaderas” formas de vida. Al llegar el momento, a partir de hace alrededor de hace medio billón de años, formas de vida superiores se introducen por medio de lo que hoy es denominado “Explosión Cámbrica”. Miles de formas altamente complejas aparecen virtualmente de la noche a la mañana, machos y hembras, depredadores y presas, viéndose como nada vivo en la actualidad. Esto es lo que realmente ocurrió. Los terraformadores continúan supervisando su proyecto. Ellos observan que la Tierra sufre catástrofes periódicas que eliminan de 50 al 90 por ciento todas las formas de vida superiores. (Tales acontecimientos de extinciones masivas han, de hecho, ocurrido cinco veces, siendo la última la extinción cretácea de hace 65 millones de años, la cual barrió totalmente a los dinosaurios). Ellos esperan unos pocos miles de años después de cada acontecimiento, mientras el planeta recupera de nuevo su equilibrio biótico, luego lo vuelven a surtir con nuevas plantas y animales que pueden abrirse su camino en el ambiente posterior a la catástrofe. Esto, también, es corroborado por el registro fósil, el cual los científicos tratan de explicar con una adición darviniana de las especies, llamada “equilibrio puntuado”. Por indignante y escandaloso como pudiera parecer a primera vista el escenario arriba descrito, da la cuenta de la verdadera, real y literal evidencia mucho mejor que, ya sea el Darvinismo o el Creacionismo lo han hecho o harán alguna vez… Esto produce la más amarga ironía de todo el debate. Con pilares de evidencia concreta apoyando la intervención foránea como el modo del origen de la vida en la Tierra, el concepto es ignorado hasta el punto de la supresión, tanto en círculos científicos o religiosos. Esto es, por supuesto, comprensible, porque para discutirlo abiertamente pudiera darle una credibilidad que ninguna de las partes puede permitirse en la actualidad. Ambos tienen sus manos muy ocupadas manteniendo la batalla los unos contra los otros, de modo que lo último que quiere o necesita cualquiera de los bandos es una tercera rueda tratando de estrellar su parte. Sin embargo, esa tercera rueda ha llegado, y está rodando su camino. Feliz Año 2011
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