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Por: Lic. Edgardo Leyva El propósito del gobierno al establecer como materia obligatoria la “Formación para el Trabajo” en las escuelas preparatorias, para enseñar al estudiante a ganarse la vida trabajando honradamente no es cosa nueva. Desde los años cuarenta del siglo pasado la Escuela de Enseñanzas Especiales Número 29, conocida en Baja California como la “Poli de Aguacaliente”, incluía talleres de carpintería, hojalatería, ajuste, electricidad, dibujo, modelado y costura en su Plan de Estudios de Segunda Enseñanza. En los sesenta, la Secundaria Municipal Adolfo López Mateos tuvo talleres de mecánica automotriz y artes gráficas mientras que la Casa de la Juventud del Instituto Nacional de la Juventud Mexicana y otras escuelas, públicas y privadas brindaban cursos de soldadura, plomería, primeros auxilios, fotografía, serigrafía, mecanografía y redacción, entre otras capacitaciones más que con el paso del tiempo, la modernidad, la globalización, el neoliberalismo y las reformas educativas, dejaron de funcionar. La experiencia de aquellos tiempos demostró que la enseñanza forzada de artes y oficios en Secundaria no tuvo el éxito esperado por falta de madurez en los estudiantes y porque los talleres, salvo excepciones, no eran profesionales, el tiempo de clase era escaso y no había suficientes materiales para las prácticas. Hoy, las preparatorias exigen a sus alumnos formación para el trabajo con actividades novedosas y es posible que se obtengan mejores resultados, principalmente por razón de su edad y madurez, pero se trata de preparación en aula o laboratorios donde no se experimenta la realidad profesional, social y comercial de la actividad. No existen talleres donde un estudiante de Educación Media fuera de su escuela y en un ambiente estrictamente profesional, aprenda análisis electrónico automotriz, frenos ABS, alineación, balanceo, pintura, instalación de alfombras, losetas, ventanas, tapicería, plomería, aire acondicionado, albañilería, reparación de aparatos electrónicos y redes de computación, etcétera. La escuela no es el lugar indicado para aprender un oficio remunerativo y practicarlo, los sitios correctos son el taller o la obra. El aprendiz tiene que estar cerca del maestro y del proceso para aprender y eso sólo se da en un taller-escuela. El gobierno no tiene todos los medios para hacer que esto funcione, hablamos de becas, subsidios, pago de cuotas y materiales según el curso que se reciba, así como de autorizar a particulares para crear los talleres-escuela que admitan alumnos de diferentes planteles o sistemas educativos, preparen en su especialidad y certifiquen su grado de aprendizaje cuando corresponda.
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