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Por: Jaime Martínez Veloz “La Santa Cruzada” integrada por políticos, funcionarios, empresarios, militares, religiosos y hasta delincuentes, todos con un sólo propósito: ocultar bajo todas las llaves posibles, sus grandes secretos y contubernios, descifrados por aquéllos que no malgastan letras, inician la persecución y quema de conciencias, declarándola herejía (Pedro E.). Medios de comunicación plurales y democráticos como la revista Proceso con 34 años de vida, al continuum de persecución que en tiempos de paz sufren por parte de gobierno, empresarios y funcionarios corruptos, hoy enfrentan además, la de la delincuencia organizada. México está sólo a un paso de Irak como el país más inseguro para los periodistas, y cuando de justicia se trata, en nuestra nación se investiga a la víctima, o peor aún al ciudadano común se le va transformando en delincuente para justificar una posible agresión a futuro; se va construyendo un velo que permita en algún momento oportuno aniquilarlo y quitarlo del camino. Para ello, en nuestra historia moderna, los monopolios televisivos han sido aliados fundamentales, sobre todo Televisa, quien sin ningún miramiento un día convierte en asesina a una ama de casa, y otra en héroe a un capo en una serie. Para un medio de comunicación como Proceso, cuya principal fortaleza es la credibilidad, no es raro que sea ahí precisamente donde quieran golpear, es absurdo cómo pretenden ahora ser monopolio de la verdad, a través de la calumnia. Una vez más, consideran que la sociedad no tiene memoria, ni conciencia y otra vez consideran a México inmaduro, porque ha sido precisamente el pueblo quien le dado su confianza, apoyo y ha sostenido semana a semana este espacio. La campaña de desacreditación contra Proceso, es muy grave: es un atentado contra la cordura de la vida nacional, genera incertidumbre y desaliento, la conclusión de que en este país, son todos contra todos y nadie está seguro en donde esté. En la presente coyuntura lo que parecería como un diferendo entre la revista Proceso y la empresa Televisa no es casual. Las acciones del Gobierno Federal y de la empresa, manifiestan un maridaje que si bien no es común, recuerda las mejores épocas del PRI en el poder, en donde el control sobre los medios escritos, radiofónicos y televisivos era prácticamente absoluto. El que estos dos medios se enfrenten pudiera parecer sólo debido a una clara y opuesta línea editorial; sin embargo hay mucho más de fondo. El pleito real no es entre Proceso y Televisa. El problema de fondo es que Proceso ha constituido una ladrillo en el zapato para el gobierno del Presidente Calderón y se está empleando a Televisa como un peón de ataque para evitar el enfrentamiento directo. En la campaña enfocada a desacreditar a Proceso, Televisa ha utilizado a sus locutores llamados “estrella”: Joaquín López Dóriga en el noticiero nocturno y a Carlos Loret de Mola en el matutino. Las entrevistas hechas a todo tipo de personajes de los medios y a un importante número de legisladores, muestran que la televisora está dispuesta a echar toda la carne al asador por una causa que no es la suya, sino de otro protagonista, con el cual que comparte importantes intereses. El que se enjuicie a Proceso desde una postura pontificia, es contrario a los más elementales derechos humanos: el derecho a la vida y a la libertad; a la libertad de expresar el sentir de una sociedad en proceso de maduración, una sociedad que busca respuestas cuando estas no provienen de las instituciones y que ha encontrado en esta revista su voz ante las circunstancias que hoy agobian a México. El que un “testigo protegido” por la información que está suministrando a las autoridades, sea quien haya hecho las declaraciones de la supuesta extorsión, no deja dudas de que, como parte de la negociación que tuvo con el Gobierno Federal, tenga que hacer declaraciones que involucren a “enemigos” del gobierno. Bajo esta lógica, bien pudiera declarar en contra de cualquier personaje político, religioso, del medio artístico o deportivo. Tampoco deja dudas de que Televisa, como ya lo ha hecho en múltiples ocasiones, emprende intensas campañas en contra de personas, de empresas, de instituciones e incluso de otros medios, como hoy es el caso, cuando se ven afectados sus intereses o cuando el gobierno federal –que es quien le otorga las jugosas concesiones y privilegios- se lo indica. Pero Proceso es una revista combativa, con alma guerrera. Desde su nacimiento ha enfrentado problemas similares y seguramente saldrá fortalecida de esto. No se harán esperar el que se eleven en todos los rincones del país, voces en favor de Proceso. Su trayectoria, su prestigio, la conciencia crítica que representa para la sociedad, le han ganado ese espacio que hoy se trata de desacreditar, con el poco creíble argumento de que uno de sus reporteros recibió 50 mil dólares producto de una extorsión. Cabría preguntar ¿a cuánto ascienden los montos que Televisa ha recibido del Gobierno, por sus favores y silencios? Esos son temas excluidos de los contenidos informativos de los payasitos de la tele. Por último, un hecho que no es fortuito, al ataque a Proceso surge después del reportaje que alude a Juan Carlos Mouriño. ¿Casualidad o consecuencia? Sólo el tiempo lo dirá.
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