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La lucha libre cumple un siglo en México y sigue tan campante
René Mora
Se dice que la lucha libre llegó a México en 1860 durante la intervención francesa, pero fue hasta 1910, en la época del porfiriato cuando logró establecerse como el deporte espectáculo número uno de la nación.
Este deporte espectáculo de la lucha libre ha sido único y por demás increíble, pues ha logrado penetrar en todas las clases sociales del país, lo mismo en la clase alta, que la media y la media baja, donde existen los mayores seguidores del pancracio.
De 1910 a la fecha, México se ha transformado, pasó de un gobierno de Porfirio Díaz a una revolución, una expropiación petrolera, dos guerras mundiales, 70 años de un partido en el poder y va en un segundo sexenio de un gobierno de esperanza que todavía no da color, pero la lucha libre sigue tan vigente como en sus inicios.
En esos años de 1910, la lucha libre fue manejada por extranjeros, un italiano que dicen fue el primer promotor que tenía sus empresas en México y comenzaron a hacer el gran negocio, pero no fue hasta 1933, cuando don Salvador Lutteroth, a quien se le conoce como el padre de la lucha libre, cuando cobró nuevas dimensiones jamás sospechadas con el nacimiento de la Empresa Mexicana de Lucha Libre en diferentes arenas chicas en la capital.
Cuenta la historia que cuando cumplía el primer año como empresario, don Salvador se compró un boleto de la lotería y con la sorpresa de que ese cachito venía con premio, ganó una buena cantidad de dinero (se dice que fueron 40 mil pesos) que le dio la posibilidad de comenzar a construir la arena más famosa, Coliseo, que con el paso del tiempo se convirtió en la catedral de la lucha libre.
Así fueron los inicios de la lucha libre en México, que poco a poco fue penetrando en el gusto de las masas, principalmente en las clases bajas, en las populares, pegando bastante fuerte entre aficionados que fueron creando sus primeros ídolos.
Cuando la lucha libre comenzó a cobrar dimensiones grandes, llegaron los primeros enmascarados, las nuevas figuras de carne y hueso, que con el paso de los años, se convirtieron en leyendas, en mitos y en parte de una cultura, del folklore de una nación tan necesitada de héroes.
Sí, héroes que llegaron para quedarse, porque, con todo y que muchos de ellos ya murieron, para los aficionados siguen vivos en sus corazones, en sus mentes.
La lucha libre ha alcanzado dimensiones tan grandes, con mitos y leyendas, la gente hace murmuraciones sobre tal o cual enmascarado, sospechan que se trata del vecino, del amigo, del compadre y hasta lo comparan con el ídolo del momento.
Otros, dicen ser sus amigos de infancia, de ser sus entrenadores, aunque a final de cuentas, las dudas y los mitos siguen porque bajo esa máscara se guarda celosamente la identidad de quién da vida a un personaje.
Así es la lucha libre, que con ídolos como El Santo, Blue Demon, Huracán Ramírez, Mil Máscaras, Tinieblas, Rayo de Jalisco, El Solitario, El Médico Asesino como enmascarados, llegaron al cine para unirse a Wolf Rubinsky, Tonina Jackson, El Bull Dog, El Cavernario, Black Shadow; que apoyados por actores de la época como Eric Del Castillo, Noe Murayama, Armando Silvestre, Julio Aldama, Sasha Montenegro, Angélica María, Lorena Velásquez, fueron creando poco a poco un nuevo género cinematográfico.
Fue tan grande el éxito de la lucha libre en el cine, que en países de Centro y Sudamérica, se siguen disfrutando hoy en día de las películas donde aparecen sus verdaderos ídolos combatiendo a momias, a monstruos, convirtiéndose en los campeones justicieros.
La lucha libre, con el cine, radio y la televisión, logró penetrar fuerte en el gusto del pueblo mexicano, perfeccionando este deporte, creando ídolos, pero de los buenos, de carne y hueso y no de fantasía, que lograron darle mayor presencia, y por si fuera poco, inmortalizar a muchos luchadores, que con los años, sus leyendas y mitos crecen y que a pesar de los años, siguen en el gusto popular.
Todos los deportes tienen sus ídolos y máximas figuras, como Ray Robinson en el boxeo, Pelé en el fútbol, Jordan en el básquetbol, Babe Ruth en el béisbol, Mark Spitz en los clavados, pero, en la lucha libre, pese a que El Santo, el primer enmascarado en la historia de la lucha libre (al menos, así se le reconoce desde 1942) es la máxima figura mexicana, no se puede uno olvidar de su eterno rival, el gran Blue Demon con quien mantuvo siempre una gran rivalidad que dicen, se mantuvo hasta fuera de los cuadriláteros, pues entre ellos, ocasionalmente se daba un saludo.
Este deporte espectáculo no es sólo para hombres, dado que las mujeres también tienen su lugar, con Irma Aguilar, Lola González, Toña La Tapatía, Martha Villalobos, Chabela Romero, las hermanas Moreno, Lady Apache entre otras.
También los enanitos tuvieron su lugar, pues en los años 50's aparecieron los primeros y en los últimos años, vimos a las mascaritas sagradas, los octagoncitos, entre otros.
Y pese a todo lo que se dice, lo que se habla, la lucha libre está firme en el gusto de la afición, de la gente, de todos los mexicanos, creando nuevos mitos, nuevas leyendas, nuevas historias día a día, llenando igual una arena chica que una grande o hasta estadios, con luchadores que un día se juegan su máscara y otro día la cabellera.
El éxito de la lucha libre se da en México, porque a los aficionados, aparte de darles un entretenimiento de primer nivel, los aficionados pueden desahogar sus pasiones, gritar, olvidarse durante dos horas o más de problemas, de estrés y sobre todo, para los niños que tienen la oportunidad de ver, tocar y hasta platicar y tomarse fotos con sus ídolos.
Por eso, cuando estamos cerca de cumplir el primer siglo de su establecimiento en México, sus cimientos están más fuertes que nunca y la lucha libre seguirá tan campante como siempre.
GRANDES ENMASCARADOS DE LA HISTORIA
• El Santo
• Blue Demon
• Mil Máscaras
• Huracán Ramírez
• Tinieblas
• El Solitario
• Rayo de Jalisco
• Canek
OTROS GRANDES
• Black Shadow
• Perro Aguayo
• El Hijo del Santo
• Cavernario Galindo
• Fishman
• Rolando Verae |