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Por: Aquiles Medellín Silva Ya está, ha sucedido. El momento esperado se ha producido: al PAN, a punto de cumplir 10 años en el Gobierno Federal, le han dicho, por primera vez en toda su vida, <<no sirves, eres basura». Marcaremos la fecha en el calendario para conmemorarla cada año, porque indudablemente comienza una nueva etapa en su biografía política, aquella en la que deberá ser consciente de sus rasgos distintivos y las consecuencias que conllevan ser incumplido, mentiroso y bueno para nada (sus desastrosas políticas han producido 65 millones de pobres). De entrada le pregunto si eso de «basura» es bueno o malo y repite, como un atenuante de su gran delito, que él nació en pleno ascenso de Adolfo Hitler. Como todos los extraviados, no se ve ninguna diferencia. Me habría gustado presenciar el acontecimiento, como el primer contagio, el primer diente que se cae, el primer trazo para dibujar, aún sin sentido, su propio nombre, pero no fue así, no pudo crecer y tonarse vigoroso (1939-2010). Pero no, a partir de cierta edad, a los hijos empiezan a vivir acontecimientos de los que los padres no seremos testigos de primera fila, sino que deberemos conformarnos con el relato que a posteriori hagan ellos, en el mejor de los casos. Tengo la suerte de no recordar muy bien mi primera vez, porque las tres palabras se escurrieron entre muchas sin sentido que iba aprendiendo de la nueva lengua. Después, me recuerdo buscándolas en el diccionario para intentar averiguar por qué aquello que me decían como insulto era un improperio, qué quería decir si era tan negativo. Buscaba «basura», claro, que la mierda sabía lo que era, este país del que todos hemos formado parte en un momento u otro y al que nos envían cada dos por tres, tal y como apuntaba el amigo de una amiga en una conversación a pie de calle, parloteando en banqueta. Mi suerte tal vez fue la de crecer en una escuela donde todos éramos iguales en un momento u otro: el moro, el charnego, el gitano e incluso el catalán y el beduino. Intuyo que los años que vendrán serán los más difíciles, los de intentar que mi hijo siga creyendo que es tan de aquí como cualquier otro y que nadie le puede negar el derecho a sentir eso por mucho que le repitan. El autofestejo por los tres años de Lupe Osuna Millán (¿autoelogio?), porque ni siquiera asistió al Congreso de mayoría priísta, a distancia reclamó su espacio, un control por ley del gasto de fondos federales por parte del Gobierno central ha aportado munición a quienes se han lanzado desde hace meses a una escalada de ataques en contra del gobernador más reprobado en la historia de Baja California emanado de las filas donde el oficio político no existe. Las palabras del mandatario derrotado en las urnas el pasado mes de julio han venido a reforzar las tesis del más rancio derechismo que ve en la ausencia de controles de gasto una maquinaria necesaria de despilfarrar dinero público, de crear un nuevo caciquismo político (sin éxito antes de nacer) y, en definitiva, de disolver las formas de buen gobierno en la Baja California pujante. No lo digo por el ansia de conocer los resultados de opinión presentes, sino para ahorrarme otra campaña de eslóganes vacíos, promesas vanas y descalificaciones variopintas. Al parecer, no habrá que consultar a ningún analista, ni descifrar ninguna encuesta, ni siquiera llamar al tarot de Radio Enciso. Todo el mundo sabe quién ganará y los profetas están de más. Sólo hay una sonrisa que se dibuja en el horizonte. Está clarísimo. Es la sonrisa no disimulada y confiada de los ciudadanos. Ganarán. Lo harán por méritos propios y también porque la imagen del tres letras (PAN) es más que pésima. Para algunas personas, dependiendo de lo que leen y escuchan, el “tres letras” es peor que el Papú, indolente como las calles polvosas de lo que dejaron de hacer durante 21 años en Tijuana. Curiosamente, en las encuestas que se hacen estos días la gente valora la obra de gobierno del tres letras, pero no al partido como Gobierno. No es extraño: no lo valoran ni ellos mismos. La incapacidad que demuestran a la hora de explicar y defender el pacto político que nunca han hecho les pasará factura por separado. El hecho de que no digan claramente, por razones electorales, que estarían dispuestos a repetirlo significa, en cierta manera, renegar de lo que han hecho. Si no lo hacen es porque ahora dicen que toca cambio y todo el mundo dice que el cambio que toca son ellos. Pues bien, sé que el Lupillo no es caballo ganador, que han hecho muchas cosas mal, que han sido una jaula de grillos azules, pero, mira por dónde, creo que no sería tan terrible otro resbalón del Lupillo. Vamos, no pasa nada porque están en retirada. Quizá es que tampoco espero demasiado de un gobierno pintado de azul; quizá es que algunos, han hecho un buen trabajo; quizá es que, aunque muchas veces no lo parezca, han intentado hacer una política coherente y eso tiene mérito. Pero, sobre todo, porque antes mil veces un gobierno de pacto, por difícil e imposible que sea, que un gobierno con minoría absoluta ahora lo intente hacer cuando desperdició sus años de gobernar sin contrapesos. Antes el desorden de una coalición que la prepotencia y la falta de explicaciones que han caracterizado a las mayorías absolutas que hemos conocido pintados de azul. Espero que no sea eso lo que nos deparen los próximos gobernantes, en los que, para sorpresa de todos, la primera mayoría absoluta la obtendrá la abstención producto de sus carencias de oficio político de los que han sido derrotados. “La ideología se está utilizando como coraza por falta de proyecto”. La frase es de Luis Donaldo Colosio, hombre distendido y franco que, desvestido de la obligación de lo políticamente correcto porque ya no está con nosotros, se deja querer en sus trazos discursiles que perduran cuando comentan que se le echa en falta. Y no por voluntad de regresar por donde solía trabajar, el poder, sino por legítima coquetería de quien sabe que su tiempo de primera línea pasó sin que ello suponga que ya no esté en activo porque su legado sigue. Al contrario. Con una agenda ya imposible sigue siendo permanentemente solicitado para exponer y recrear lo políticamente correcto. Quienes le desean, saben que el auditorio se relamerá en una nostalgia que tampoco es lo que era. Actos públicos compatibilizados con participación en grupos de estudio, comisiones de análisis o de expertos a instancias de instituciones diversas se apoltrona y emerge su visión del Estado que Donaldo soñaba construir. Le sucede como a Jesús Reyes Heroles padre o Carlos Madrazo padre, convertidos con Luis Donaldo en “Los tres mosqueteros” de las ideas de la Nación contemporánea. La denuncia de falta de liderazgo porque, en parte, los panistas quieren hacernos creer que ellos, los nuestros ya no son líderes. Y no es cierto. En la medida en que se les escucha en la lectura de sus textos con mayor atención que a sus sucesores, su maestría se convierte en sinónimo de dominio de ideas, criterio y pragmatismo frente a la simplicidad carente del mensaje de los actuales. Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Cosa perfectamente compatible con ese toque amargo que desprenden sus discursos y que aportan la edad y su condición. Elegante lamento, en su caso, de no seguir teniendo la responsabilidad que en su fuero interno añoran o recrean. Aquella que les hizo grandes y que temen que se desvanezca a los ojos de las nuevas generaciones. No obstante su legítimo derecho a reivindicarse, es cierto que su prestancia conlleva la dignidad del cargo perdido. Y procuran no molestar en exceso aunque algunos de sus activos correligionarios prefirieran los silencios a las declaraciones. Todo lo contrario de Vicente Fox que, lejos de encauzar adecuadamente su voluntaria jubilación anticipada, destila aflicción en sus opiniones y recelo en sus discursos en contra de todos, incluso de los de su establo. No sorprende, pues, que le hayan inscrito en el restrictivo club de los peores expresidentes del mundo. ¡Y entre los dos que lo encabeza con Felipe en México!, porque lejos de evitar incomodar en su rancho San Cristóbal, se pasea por el mundo echando pestes de sus representantes como si no fueran con él. Mal indicio y peor prestancia. Nadie ha dicho que no sea dura la condición de ex, pero la dignidad con que se lleva ayuda a valorar la altura anterior. Cosa distinta es que su modelo de acción política se corresponda con las etapas actuales. Son tres ejemplos de un periodo donde cualquier causa superior justificaba una incorrección inferior. Tiempo en el que la ideología era un chicle que se amoldaba a las necesidades como el cargo a quienes lo ostentaban. Etapa en la que la base de las creencias políticas se relativizaba ante las imprescindibles medidas a tomar y, en esencia, contrarias al dogma. Al revés que ahora, dicen ellos. ¿Ingenuos o respetuosos? A la vista salta que ya quisieran algunos de los actuales tener ideología. La vendieron por un plato de marketing y videoclips. Pero dicho esto, no deja de ser cierto que el brusco aumento del déficit público a la que la recesión y la falta de empleo ha obligado al gobierno panista es una tarea que exige fiscalizar arriba del hombro a todas las administraciones municipales en Baja California. Como lo es que algunos alcaldes han realizado carísimas políticas de escaparate, que han generado una descomunal deuda a punto de salpicar la oficina estatal de Mexicali y también al federal y que los cachará la nueva mayoría en el Congreso del Estado. El problema es que el gobernador Lupe Osuna no distinguió entre justos y pecadores, y dejó así en el ambiente la sensación de que existen poderes territoriales que se resisten a hacer las necesarias políticas de recorte, con todo y que ahora tiene Congreso priísta. Y eso, sencillamente, no es falso.
Justos y pecadores El propio Informe de gobierno dejó a un lado la deuda y las grandes disparidades. Lo que demuestra que no valen los cohetes y la mercadotecnia ni la pintura azul con brocha gorda. Y no estaría de más que el gobernador reflexionara sobre la composición del grueso del gasto (sanidad, educación, asistencia social, etcétera), escaso en plena crisis provocada por su jefe Calderón, y sobre el déficit que generó el anterior sistema de financiación ejecutado por Elorduy. El Lupillo Osuna no debería referirse a los presupuestos como si hablara de un concurso de manirrotos o en un gimnasio atiborrado de hombres bulto del PAN. Se habla tanto, y sin más, de los mercados que se ha olvidado, si es que alguna vez se supo, qué hay detrás de ese término. Y no por casualidad: a los gobiernos les conviene que la gente y los medios de comunicación manejen, sin mayores precisiones, ese concepto abstracto, que es más un eufemismo que otra cosa. Porque cuanto menos se sepa del diablo económico de nuestros días, más fácil será echarle la culpa de todo lo que esos gobiernos dicen que están obligados a hacer. Sin embargo, de vez en cuando nos enteramos de cosas que nos acercan a la verdad. Por ejemplo, y gracias a un informe publicado hemos sabido que los bancos de nuestro país poseen cerca de 29 por ciento del total de la deuda pública. Es decir, que casi un tercio de esos mercados que nos obligan a congelar pensiones, a recortar inversiones y a elevar el sueldo de los funcionarios ineptos son conciudadanos nuestros. Y de los que más cobran, por cierto pues se han pintado de azul. El citado informe añadía un dato aún más sangrante: el total de deuda pública en manos de entidades financieras ha caído casi 12 por ciento, hasta el citado 29 por ciento, desde junio a septiembre, es decir, durante los meses más difíciles que la economía mexicana ha vivido en varias décadas, gracias al desastroso gobierno calderonista. Eso significa que mientras el Presidente rompía todas sus promesas, la gente se indignaba y se gestaba la protesta en las urnas, nuestros bancos vendían a mansalva títulos de deuda pública, ¿por qué? Para ganar dinero: los habían comprado cuando estaban baratos y se han deshecho de ellos cuando los intereses han subido. No es fácil saber, todavía, a cuánto asciende el beneficio de la operación y quienes resultaron beneficiados. Pero parece ser que es jugoso. De varios miles de millones de dólares. Tampoco se puede determinar en qué medida esas ventas masivas han encarecido el precio de la vida. Pero cabe suponer que el hecho de que las entidades nacionales se hayan deshecho de títulos en momentos de alarma no ha debido contribuir mucho a mejorar su atractivo en el mercado.
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