Las carcajadas siniestras de Calderón y el “Lupillo” Osuna Millán PDF Imprimir E-mail

Por: Aquiles Medellín Silva

El presente es una ilusión efímera. Dialogar con Calderón es imposible porque es mentiroso y nada cumplidor. Acaba cuando apenas inicia. El tiempo presente se escurre y se desvanece con demasiada celeridad en las manos del peor Presidente que México haya tenido.

México ocupa hoy el último lugar en competitividad en Latinoamérica. Los últimos 10 años el salario de la población se comprimió 40 por ciento. El 65 por ciento de la población juvenil que oscila entre los 19 y 27 años no tienen oportunidad de empleo. El 30 por ciento de los mexicanos comen dos veces al día; durante los gobiernos del PAN el crimen organizado creció desmesuradamente al grado que en un año se cometen más asesinatos en las calles del país que soldados americanos muertos durante toda la guerra en Irak.

El bicentenario panista ¿qué significado tiene hoy? La mera celebración perpendicular encabezada por el inepto Presidente sin un examen crítico de la sociedad equivale a no desentrañar en el presente las razones de un pasado de sangre, derrotas y victorias. O, dicho de otra manera, a convertir la actualidad banal del PAN en una esfera de reflejos irreverentes que encubren el pensamiento dominante de la derecha.
En el presente no hay un proyecto de nación capaz de elevar a un nuevo nivel republicano el cumplimiento de nuevos y viejos derechos, dándole a la relación de la sociedad un circundante aliento de renovada autonomía.

Es el conservadurismo crónico por excelencia que impide el desenvolvimiento de la modernidad, el progreso y el avance tecnológico en México y Baja California .Es el rostro cínico de Felipe Calderón y el Lupillo Osuna Millán. Dos rostros demasiado vistos en la misma moneda.

La Presidencia de la República extravió la oportunidad de ponerse a la cabeza de las emociones populares, asumir un liderazgo auténtico y, acaso, darle un giro a lo que ha sido hasta ahora la confusa conducción del país. En lugar de eso, se quedó encajonada en lo que ha sido su caballito de batalla: la política de los spots publicitarios, la estridencia del marketing que, efectivamente, contrastan con la carencia de ideas de Calderón y amiguitos.

La actual crisis económica ocasionada por los panistas es la más devastadora en 100 años. El estallido de la crisis es el frentazo de la cabeza de Calderón con el piso de la realidad nacional, pero la caída panista comenzó hace mucho, con Fox y los malabarismos de la derecha. Por eso se dice que las crisis favorecen al Yunque empresarial.

Como decía, la corrupción es, en México y en Baja California, un mal endémico. Las causas son muchas y variadas; exponerlas nos ocuparía estanterías por cada uno de los 21 años del PAN. De todos modos, enumerarlas, clasificarlas y polemizar sobre ellas nos ayudará bien poco a superarlas. Sea como fuere, el panorama es desalentador y sobre este particular es sobre lo que hay que interrogarse muy seriamente. ¿Por qué somos, según Transparencia Internacional, el décimo quinto Estado más corrupto del mundo? Pretender ser la 4ª potencia que nos prometió Fox fue un mal agüero del ranchero mentiroso, empezando con su casa en San Cristóbal con esa posición en el cuadro del deshonor. ¿Por qué, según los últimos estudios demoscópicos de Hacienda, se sigue viendo casi mayoritariamente la defraudación fiscal como algo justificado? ¿Por qué México ha tardado más de diez años en hundirse hasta el nivel de Haití gracias al disfuncional Fox y su pareja la señora Martha? ¿Por qué políticos corruptos siguen contando con el favor de sus votantes en Los Pinos?

En mi opinión, la respuesta a estas y otras preguntas no radica en la simplona y habitual de cambiar las leyes penales. Bajo el priísmo de antaño, existían más delitos que castigaban específicamente a los funcionarios públicos; ahora, 21 años después en Baja California no hay panistas deshonestos en la cárcel, es una entelequia mal montada. Hoy, desde luego, más tanto y mucho, pero menos de lo necesario en las débiles decisiones de Calderón. La respuesta no es la formulación de las nuevas leyes penales. Está en la formulación y puesta en marcha con todo empeño de los mecanismos que hagan que esas leyes sean algo más que un azaroso obstáculo que sólo caza a los más tontos y los que no son amigos del presidente panista o el gobernador panista, el derrotado Lupito Osuna Millán.

Es hora de que se pongan los medios necesarios, es decir, policías, fiscales, jueces y todo el personal auxiliar que requieran, sin dejar de crear y reforzar la cooperación judicial y policial federal, para que las leyes penales de que disponemos sean leyes penales efectivas y el hotel Cefereso El Hongo albergue los pillos que se hicieron ricos bajo el manto protector del PAN en Baja California.

La metáfora de este otoño es “aprendiz de brujo”. Es como si cada nuevo capítulo de nuestra vida una película en 3D se adelantara a los acontecimientos, convirtiendo la ficción en pedagogía política. La paradoja de la globalización es que mientras el mundo se vuelve más unido, el poder se vuelve más difuso. Mientras Calderón practica la Realpolitik golpeando al PRI, acariciando al PRD y sobando la cara a la sociedad, Tijuana vive un dilema dramáticamente escenificado antes del verano: dar un salto hacia adelante o quedarse atascada durante décadas con más panistas ineptos y corruptos .Tijuana tuvo ese mismo dilema a finales de 1989. Sucedió entonces que el gobernador se dirigió a Carlomagno, desesperado ante el creciente poder del Estado central. Era consciente de que el futuro residía en adaptar la estructura económica, el orden social y la cultura política a un tiempo de cambios. No. El final fue que Baja California acabó siendo una marca carolingia del PAN. El error se debió a una mala formación política en la toma de decisiones.

Al margen del debate sobre si el nivel de la política bajacaliforniana en la Universidad es una medida necesaria, inoportuna, desacertada o descabellada, una cosa está clara: Tijuana y sus municipios no tendrán futuro mientras no tengan una universidad entre las 100 primeras del mundo. Pero ¿por qué no la tiene? Porque estamos ante una institución que muestra, primero, torpeza a la hora de seleccionar profesorado, de elegir proyectos o de promover liderazgo y, segundo, desidia al dejar la excelencia de sus miembros en manos de unos organismos gubernamentales poco claros en sus decisiones. En conclusión, su presente es malo, pero su futuro es peor.

En el mundo actual la palabra clave es influjo y no fuerza; pero nosotros vamos a contratiempo. Un cambio de actitud es obligado si queremos seguir en el futuro el ritmo marcado por la globalización, y no convertirnos en una simple marca como ya ocurrió en el pasado reciente.

Lo afirma Stephen Hawking en su nuevo libro “Dios no creó el universo”. De repente, me invade la sensación de que se nos viene encima una avalancha de trabajo. Si Darwin ya lo excluyó como hacedor de la vida y ahora descartamos su intervención en el universo, ¿será verdad que Dios no existe?

No entiendo casi nada de física cuántica, pero sé que si no miramos en el interior de la caja, si no interactuamos con el sistema, el gato de mi casa estará vivo y muerto a la vez. Si resulta que somos unos conejillos, entonces se evaporará una de las dos posibilidades, y encontraremos al gato vivo o muerto. Pero sólo pasará esto si penetramos en esta realidad oscura, gobernada por las leyes de la cuántica. Un paréntesis: en la paradoja que Schrödinger describió en 1937 a partir de la idea de que una partícula alfa rompería (o no) la botella donde estaba el veneno que tenía que liquidar al gato, ahora se ha sustituido la muerte del animal por un vaso de leche. Sin abrir la caja, nunca sabremos, en esta versión light, si el gato ha bebido o está sediento.

En realidad, yo quería hablar de Hawking y la existencia de Dios. Hasta hoy, Dios era como el gato de la caja. Podía existir o no. Y, como no había forma de ser observadores para incidir en el sistema, cada cual creía lo que quería. Existía y a la vez no existía. Ahora sabemos que Dios no creó nada y una de las razones que argumenta Hawking es que, de existir, no habría programado universos redundantes. Se equivoca mucho. Cuando un creador escribe y publica la misma novela cientos de veces, no es que no sea escritor: es que no sabe más y apuesta por valores seguros, aunque sean mediocres. Concluimos, pues, que Dios existe y que sólo tiene imaginación para los best-sellers.

El mundo se nos pone patas arriba. Cruces, medias lunas y estrellas de David quedan relegadas a meros motivos decorativos y bien pensado, nadie muere ni mata por un simple ornamento. Los hombres y mujeres enclaustrados son invitados a palpar la vida. Y el Vaticano y sus habitantes de ropajes esperpénticos aterrizan en el siglo XXI y experimentan con la democracia, esa gran desconocida para ellos.

Por ahora, los cambios no están mal. Pero si sigo con la lista, hay algún renglón que me resisto a tachar. Lo del no matarás, no robarás y amarás al prójimo está bien. Muy bien, incluso. Además, en el nombre de Dios, son muchos los que se baten el cobre por los demás. Y cuesta despreciar a las legiones que se aferran a la religión como su única y última esperanza.

Esto se complica. Más aún, si tenemos en cuenta nuestra capacidad de adoración un tanto cretina. ¿Cuánto tardaríamos en elevar a los altares algún sucedáneo endiosado? Necesitamos otro sabio que nos ilumine. Porque quizás Dios no creó el universo, pero dudo de que sepamos vivir sin tener un Dios. Esto me lleva a pensar que tal vez seamos en el inconmensurable universo externo una civilización en pañales intentando pasar a la adolescencia. Creo en un Dios verdadero.

La indolencia política de la derecha panista en esta cuestión, sumada al miedo a provocar altercados en un día que parece apto para las expresiones más radicales, unido a la complacencia ideológica de la militancia yunquista hacia el independentismo de Calderón, ha permitido hasta la fecha la perpetuación de este despropósito. Además, pretender convertir al moderado AMLO en un precursor de la ruptura en México es ridículo, cuando es sabido que este conflicto dinástico fue esencialmente una guerra intestina entre unas tendencias centralizadoras y otras desenchufadas de la realidad con todas las promesas incumplidas del mentiroso mayor ,el tal Calderón Hinojosa.

Parece que este año habrá más mossos alrededor del monumento del Bicentenario, al objeto de impedir las tradicionales broncas e insultos a los políticos del PRI. Quizá así algunos, mientras depositan sus derrotas en la tierra, tendrán la calma suficiente para preguntarse cuál es la bandera que sigue. Ahí se ven.

 

Colaboradores

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Aquiles Medellín Silva
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