Independencia Consumada PDF Imprimir E-mail

Por: Lic. Edgardo Leyva

La guerra que inició el cura Hidalgo en Dolores el 15 de septiembre de 1810, no concluyó en septiembre de 1821 con la firma del Acta de Independencia del efímero Imperio Mexicano sino que la Independencia plena de México se consumó en 1824 cuando el Soberano Congreso Constituyente Mexicano elabora el Acta Constitutiva de la Federación, promulga la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos y elige al primer Presidente de la República.

Aunque el grito ¡Viva Fernando VII, muera el mal gobierno! se refería al rey invasor José Bonaparte y al aspirante legítimo al reino de España, en Guadalajara, Don Miguel Hidalgo y Costilla, Generalísimo de América, de manera indubitable demostró su voluntad de establecer un gobierno libre y soberano al decretar la abolición de la esclavitud, el fin de las gabelas y la devolución de tierras a los pueblos indígenas. Su espíritu de libertad quedó plasmado en las ediciones de “El Despertador Americano” y en sus Decretos de Guadalajara, como el del 6 de diciembre de 1810 que declaraba: “Desde el feliz momento en que la valerosa nación americana tomó las armas para sacudir el pesado yugo que por tres siglos la tenía oprimida...”, en referencia directa a los trescientos años de dominación española.

El Congreso de Anáhuac, el 14 de septiembre de 1813 en Chilpancingo, lo inicia José María Morelos con la exposición de “Los Sentimientos de la Nación”, documento en el que habría de basarse su Constitución: independencia de España o cualquier otra nación; soberanía del pueblo; tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El 6 de noviembre de 1813 se firma el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional que sentenciaba: “…rota para siempre jamás y disuelta la dependencia del trono español”. El 22 de octubre de 1814 en Apatzingán se promulga el Decreto Constitucional para la Libertad de América Mexicana.

Fernando VII, el Rey Felón de España, reestableció el absolutismo y olvidó la Constitución de Cádiz pero, en 1820, la rebelión de Rafael del Riego lo obliga a observarla de nuevo y llega, como Jefe Político Superior y Capitán General de la Colonia, no Virrey, Don Juan O’ Donojú. Matías Monteagudo y simpatizantes del absolutismo conspiran en La Profesa contra la Constitución de Cádiz que afecta gravemente sus privilegios y deciden que Agustín de Iturbide sea su campeón. Iturbide hace la paz con Vicente Guerrero, firma el Tratado de Córdoba con O’ Donojú, entra en México con el Ejército Trigarante y al día siguiente se firma el Acta de la Independencia del Imperio Mexicano nombrándose Primero en la Regencia del Imperio a Iturbide y Segundo a Juan O’ Donojú. Sin embargo y a pesar de que el “Imperio Mexicano” quedaba a disposición de la familia real española para gobernarlo Iturbide se autoproclamó emperador.

Unidos por el Plan de Casa Mata los insurgentes se levantaron en armas. Iturbide abdicó y abandonó el país y se depositó el Supremo Poder Ejecutivo en manos de un Triunvirato integrado por Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria. Se integró el Soberano Congreso Constituyente Mexicano que en el año de 1824 formula el Acta Constitutiva de la Federación (31 de enero), elabora la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos (sancionada el 4 de octubre)  y elige al primer Presidente de la República, Guadalupe Victoria, quien gobierna nuestro país hasta fines de marzo de 1829 marcando el fin de una larga guerra por la independencia nacional.  

 

Colaboradores

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