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Por: María Elena Estrello / SIP - Controvertida referencia de Hillary Clinton respecto a la situación del narcotráfico en México
Insurgentes. Así se denomina famosa estación del Sistema del Transporte Público Metropolitano en la Ciudad de México, localizada al centro de la avenida más larga de la capital del país. La parada del “metro” divide el Norte y el Sur del Distrito Federal y hace una pausa en la calle llamada de la misma manera: Insurgentes. Es pues, sitio emblemático, famoso, conocido y hoy ad hoc con el tema bicentenario. La palabra “insurgentes” hace recordar a los mexicanos de todos los estados de la República, a los “héroes que nos dieron Patria y Libertad”, como don Miguel Hidalgo y Costilla, el generalísimo José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, así como a doña Josefa Ortiz de Domínguez, por ejemplo. Sin embargo, hace unos días, el término adquirió connotaciones totalmente distintas, inesperadas, peyorativas, a raíz de recientes declaraciones de la Secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton en el sentido de que la situación actual en la nación mexicana es similar a la experimentada por Colombia a inicios de los noventa del siglo pasado. Clinton señaló en la sesión de preguntas y respuestas de una conferencia de prensa realizada en el Council of Foreign Relations de la Unión Americana que en México “…Enfrentamos la creciente amenaza de una red bien organizada, una amenaza del narcotráfico que, en algunos casos, se está transformando en, o haciendo causa común, con lo que nosotros consideraríamos una insurgencia en México y Centroamérica”. Luego, la funcionaria matizaría sin embargo, que “…los narcotraficantes controlan ciertas partes del país, pero no partes significativas” y recordó que en Colombia, “…fuerzas insurgentes llegaron a dominar 40 por ciento del país sudamericano”. No es creíble que Hillary Clinton sufriera una especie de síndrome Fox y que el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama, tuviera que salir a corregir lo que quiso decir la Secretaria (a la manera del vocero presidencial Rubén Aguilar Valenzuela del sexenio pasado), pues en los hechos, por un lado “se castiga” a México con la retención del 15 por ciento de los recursos de la Iniciativa Mérida en el año 2010 si los integrantes de la Policía Ministerial y el Ejército no actúan en apego a los tratados de derechos humanos signados por México ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y por el otro, se reconoce “la valentía” y “el compromiso” del Presidente Felipe Calderón Hinojosa en su denominada guerra contra el narcotráfico en México, la cual por cierto, fue rebautizada hace días como Guerra contra la Inseguridad. El doble discurso utilizado por las autoridades estadounidenses es lo que se lamenta en los ámbitos legislativos y de la defensa de los derechos humanos en México, pues ni Obama ni Clinton se han referido a la muerte de cientos de civiles mexicanos inocentes como consecuencia de la lucha contra el crimen organizado, o daños colaterales, como los denominan en el argot policíaco y militar. Reconocer a integrantes del narco como insurgentes (levantados, sublevados, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia), implica la reiteración por parte de las autoridades del país del Norte que México es un Estado fallido, con la consiguiente desorganización social propia de las sociedades sociológicamente enfermas, siguiendo al estudioso del siglo pasado Emile Durkheim. Además y muy importante, que en nuestra nación existen autoridades “erosionadas” en materia de toma de decisiones y donde prevalece la incapacidad del Estado mexicano para proporcionar servicios básicos a sus habitantes, además de la existencia de un monopolio en el uso legítimo de la fuerza debido a la escasa legitimidad de nuestro gobierno. Es claro que la Secretaria de Estado de EU, Hillary Clinton conoce el postulado de René Descartes señalado en su Discurso del Método el cual afirma: “No admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era”. El supuesto dislate o lapsus linguae de la experimentada política estadounidense aguanta un análisis freudiano y lacaniano, pues evidenció lo que persiste en el inconsciente de las autoridades norteamericanas. Lo alarmante del asunto de la “nueva insurgencia mexicana” la cual tiene todo menos ser patriota y nacionalista (en sentido positivo de la palabra), es que la tesis de Clinton parece ser apoyada por autoridades colombianas, las cuales en voz del Director de la Policía Antinarcóticos, César Pinzón, aseguraron (de acuerdo con la Agencia France Press), que los jefes de los cárteles mexicanos de la cocaína “…trabajan en estrecha cooperación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que les venden o “prestan” toneladas del alcaloide cuando quedan desabastecidas. Los grandes héroes nacionales, fusilados, descabezados y excomulgados en su momento, no sólo son hoy reducidos a marionetas y banalizados como objeto de adorno de carro alegórico, además comparten el mismo término usado para conceptualizar a los diferentes grupos integrantes del narcotráfico: insurgentes. No dejo de pensar cómo luciría el diseño que luciría la estación del Metro “Zetas” o “La Familia” en el centro de la República Mexicana.
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