Narcoterrorismo en México: de las cabezas rodantes al coche-bomba PDF Imprimir E-mail

Por: María Elena Estrello / SIP

  • 10 años para convertirse de sicario en paramilitar

No se trata de algún sitio del Medio Oriente en guerra. La noche festiva de pronto se torna roja y llorosa, incomprensible para los asistentes a la verbena popular de la Plaza Melchor Ocampo en Morelia, Michoacán, donde se lleva a cabo la ceremonia del Grito de Independencia. Luego del estallido de varias granadas de fragmentación la noche del 15 de septiembre de 2008, hay por lo menos 100 heridos y ocho personas muertas; se configura así el primer ataque directo de la delincuencia organizada contra civiles, es el parto nocturno del narcoterrorismo en México.

Antes de nacer, el maléfico engendro da muestras de poder: suman 17 las cabezas humanas cortadas que en 2006 aparecen sin sus cuerpos en diversos municipios michoacanos. La organización delictiva que se atribuye los crímenes es un grupo denominado “La Familia”, quien asegura “no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir, sépanlo toda la gente, esto es justicia divina”.

Causar miedo, terror, angustia y desesperación es el objetivo de tales actos. La idea de argumentar una limpia social no tiene cabida; la violencia contra la población civil se asemeja a prácticas fundamentalistas de terroristas del Islam, ETA y Líbano, importadas y utilizadas por los grupos delictivos de casi todo el país. El término “narcoterrorismo” es relativamente nuevo, no así la sucesión de actos de violencia realizados por narcotraficantes para infundir temor en la población mexicana así como exigir a las autoridades que paren su batalla contra los líderes. Esta es una labor mediática que ha ido in crescendo: inició con mensajes realizados en cartulinas colocadas en las cabezas o cuerpos de los contrarios, pintas en bardas, hasta la publicación de inserciones en dos diarios de Morelia. El clímax de tales actividades es el estallido reciente de un coche-bomba en Ciudad Juárez, Chihuahua: ocurrió en momentos tales que permitieran la difusión de los acontecimientos en horario triple AAA “para que se de cuenta todo el mundo”, según testimonio de “El 35” al explicar su modus operandi en materia de narcopintas.

Las bandas de criminales inician matándose entre ellos, luego actúan contra mandos policíacos y militares para finalmente atacar abiertamente a la sociedad.

Las cifras

De acuerdo con el gobierno federal mexicano, suman 28 mil las muertes producto de la “lucha contra el narcotráfico”, la cual inició en 2006 con el primer Operativo Conjunto. El Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, en el marco del Diálogo por la Seguridad, Evaluación y Fotalecimiento, celebrado hace días, aseguró que la violencia no tiene presencia generalizada en México, “sino en los estados donde confluye la incidencia de los diferentes grupos de delincuencia organizada”. Dijo que prácticamente la mitad de las entidades del país están por debajo de la media nacional en la comisión de homicidios dolosos.

Es importante recordar que en México no existe un movimiento armado reconocido como tal, por lo que el número de fallecidos se registra en territorio en ausencia de guerra.

Aproximadamente 37 millones de mexicanos padecen pobreza extrema, además, no existen suficientes programas de inversión en materia de salud, educación, vivienda y empleo, elementos que son de primera necesidad para cualquier ser humano. Por desgracia, en las entidades donde hoy impera la violencia, el gobierno ha desatendido esos renglones desde hace décadas, sin embargo, el narcotráfico ha invertido en alguno de tales aspectos para poseer una base social.

Por la buena o por la mala, el narco ha permeado en la sociedad. Referencia obligada es la situación de Colombia creada por el famoso Pablo Escobar Gaviria, quien obligaba a los habitantes más pobres de la costa de su país a participar en actividades ilegales bajo pena de muerte.

Diez años del Partido Acción Nacional en el poder y a sólo dos años que restan de la presente administración, le han bastado a ciertos criminales para convertirse de gatilleros comunes en paramilitares que utilizan armamento y equipo sofisticado de alta tecnología.

La lucha contra el narcotráfico no puede entenderse si ésta se efectúa desde la perspectiva de la aparente independencia de la actuación de los cárteles mexicanos en el ámbito internacional. El narcotráfico de ninguna manera significa un fenómeno doméstico, sino multinacional y es desde tal punto de vista debe ser solucionado.

Guerra de baja intensidad
La violencia de los grupos delictivos se concentra en zonas de confrontación entre cárteles en Chihuahua, Sinaloa y Durango, donde tiene presencia el Cártel de Juárez, el del Pacífico; en Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila los cárteles del Golfo y Los Zetas. En Michoacán tiene presencia La Familia y los Zetas; en Guerrero y Morelos, los Beltrán Leyva, siguiendo con la información dada a conocer por el Primer Mandatario de la nación. Sin embargo, en entidades como Guerrero, cierto sector de la población estudiantil señaló hace unos meses que debido a la inseguridad y violencia “viven una guerra de baja intensidad”.


¿Contranarcoestrategia?
De acuerdo con el Programa de Seguridad Nacional 2009-2012, el gobierno federal pretende “recuperar el control pleno en territorios endémicamente afectados por las actividades delictivas”. Pero ya antes, en el Plan Nacional de Desarrollo, señalaba como objetivo de política pública número ocho el de: “Recuperar la fortaleza del Estado y la seguridad en la convivencia social mediante el ataque frontal al narcotráfico y otras expresiones del crimen organizado”. Luego entonces, el diálogo del gobierno con la sociedad civil llega un poco tarde. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

 

Colaboradores

Alejandro Vizcarra Estrada
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María Elena Estrello
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