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Por: Héctor Castellanos Nuevo escenario político de nuestro estado. Paradójicamente para la sociedad se convierte en una oportunidad histórica para establecer nuevos esquemas de convivencia política, donde prevalezca la madurez de los actores, tanto los que ganaron como los que perdieron. El país en general se está quedando rezagado en el contexto de las naciones; nuestro país otrora líder, hoy es superado por países que se encontraban en un estadio de desarrollo inferior que México, como el caso de Brasil y Chile. Baja California, en el contexto nacional es privilegiada por su vecindad con la Unión Americana y con el estado que genera mayor riqueza en ese país, California. Muchos de nosotros hemos aprendido a tener una vida muy especial donde se conjugan las ventajas de uno y del otro lado, aunque también en ocasiones sufrimos las desventajas. El balance a todas luces es positivo y la vecindad se convierte en un ejemplo a seguir (y mucho) pues nuestra cultura se fundamenta en esta curiosa simbiosis socio-económica de esta región. La mayor interrogante es ¿por qué la diferencia en el desarrollo de un lado respecto al otro? La respuesta no está en la diferente capacidad de los habitantes; los mexicanos han demostrado ser competitivos en cualquier área del quehacer cotidiano, inclusive día a día muchos de nosotros contribuimos con el desarrollo del país vecino. La diferencia fundamental se encuentra en dos razones básicas: 1). El ejercicio de la autoridad y la planeación a largo plazo en su desarrollo urbano. Este se logra por una razón muy sencilla, práctica y determinante; 2) En los gobiernos vecinos a pesar de los cambios de dirigentes y de partido, prevalecen los equipos de trabajo especializados, que garantizan a la sociedad la continuidad de los planes de desarrollo. Es decir que los vecinos del Norte, no son como nosotros que inventamos cada tres años el Ayuntamiento de Tijuana y el gobernante en turno llega y “barre” con los antecesores y pone a gente improvisada, muchas veces por compromiso. Quien pierde es la sociedad tijuanense al volver a empezar y de aquí que aprenden los nuevos se acabó el trienio. Consecuencia: no se avanza ni se respeta un Plan de Desarrollo Integral a largo plazo, visualizado por lo menos a 25 años y con permanente evaluación para hacer las correcciones que la lógica evolución exige. Las nuevas autoridades tienen oportunidad de escoger al personal idóneo, capaz y honesto que (no importando compadrazgos, ni color de partido, por su experiencia), brinde continuidad a los programas. Asimismo, a quien no cumplió con su deber, que se le aplique el rigor de las leyes correspondientes. Ya es hora de que gane la sociedad y no un grupo de políticos que llegan no a servir, sino a servirse. Es necesario adquirir la cultura suficiente para distinguir los periodos de campaña política, del ejercicio de gobierno. Si queremos rescatar a México, a nuestro Estado y nuestra querida Tijuana, tenemos que pensar en el beneficio general de la población y no sólo en el beneficio de unos cuantos. La bandera que debe prevalecer sobre partidos, ideologías y creencias, es nuestra patria. Si hacemos bien nuestro trabajo, también se beneficia el Estado y la Nación mexicana.
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