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Por: Alejandro Vizcarra Estrada Me encuentro internado en Terapia Intensiva, cuarto piso del Hospital Fray Junípero Serra del ISSSTE. La realidad es que debería permanecer en el área de pacientes trasplantados, en proceso de recuperación. Dicho lugar fue designado hace años para el uso exclusivo de pacientes en mi estado. Ahí se han recuperado decenas de personas que padecieron la terrible enfermedad denominada Insuficiencia Renal Crónica Terminal (IRCT). Hay que destacar que un grupo de trasplantados, años antes, con la autorización y el apoyo del licenciado George Whebe, Delegado Regional del ISSSTE, se dieron a la tarea de remodelarlo. Incluso la habitación cuenta con televisión digital, control remoto y sistema de aire acondicionado individual. Todo para hacerle la estancia más placentera al paciente trasplantado y a los familiares o amigos que los cuiden. Benditos trasplantados que por gratitud llevaron a cabo tal labor. Así, en mi caso, como en muchos otros, no sufrimos aburrimiento por tener televisión para pasar el rato, más bien los días, que estuve internado. Debo explicar que el cuarto donde permanecen los pacientes recién trasplantados debe contar con la mayor higiene que se pueda imaginar. Porque, según mi escaso saber y entender, cuando una persona es trasplantada de algún órgano, sea riñón, corazón, hígado, etcétera, se le suministran medicinas muy costosas, la cuales se conocen como “medicamentos para evitar el rechazo”. Esto lo entiendo así: el cuerpo humano nunca aceptará ningún elemento que no sea el suyo propio, siempre procurará rechazarlo, expulsarlo, pues no le pertenece, sus células no reconocen el órgano extraño y lo evitará. Las defensas que uno posee en el cuerpo atacarán al elemento invasor (el riñón, en mi caso). Para ello, la ciencia ha descubierto medicamentos para evitar dicha situación, la principal función de éstos es equilibrar las defensas del cuerpo para que no ganen la batalla al “objeto invasor”. Si se perdiera la batalla, imaginen la consecuencia: órgano eliminado, lo que sigue es de sencilla deducción. Por tal motivo, los medicamentos que nos suministran a los trasplantados nos bajan un poco las defensas, particularmente las primeras semanas, en las cuales debemos ingerir dosis altas. Las defensas se debilitan y corremos el grave riesgo de adquirir cualquier enfermedad que circunde nuestro ambiente. Imaginen ustedes, una simple gripa puede ser mortal. Por ese motivo son necesarios los cuidados más extremos, rigurosos y estrictos a más no poder, así como higiene absoluta. El paciente debe permanecer dos o tres meses totalmente aislado, con alimentos muy sanos (frutas, verduras, no alimentos “chatarra”, ni grasas, ni sal, etcétera). Vale la pena el sacrificio, pues de otra manera corre uno el riesgo de perder lo mucho que ha ganado en el camino hacia recuperar la salud. Y todo porque años antes no atendí a tiempo las recomendaciones de los médicos, quienes me sugerían llevar una vida más tranquila, menos agitada. Pero ya lo dije antes, no hice caso. Cuando salí de Terapia Intensiva y me trasladaron a Terapia Intermedia, sin llevarme al cuarto de los trasplantados, pues dicho sitio estaba ocupado por dos enfermos a los que no correspondía utilizar la habitación. Incluso, uno de ellos padecía una enfermedad infecciosa. Alguna enfermera o médico tomó la determinación de que el cuarto en referencia lo ocuparan los enfermos mencionados sin tomar en cuenta la opinión de los cirujanos trasplantólogos, ni de la Coordinadora de Trasplantes de la propia Clínica del ISSSTE. Estos últimos personajes se molestaron bastante porque se ocupó el área de recuperación debido al riesgo que implica tener cualquier fuente de infección. Coordinación y galenos exigieron la devolución del cuarto, no sin antes mostrar su indignación ante los directivos del hospital. Finalmente, fui trasladado dos días después, luego de que el cuarto fuera cuidadosamente limpiado y desinfectado. Lo que sigue se los contaré en la próxima colaboración. Esto, si al ingeniero Bonilla, Marco Antonio Blásquez, José Carbajal y Gaby Valay no se han enfadado de lo que les platico, así como ustedes, mis ahora once lectores.
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