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Por: Aquiles Medellín Silva Los periodistas que siguen los pasos de Osuna Millán llevan tiempo quejándose de que el Gobernador del PAN no abre la boca. Dicen que les rehúye y, que si no puede evitar el encuentro con ellos, se escapa contando que ese día hace calor o que ha llovido mucho en La Rumorosa y en el Mar de Cortés están brotando lirios. Y más allá de las impresiones de nuestros colegas, lo cierto es que en las imágenes televisivas de esos no comment el líder de la derecha local sonríe pícaramente cuando le preguntan por el descalabro electoral reciente. Fue tal la golpiza y el chaparrón que aún no la creen los promotores de la patria ordenada y generosa (sic). No tienen cara para salir y hablar a los ciudadanos de la aventajada corrupción después de 21 años de gobiernos del “cambio”. Se podría ahondar en el significado de esa complacencia (¿es un desprecio de Guadalupe Osuna a la prensa?), pero lo cierto es que ninguna ley le obliga a hablar si no quiere. Osuna Millán está en su derecho de no hablar tras la peor debacle electoral de un dirigente del PAN acusado de callar y alejarse de los problemas de la gente, cuando la corrupción se alza imparable por más de 21 años, creyendo que, si habla de ello, se implica en el asunto, de alguna manera su silencio lo hace suyo, y que eso, bueno desde su óptica no le conviene (la peor derrota en la historia del PAN la obtuvo Guadalupe y sus seguidores). Otra cosa es que haya gente que deduzca complicidad de la derrota de ese silencio: pero, al parecer, los expertos del PAN están convencidos de que la corrupción no reduce sus posibilidades electorales y siguen preguntándose por qué los arrolló el tren ciudadano…Que por muy indignados que estén los panistas con hechos como el caso del diputado drogo, sus partidarios militantes ya no van a votar por el PAN. Van a transcurrir muchos años, tal vez tres generaciones. Los panistas cometieron pifias, errores garrafales, se alejaron de la población, y taparon ilícitos que empezarán a salir por las coladeras (contratos irregulares, enriquecimiento ilícito, cero información de la deuda estatal, el desgobierno y las finanzas de Elorduy, los González Reyes, familias enteras, gran cantidad de nóminas con parientes en los municipios...Todo va salir a la luz pública. Lo cual lleva a concluir que las quejas no van a servir para mucho y que lo previsible es que Osuna Millán siga hablando del clima cuando le planteen esas cuestiones. Distinta es su prudencia verbal en torno a la sentencia de los ciudadanos (Entienda Don Guadalupe, no fueron las clases medias quienes abandonaron al PAN, la derrota vino de ustedes mismos, de sus acciones, de la galopante corrupción), porque con ella sólo pretende no entorpecer la posibilidad de un entendimiento con los que llegan. Más inquietante es su locuacidad sobre los problemas económicos del Estado: porque no dice nada, más allá de generalidades vacías que pueden contentar a los más fieles fanáticos del PAN quienes todavía se la creen. Está claro que la única solución a la crisis de gobierno que propone el jefe del PAN local es que el PRI no vaya a sacar la sucia ropa después de 21 años de impunidad.
¿Usted que cree? En definitiva, que cada silencio responde a un imperativo táctico distinto. Pero la suma de todos ellos, unida a la imagen que Guadalupe Osuna, su jefe Calderón y el derrotado chiquillo Torres (Tijuana en positivo) han proyectado desde siempre, obliga a plantear la siguiente pregunta: después de la peor derrota, ¿tienen algo Osuna Millán y Calderón en la cabeza, aparte de un proyecto muy estructurado de cómo mantener su poder en el partido y de una estrategia no menos afinada para ganar las elecciones entre los votantes?...Porque eso que sale a vociferar Nava(lú), ganar elecciones con expriístas no le reditúa nada bueno.¿Acaso los expriístas se meterán en la ideología del PAN? ¿Quieren expriístas compartir nóminas con panistas? No lo creo, no olvidan origen. Tremenda realidad dicha aquí de manera sistemática: los panistas no saben gobernar. Lo que saben hacer son negocios desde el poder. Pero eso se acabó. Tal vez un destacado grupo de pillos dizque” empresarios” estrenarán condominio en el Hotel Cefereso del Hongo. Las teorías conspiratorias ya no son monopolio de paranoicos y maldicientes; desde hace unos años se han convertido en moneda común en el discurso político del PAN. ¿Qué se escondía tras la derrota electoral del 4 de julio? Una conjura de islamistas albiazules, servicios de inteligencia del rancho San Cristóbal, Yunque y algún dirigente despistado del PRD y los chuchos para desbancar al PAN del poder. ¿Y tras el caso Jefe Diego? Un complot orquestado por el gobierno para fabricar una falsa trama de corrupción que dañase a los de enfrente. Prueba de ello es que, mucho antes de que dimitiese alguno de los panistas del ocaso calderonista, el escándalo ya ha cobrado una cabeza política: la del español Juan Camilo Mouriño cuyo abominable accidente era haber ido de caza al 2012 donde el muy peninsular carecía de licencia para aspirar. Con el gentil concurso de sus pregoneros mediáticos, los panistas han desarrollado una envidiable habilidad para fabricar cortinas de humo tras la derrota. Con ellas encubren sus (presuntos $$$) pecados y aparecen ante su electorado como víctimas perseguidas por sus adversarios políticos de enfrente, al fin conminados a dar explicaciones. Y lo sorprendente es que la gente salió a votar , y lo hizo refutando a las encuestas (ejercicios de prestidigitación cada día más misteriosos) y, sobre todo, a ese “clima” (este sí propiciado por las maquinarias mediáticas del PAN local con todo y avioncitos vociferando mentiras en el aire semanero peninsular ).El retorno abrumador del Partido Revolucionario Institucional (PRI), parece que llega para aliviar las heridas de una nostalgia por un pasado que, en rigor, pocos recuerdan, y acaso por ello produce la sensación de un pasado que se llenará en el presente..Cierto, el PRI no obtuvo carro completo, fue trailer completo. Los que llegan no deben olvidar que la transparencia y la rendición de cuentas deben tener expresiones precisas normativas en lo estatal y municipal. Quedó claro que todos los partidos pierden cuando se encuentran divididos y que los gobernadores que manipulan elecciones no son invencibles (dura realidad señor Guadalupe). Finalmente se demuestra que se ganan elecciones con maquinaria electoral, programa que cohesiona, redes ciudadanas que movilizan el voto y vigilan los resultados y candidato que articula. Los gobiernos panistas construyeron la desigualdad social y se montaron en ella. Por eso la urgencia de “enfrentarla” en un combate a la pobreza sin que medien subsidios condicionados como hace el PAN en tiempos electorales. Puede decirse que hay que medir las necesidades del ciudadano olvidado erradicando sus problemas. Una sociedad no sólo atemorizada, también engañada, inerme ante la delincuencia, desprotegida por el Ejecutivo federal, iniciador de esta “guerra” contra el narcotráfico, pero también por el estatal, irritada ante la ineficacia y los programas de saliva dan la espalda en las urnas como acto mínimo de protesta y desacuerdo con el PAN local y federal. No señor Guadalupe Osuna, la clase media no abandonó al PAN y a usted; los ciudadanos castigaron las inmorales conductas de 21 años de corrupción y engaño. La legitimidad del sistema político y electoral es una de las más graves bajas de esta guerra perdida de Calderón y compañía… Ahora que algunos partidos políticos y altos cargos consideran que han hecho el ridículo por la polémica del amasiato electoral, sería el momento de que profundizasen un poco más en el análisis de sus formas que tanto desvirtúan sus fondos. No puede ser que el derrotado PAN se ayunte con el PRD y con candidatos salidos del PRI. Pero su contumacia en el error habitual les impide darse cuenta de sus pifias y perderán otra ocasión en 2011. Apelarán al momento preelectoral como en otro instante lo harían a la coyuntura. Y así se mantendrán hasta el límite en su irremisible tozudez de anteponer la táctica partidista a la estrategia nacional. No obstante, más allá del grotesco proceder a causa de la estética se mantiene activo el escenario de la ética y las buenas formas en los ciudadanos (ojo: no en los partidos políticos). Fue entonces cuando, con cierta chulería, desfachatez y provocación inmoral los del PAN se juntaron con una parte del PRD y entonces se desdibujaron. Sus responsables políticos y otros políticos en falsa defensa del honor de sus aborrecidas técnicas se descararon ante sus señorías intentado recortarles su derecho legítimo, por democrático, a preguntar. Y fue entonces cuando, por temor a no hurgar todavía más en las heridas abiertas, nuestra civilidad perdió la oportunidad de delimitar el ámbito del sentimiento democrático para que no condicionara el de la razón (uf). Y hacer ver a los agraviados ciudadanos que una cosa era su humana desazón, y otra, la obligación de inquirir respuestas claras de estos chocarreros. De aquellos polvos, estos lodos...Caso omiso. Ellos mismos (PAN/PRD) han infringido su sugerencia y permiten de nuevo que algunos de los convocantes les planten cara, les provoquen y les menosprecien en las urnas, obviando que tanto quienes lo hacen como quienes se lo consienten activan la desafección y ningunean al sistema. ¿Es eso admisible? ¿Tolerable? No debería serlo. Y es para rebelarse, especialmente si en paralelo los ciudadanos salimos a la calle con toda legitimidad a defender nuestros derechos y aspiraciones, nuestra esencia y voluntad en las urnas. Nuestra dignidad. Un político que no respeta a sus instituciones no se respeta a sí mismo. Una nación que margina su autoestima desvirtúa su aspiración. Señor Guadalupe Osuna, señor Ramos, ¿cómo vamos a reclamar en público aquello que malherimos en privado? ¿Con qué fuerza dialéctica invocaremos el respeto si sus actos van lastrados por falta de sentido institucional, defensa democrática y eficiencia pública? Son preguntas que buscan respuesta. Individual y colectiva. Y no vale escudarse en la patria ordenada y generosa que no pudieron construir en Baja California, porque, como todas sus expresiones, nada valieron el 4 de julio. Ni a la defensa del honor personal cuando es el de la patria la cual han mancillado. Claro que no es menos cierto que, para exigir un comportamiento semejante el ciudadano, debería tener delante a unos representantes capaces de superar la tentación de convertir una comisión en un circo mediático, corrupto e inmoral después de 21 años. Lo que en realidad han hecho fue derrotarse con sus actos. Mal que les pese o lo nieguen, ya se van.
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