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Por: René Mora / SIP El pasado 13 de julio, mientras el béisbol de las Ligas Mayores se preparaba para la celebración del Juego de las Estrellas en Anaheim, California, el Rey de los Deportes se vestía de luto, pues uno de sus hombres más importantes en los últimos 50 años, fallecía en las primeras horas de ese martes. El gran George Michael Steinbrenner murió a los 80 años de edad, dejando un gran legado a su familia, al béisbol y al deporte en general. Fue un hombre visionario, con carácter fuerte, pero una cosa si dejó en claro: ser un auténtico triunfador que llegó a convertir a los Yanquis en la mejor organización del juego del diamante. Cuenta la historia que Steinbrenner originalmente pensó en comprar a los Indios de Cleveland, pero al no poder lograrlo, sus ojos voltearon a Nueva York, donde se unió a un grupo para comprar a los Yanquis en 8.7 millones de dólares a una cadena de televisión propietaria hasta entonces de este legendario equipo. Su mano se comenzó a notar pronto, cuando firmó a Jim “Catfish” Hunter, a Rich Gossage y Reggie Jackson, quien sería denominado en esta organización como “Mr. Octubre”. El Gran Jefe abrió la chequera para firmar a importantes peloteros pagando millones de dólares en una época en que no se acostumbraba hacerlo. En 1981 firmó a David Winfield: le ofreció 22 millones de dólares por 10 años y la relación entre ambos, terminó muy mal. En su camino por el béisbol de las Grandes Ligas, siempre estuvo retando a los dueños de equipos a invertir para poder ganar, y ser grande y lo hizo a pesar de las críticas que recibía día a día por los sueldos que pagaba, porque todo aquel pelotero que tenía calidad, seguramente recibiría un premio grande de los Yanquis. Durante la gestión de Steinbrenner, los de Nueva York ganaron 11 banderines de la Liga Americana y obtuvieron siete Series Mundiales y de 8.7 millones de dólares que pagó por el equipo en 1973, hoy lo deja valuado en mil 700 millones de dólares. “El Gran Jefe” demostró que no era un dueño común dentro del béisbol; no era el clásico propietario que tiene un equipo porque sí. No, nunca fue así. Steinbrenner fue único en el rey de los deportes: no le importó despedir a Yogui Berra o a Billy Martín o si tenía que pagar para investigar a Winfield. Durante su época, hizo de los Yanquis una organización ganadora, la convirtió en un imperio. Nada ni nadie lo detuvo. Siempre contrató a los mejores. Revolucionó al béisbol y a sus dueños, los hizo invertir, los hizo gastar, pero siempre con un objetivo claro: ser los mejores. Fue asistente del técnico del equipo de futbol de la Universidad de Northwestern; Vicepresidente del Comité Olímpico de Estados Unidos y tenía una pasión enorme por los caballos, algunos de ellos llegaron a participar en el Kentucky Derby y aunque nunca lo ganó, se hizo presente. Su pasión por el deporte y por sus Yanquis, también le ocasionó otros problemas que lo alejaron del equipo, estuvo suspendido varias veces, en una de ellas, por dos años (investigación contra Winfield), en otra por declararse culpable de hacer contribuciones ilegales a políticos, pero como dice el dicho, “el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. Con la muerte de Steinbrenner, el béisbol perdió a uno de sus grandes hombres, de los que llegaron y dejaron huella, de esos que escribieron grandes páginas de oro en el libro de este bello deporte; nadador fuerte que fueran los vientos, así fue el “Gran Jefe” que seguramente en unos años más tendrá un lugar en el recinto de los inmortales. Lo merece.
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